¿Deberían los líderes cristianos leer libros no cristianos?

“Si pudiéramos vivir mil años y experimentar mil amistades y viajar a mil culturas, quizá entonces no necesitaríamos libros” —John Piper.

¿Qué es y no es un libro cristiano?

Un libro cristiano es escrito por uno o más cristianos que tienen el propósito de ayudarnos a comprender más profundamente la Palabra de Dios, para que podamos desempeñar piadosa y fielmente los dones y roles que el Señor nos otorga, y así crezcamos en nuestra semejanza a Cristo.

Un libro “no cristiano” no tiene la misma meta, pues no profundiza en la Biblia y no procura que el lector crezca en semejanza a Cristo. Entonces, ¿qué de bueno podemos obtener de ellos? ¿Qué trascendencia tiene la lectura de libros no cristianos? ¿Son dignos de nuestro tiempo? 

Responderé estas preguntas detalladamente visitando algunas de las áreas más populares de la lectura secular, pero primero es necesario que reflexionemos sobre por qué leemos, por qué escribimos, y cuáles son los principios vitales de la comunicación.

¿Por qué leemos y escribimos?

A excepción de la literatura, que no solo informa sino también deleita a los lectores por el uso exquisito y refinado de las palabras, la mayoría de las artes o ciencias que se valen del texto para difundirse tienen el propósito de informar. Se puede decir, entonces, que leemos para informarnos y escribimos para informar.

Hay cuatro principios vitales de la comunicación:[1]

  1. Identificación: Debes estar capacitado para identificarte con la persona a la que estás hablando. Si le pregunto a un estadounidense: “¿Cuántos goles hiciste en tu juego de baloncesto?”, él se sentirá confundido y me aclarará que en el baloncesto no se hacen goles sino puntos. Preguntaré luego: “¿Y quién es el arquero en tu equipo de béisbol?”, y él dirá: “Perdón, creo que no entiendes el béisbol”. Por más buena que sea mi intención, si no comprendo su realidad, no podré comunicarme eficientemente con él.
  2. Traducción: Si las personas hablan dos idiomas distintos, la comunicación se hace casi imposible. Lo que quieres comunicar debe entenderse en el idioma del otro.
  3. Persuasión: Lo que dices debe ser persuasivo para que puedas ser tomado en serio.
  4. Justificación: El mensajero debe mostrar por qué lo que está diciendo es verdadero y no falso.

Embajadores preparados

Los libros no cristianos nos capacitan para identificarnos con la mayor cantidad de personas, situaciones, y cosmovisiones.

Somos embajadores de Cristo, y se nos ha confiado el mensaje del evangelio para comunicarlo a las naciones y hacer discípulos (1 Ts. 2:4). Es muy importante que tengamos un claro entendimiento de estos cuatro principios vitales de la comunicación para que podamos ver el gran beneficio que se obtiene de la lectura de libros no cristianos. Obviamente hablo de aquellos libros que no perturben la mente o posean contenido que promueva la inmoralidad (Fil. 4:8).

Los libros no cristianos nos capacitan para identificarnos con la mayor cantidad de personas, situaciones, y cosmovisiones. Como diría el pastor John Piper: “Los libros no cristianos nos dan una dosis de realidad”.[2] Normalmente vivimos sumergidos en nuestras propias agendas, y no es sino hasta que viajamos o leemos un buen libro que pensamos: “Increíble, hay algo más en el mundo además de mi casa y mi oficina”. Cada libro que leamos nos mostrará una cosmovisión distinta a la nuestra, y nos ayudará a tener una visión más amplia. Podremos ver cómo nuestro prójimo, que no tiene a Cristo como su Señor, se relaciona con la alegría, el amor, la frustración, la vejez, la esperanza, la política, el odio, la muerte, las tragedias, las enfermedades, el terrorismo, la guerra, la soledad, la religión, etcétera. 

Tener esta visión más amplia nos sensibiliza y nos permite desarrollar compasión por la situación de los perdidos. Al tener una mayor identificación y sensibilidad, sabremos decidir cómo llegar con el evangelio a los no creyentes, considerando la circunstancia emocional o intelectual en la que viven. Emocionalmente nos podremos identificar un poco más con sus dolores y alegrías, e intelectualmente podremos entender por qué creen lo que creen. Así podremos llegar con el evangelio, hablando un mismo idioma (traducción), con la verdad bíblica (persuasión), apuntando directamente a las bases de su filosofía de vida (identificación), sean estas emocionales o intelectuales (justificación).

No leemos libros no cristianos para encontrar allí nuestra fuente de crecimiento espiritual, sino para recibir una dosis de la realidad que nos rodea.

Todo cristiano, y especialmente los líderes, deben estar preparados para presentar defensa ante todo el que les demande razón de la esperanza que tenemos en Cristo, haciéndolo con mansedumbre y reverencia (1 Pe. 3:15). Si bien es cierto que identificarnos y ser sensibles a la condición del no creyente nos ayudará a transmitir el mensaje del evangelio, el poder para la salvación no se encuentra en los libros no cristianos, ni en nuestra capacidad para entender la mente y el corazón humano, sino en el evangelio mismo (Ro. 1:16). La Escritura es suficiente y eso es innegable. Es suficiente para cumplir su propósito de salvar y guiar el caminar del creyente hacia la semejanza a Cristo. Entendemos que no leemos libros no cristianos para encontrar allí nuestra fuente de crecimiento espiritual, sino más bien para recibir una dosis de la realidad que nos rodea.

¿Qué puedo leer?

Calvino dijo: “Cuando nos encontramos con escritores seculares dotados, deberíamos dejar que esa luz admirable de verdad brillando en ellos nos enseñe que la mente del hombre, aunque caída y perversa, está vestida y adornada con los dones excelentes de Dios.”[3] A continuación hablaré de los beneficios que recibimos, y los cuidados que debemos tener en cuenta al acercarnos a algunas de las áreas más populares de la lectura secular.

1. Libros de historia

Un buen amigo mío me incentivó a leer historia. Me dijo: “Nuestra fe es una fe histórica. No nació ayer, por eso es importante saber cómo Dios ha obrado en la historia.” Leer sobre la historia de la Iglesia, al igual que leer de la historia universal, nos preparará para evitar cometer los mismos errores que otros han cometido. Cicerón dijo: “No saber lo que pasó antes de que nacieras es permanecer por siempre niño”. La historia del mundo es la historia de las criaturas de Dios y sus desventuras al alejarse de Él. 

2. Libros sobre liderazgo

Diariamente somos bombardeados de enseñanzas y modelos de liderazgo. Hay muchos libros no cristianos sobre liderazgo que parten del orgullo y los beneficios propios, pero hay otros que tienen principios muy buenos de tenacidad, prioridades, influencia, productividad, y fidelidad a los valores humanos. Leer sobre liderazgo no solo nos dará herramientas útiles, sino que, al filtrar lo aprendido con la Palabra de Dios, podremos comparar nuestras motivaciones y convicciones como líderes, no sea que estemos siguiendo un modelo mundano en vez del bíblico.

3. Libros biográficos

Normalmente las biografías se centran en personas que han impactado el mundo. Sean sus obras buenas o malas, podremos conocer la realidad de los hombres que actuaron con sabiduría o con necedad en distintas épocas de la historia (Pr. 14:15-17). Será útil aprender de sus victorias, derrotas, liderazgo, talentos, decisiones, y repercusiones. Desde los escritos de Plutarco hasta los de Eric Metaxas, el ejemplo de lo bueno y lo malo está presente, y no es algo que podamos ignorar sin pagar el precio. Si podemos aprender de las hormigas, ¿cuánta más atención deberíamos prestar a la misma humanidad? (Pr. 6:6-8).

4. Libros de productividad

Todos tenemos 24 horas al día, y tratamos de cumplir nuestras labores diarias organizándonos de la mejor manera. Hay personas que dedican su vida a estudiar cómo podemos hacer más en menos tiempo y seguir siendo eficientes. Nos proveen herramientas que nos ayudarán a administrar mejor nuestro tiempo, energías, y entusiasmo. Será muy bueno y provechoso prestar atención a sus estudios. 

Sin embargo, a la luz del evangelio, podremos ver cómo el mundo busca ser productivo para obtener gloria, fama, y dinero. Sus propósitos son erróneos, pero sus métodos, a veces, efectivos. Haremos bien en usar esos métodos de organización para la gloria de Dios. Toma la carne y deja los huesos.

5. Libros filosóficos

Actualmente estoy estudiando filosofía en el seminario. Los mismos libros que antes hicieron tambalear mi joven fe, ahora la fortalecen, ya que puedo ver cómo los hombres han buscado por siglos su propio origen y el significado de la vida sin poder encontrarlo en la felicidad, ni en los placeres, y ni siquiera en la amistad. Los escritos filosóficos nos muestran crudamente la depravación del hombre. Hacen evidente cómo los cielos contaron la gloria de Dios a los filósofos. 

Además, leer filosofía es importante para un líder puesto que le permite perfeccionarse en el arte de razonar con lógica, y enseñar con elocuencia y perspicacia. Los líderes se beneficiarán de conocer los razonamientos de Sócrates, Platón, y Aristóteles, para cuidar del engaño a otros creyentes, y especialmente a los jóvenes universitarios. Los líderes podrán analizar estos razonamientos a la luz de las Escrituras y agradecer que a Dios le plació mostrarle la verdad bíblica a lo vil de este mundo, y no a los sabios y entendidos (Mt. 11:25).

6. Libros sobre religiones y sectas

No todos están llamados a analizar el Corán, las enseñanzas de Buda, de Confucio, el Libro del mormón, o el Bhagavad gita, lo cual incluso puede ser peligroso. Sin embargo, el líder maduro podría beneficiarse si está en una ciudad o área donde encuentra individuos que profesan o predican estas religiones. Esta lectura nos evitará hablar de “goles en baloncesto” y de “arqueros en béisbol”, y podremos saber de qué manera guiar al evangelio a aquellos que creen esas religiones. 

Apologéticamente podremos remover obstáculos intelectuales para poder plantar la semilla de la Palabra en el corazón del religioso. Esto no garantiza que crea, ya que las personas que se niegan a servir a Cristo no lo hacen por que no entiendan que hay un Salvador, sino por que aman más las tinieblas que la luz (Jn. 3:19).

7. Libros de literatura

El vocabulario teológico es un vocabulario de concepción, no de percepción. Se debe ser claro y preciso. La literatura es todo lo contrario; estira el texto y selecciona exquisitas palabras que ayudan al oyente o lector a visualizar lo que el escritor tiene en mente. Cuán necesario es que los líderes pongamos más empeño en mostrar la belleza del evangelio, cazando y atesorando palabras que nos ayuden a mostrar un ápice más de esa luz que es más digna que la belleza de cualquier flor y más majestuosa que cualquier ciudad mitológica. La literatura incrementará esta capacidad.

8. Libros de ficción

Leer ficción nos ayudará a crecer como comunicadores al desarrollar nuestra creatividad.

Veamos el ejemplo del Señor Jesús, quien hablaba en parábolas y contaba excelentes historias. Su capacidad lingüística y creativa hacía que todos pudieran entenderle fácilmente. El pastor John MacArthur dice: “Jesús fue el maestro de la narración. No había una afirmación por familiar que fuera o una doctrina por compleja que fuera que Él no pudiera darle una nueva profundidad y sentido mediante la narración de una historia sencilla. Estas narrativas personifican la simple y poderosa profundidad de su mensaje y su estilo de enseñanza”.[4] Leer ficción nos ayudará a crecer como comunicadores al desarrollar nuestra creatividad. Podremos comunicarnos con historias ficticias y acertadas ilustraciones, con verdades profundas que nos permitirán llegar al corazón del hombre, tal como Natán lo hizo con David (2 S. 12:1-9).

9. Libros sobre política

La palabra política proviene del griego “polis”, que significa “ciudad”. No muchos cristianos son llamados a tener un puesto político como trabajo, pero todos los cristianos somos llamados a ser ciudadanos informados, responsables, y comprometidos con la mejoría de nuestra patria (Ro. 13). John Stott dijo: “Al fin y al cabo, solo hay dos posibles actitudes que los cristianos pueden adoptar hacia el mundo. Una es escapar, endurecer nuestros corazones contra los agonizantes gritos del mundo buscando ayuda, y la otra es involucrarse, dar una vuelta para mirar el mundo con compasión, ensuciar y lastimar nuestras manos en el servicio, y sentir en nuestro interior el amor incontenible y conmovedor de Dios”. Leer sobre política no solo es recomendable, sino que es una muestra de amor y respeto a la comunidad y a las autoridades. 

Conclusión

Todo lo que un líder aprenda, terminará afectando a la iglesia. No leas solo para conocer, sino también para servir y proteger a tus hermanos en la fe (1 Pe. 5:2-3). Que Dios use estos libros para forjar en nosotros el pensamiento profundo, la capacidad de análisis, y el discernimiento entre lo verdadero, lo casi verdadero, y lo explícitamente falso (He. 5:14). No te permitas tomar la sabiduría del mundo y mezclarla con lo bíblico, sino filtra todo con la Palabra y en oración (Ro. 12:2). La Palabra de Dios es viva y eficaz, más dulce que la miel y suficiente para preparar a un pastor para hacer la obra completa (2 Ti. 3:16-17, cp. 1 Co. 2:2). Entrega al Maestro de maestros una mente renovada y abundante en la Palabra (Col. 3:16). Como diría Spurgeon: “Visita muchos libros, pero vive en la Biblia”. 


[1] D. A. Carson, Telling the Truth: Evangelizing Postmoderns. Capitulo 2 “The touch of Truth”. Escrito for Ravi Zacharias

[2] Ask Pastor John. Episode 975: “Can christians benefit from books by nonbelievers?”.

[3] John Calvin, Institutes of the Christian Religion.

[4] John MacArthur, Parabolas, Introducción.


Imagen: Lightstock.
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