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Nota del editor: 

Esta es la segunda parte de un escrito anterior que puedes leer aquí.

Como comentamos en un artículo previo, la revelación general de Dios se ubica en la creación. Es extensa y eficaz, pero tiene sus límites: no revela el evangelio; es decir, las buenas noticias de salvación en Jesús no se perciben en las cosas hechas por Dios. Más bien, el evangelio se encuentra en lo que se suele llamar la revelación especial, la que es para el pueblo que Dios está creando para sí.

La Biblia es el registro fiel de tal revelación especial. A diferencia de la revelación general, el alcance de la revelación especial no es universal. Más bien, llega hasta donde la llevemos nosotros (Ro 10:14-ss.). Esta revelación es recibida en todo lugar donde la Biblia se lee y se predica. Sin embargo, hay algunas preguntas sobre ella que debemos conocer y responder para evitar confusiones sobre la naturaleza de esta revelación.

¿Por qué no todos creen en la revelación especial?

Las Escrituras son claras y poderosas, perfectamente capaces de transformar vidas (2 Ti 3:17, He 4:12). Si esto es así, ¿cómo es que no se convierten todas las personas que la leen?

Podríamos mencionar dos barreras que impiden la aceptación del mensaje bíblico:

  • Barrera moral. Aún comprendiendo el evangelio, muchos lo rechazan. Al ser humano pecaminoso no le gusta la idea de que no puede salvarse a sí mismo. Tristemente, muchos no quieren arrepentirse y someterse a la provisión de Dios para la salvación en Jesús. Hace falta que el Espíritu abra sus corazones para que puedan recibir el mensaje bíblico (1 Co 2:14; Hch 16:14).
  • Barrera intelectual. Algunos leen o escuchan muy poco de la Biblia, y no llegan a entender el evangelio. Nadie se convertirá por solo saber que “Jesús lloró” en una ocasión. Una persona tiene que conocer lo básico de la vida y obra de Jesús para poder confiar en Él.

No podemos conocer rectamente a Dios si no nos sometemos a su Palabra, estando dispuestos a seguirla adonde nos guíe

¿Por qué hay tantas interpretaciones sobre la revelación especial?

Los escépticos a veces dicen que la Biblia no debe ser tan clara y poderosa como los credos protestantes lo afirman porque hay desacuerdo entre creyentes sobre diversos aspectos de sus enseñanzas. ¿Cómo explicamos esta realidad? Nuevamente, podemos citar dos barreras que dificultan la correcta comprensión del texto bíblico: 

  • Barrera intelectual. La Biblia no nos dice nada si no la abrimos y leemos. Es más, el hecho de ser clara no significa que sea fácil ni que no requiera esfuerzo para entenderla en algunas partes. También pasa que cuando personas inteligentes y piadosas llegan a conclusiones diferentes en la teología, esto se debe, por lo menos en parte, a diferencias en cómo estudian la Biblia. No todos la estudian con la misma intensidad, de la misma manera, y no todos la conocen igual de bien. Esto produce discrepancias en la interpretación de asuntos secundarios.
  • Barrera moral. El pecado nos puede llevar a distorsionar el testimonio de la Biblia. Incluso después de la conversión, a veces preferimos nuestras propias especulaciones que las enseñanzas claras de la Palabra. Nuestros prejuicios pecaminosos a veces nos ciegan. 

Por lo tanto, debemos orar para que la gente tenga más interés en conocer la Biblia y se disponga a leerla. También debemos orar para que Dios nos ayude a los que creemos a hacer nuestra teología con fe. Debemos creer que la Biblia es nuestra máxima autoridad, no nuestro parecer. Debemos aplicar el refrán de varios de los grandes teólogos de la historia de la iglesia: “Creo para entender”.

No podemos conocer rectamente a Dios si no nos sometemos a su Palabra, estando dispuestos a seguirla adonde nos guíe. Como dice el teólogo John Frame, “conocemos a Dios no como dueños y amos del saber, sino como siervos fieles”. 

Esta verdad nos conduce a una última pregunta para cerrar hasta ahora nuestro estudio sobre la revelación general y especial de Dios.

¿Hay algún límite en lo que podemos conocer hoy de Dios?

Tenemos una abundancia de revelación, tanto en la creación como en la Biblia. Por ella conocemos al Dios verdadero. Por la obra del Espíritu recibimos esta revelación con fe y le conocemos como amigo (1 Co 2:10; Stg 2:23). No obstante, nuestro conocimiento de Dios tiene ciertos límites y debemos ser conscientes de ellos al hablar de la revelación especial.   

Los teólogos a veces dicen que Dios es incomprensible. ¿Qué significa? No significa que no podamos entender nada acerca de Él. Más bien, la idea es que no podemos tener conocimiento exhaustivo de Él. ¿Quién conoce a Dios por completo, tal y como Él es? Solo Dios se conoce a sí mismo de esta manera y, como no somos Dios, es lógico que nuestro conocimiento de Él sea limitado (Sal 145:3; Ro 11:33). Conocemos a Dios no como iguales a Él en todas las cosas, sino como sus criaturas.

Conocer a Dios no significa ser doctores en teología, sino amigos y alabadores de nuestro creador y redentor

Por otro lado, este conocimiento parcial es verdadero y suficiente para nuestras vidas. No tenemos que conocer a Dios exhaustivamente para confiar en Él, ni para alabarlo, ni para disfrutar de Él. Hay mucho que no entendemos del sol, pero tal desconocimiento no nos impide saber que existe y disfrutar de sus beneficios. Cuando tratas de abrazar a un árbol muy grande, no puedes abrazarlo del todo pero puedes estar seguro de que lo estás tocando. De igual forma, no podemos abrazar intelectualmente a nuestro Dios personal por completo, pero sí podemos conocerle, y estar seguros de que lo que conocemos de Él es verdad (Ro 1:21).

Conociendo a Dios personalmente

La abundancia y la eficacia de la revelación de Dios nos debe dar seguridad. Dios ha dejado mucha evidencia acerca de su existencia y su manera de obrar en el mundo. No quedamos solamente con probabilidades, sino con certezas. Sea por la revelación general o la especial, Dios habla claramente al ser humano.

Al mismo tiempo, debemos recordar que estamos tratando con una revelación personal. La revelación de Dios es una revelación de su persona (Jn. 17:3). Obviamente, hay doctrinas y proposiciones. El conocimiento de una persona tiene contenido (podemos explicar muchas cosas de nuestros familiares y amigos más cercanos). Pero no solo sabemos acerca de Dios, sino que le conocemos. En el fondo, para nosotros conocer a Dios no significa ser doctores en teología, sino amigos y adoradores de nuestro creador y redentor.

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