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Nota del editor: 

Este es el noveno artículo de la serie Diez hechos básicos sobre el canon del Nuevo Testamento que todo cristiano debe memorizar. Puedes leer el artículo anterior aquí

Cuando hablamos de hechos básicos que todos los cristianos deben saber sobre el canon, es importante que reconozcamos que el desarrollo del canon no siempre fue muy ordenado. No fue un proceso prístino y sin problemas donde todos estuvieron de acuerdo en todo desde el principio.

Por el contrario, la historia del canon es, en algunos puntos, bastante desordenada. Algunos cristianos recibieron libros que luego fueron rechazados y considerados apócrifos (esto se discutió en una publicación anterior). Más aún, a veces hubo desacuerdos incluso sobre algunos de los libros canónicos.

Por ejemplo, Orígenes menciona que algunos libros como 2 Pedro, 2-3 Juan, y Santiago fueron disputados por algunos en su día. Además, Dionisio de Alejandría nos dice que algunos pensaron que Apocalipsis no fue escrito por el apóstol Juan y, por lo tanto, debía ser rechazado.

Es importante recordar tales disputas y debates para guardarnos de concebir la historia del canon de una manera excesivamente perfecta. El canon no nos fue dado en tabletas de oro por un ángel del cielo (como se afirma para el Libro de Mormón). Dios, por sus propias razones providenciales, eligió entregar el canon a través de circunstancias históricas normales. Y las circunstancias históricas no siempre son suaves.

Sin embargo, lo que es desafortunado es que estos desacuerdos entre los cristianos a veces se usan como argumento en contra de la validez del canon de 27 libros que conocemos hoy. Los críticos afirman que tales desacuerdos ponen en tela de juicio todo el proyecto canónico. ¿Por qué deberíamos confiar en el resultado, se argumenta, si algunos cristianos no están de acuerdo?

Se deben considerar varios factores en respuesta a esto. Primero, no debemos pasar por alto el hecho de que estas disputas solo afectaron a unos cuantos libros. Los críticos a menudo presentan la historia del canon como si cada libro estuvo igualmente en disputa. Ese simplemente no es el caso. Como vimos en una publicación anterior, la gran mayoría de estos libros estaban en su lugar a fines del segundo siglo.

En segundo lugar, no debemos sobrestimar el alcance de estas disputas. Orígenes, por ejemplo, simplemente nos dice que estos libros fueron disputados por algunos. Sin embargo, en el caso de 2 Pedro, Orígenes es bastante claro de que él mismo lo acepta. Por lo tanto, no hay razones para pensar que la mayoría de los cristianos durante este período rechazaron estos libros. Por el contrario, parece que los padres de la iglesia, como Orígenes, simplemente estaban reconociendo el informe minoritario.

Tercero, también debemos recordar que la iglesia eventualmente alcanzó un consenso amplio, profundo, y duradero sobre estos libros que algunos disputaron. Después de que todo se había tranquilizado respecto a todas estas discusiones canónicas, la iglesia estuvo bastante unificada con relación a estos escritos. Por supuesto, los críticos dirán que esto es irrelevante y que no merece ninguna consideración. Para ellos, la cuestión decisiva es que los cristianos no estaban de acuerdo. Pero, ¿por qué deberíamos pensar que los desacuerdos entre los cristianos son significativos, mientras que la unidad entre los cristianos es insignificante? A este último se le debe dar la misma consideración que al primero.

Pero, aún después de ofrecer estas tres respuestas, debemos reconocer que todavía hay un problema más profundo en juego para aquellos que piensan que los desacuerdos entre los cristianos invalidan la veracidad del canon. Debajo de esta objeción hay una suposición clave (y tácita), a saber, que si Dios le hubiera dado a su iglesia un canon, no lo habría hecho de esta manera.

Dicho de otra manera, se supone que solo podemos creer que tenemos los escritos que Dios destinó tuviéramos si hay muy pocos (si es que hay) disidentes y si hay un acuerdo prácticamente inmediato y universal sobre los 27 libros. Pero, ¿de dónde viene esta suposición? ¿Y por qué deberíamos pensar que es verdad? 

Hay muchas razones para pensar que esta suposición es falsa. Por un lado, ¿cómo sabe el crítico cómo Dios daría los libros canónicos? Esta es una afirmación teológica acerca de cómo trabaja Dios y qué haría (o no haría). Pero, ¿cómo sabe el crítico lo que Dios haría o no haría? ¿A qué fuente está apelando? ¡Sin duda, no al Nuevo Testamento ya que es la fuente misma que se critica!

Pero, más aún, tenemos buenas razones para pensar que cierta disputa entre cristianos sería inevitable. Solo la realidad práctica de dar libros en tiempo y espacio reales, en circunstancias históricas reales, repartidos entre diferentes autores, en diferentes continentes y en diferentes momentos, naturalmente crearía disputas en algunos lugares.

Cada vez que alguien muestra angustia por estos primeros desacuerdos canónicos, a menudo hago una simple pregunta: “¿Cómo esperabas que fuera el proceso?” Es en ese momento que las personas a menudo se dan cuenta de que tienen una expectativas demasiado prístina acerca de cómo Dios entregaría sus libros, una expectativa que es completamente personal y no derivada de las Escrituras o de la historia.

Todo esto nos recuerda que Dios a veces usa procesos históricos normales para lograr sus propósitos. Y esos procesos históricos no siempre son claros y ordenados. Pero, esto no debería restarle importancia a la realidad de que los propósitos siguen siendo de Dios.


Publicado originalmente en el blog de Michael J. Kruger. Traducido por Equipo Coalición.
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