5 razones para practicar el cuidado mutuo en el matrimonio

Nunca he conocido a alguien que diga “allá va mi ex-mamá”, o “él es mi ex-primo”. Pero muchas veces he escuchado a alguien decir, “allí está mi ex-cónyuge”.

De todas las relaciones que podemos desarrollar, la relación matrimonial es la que demanda más cuidado, puesto que corre el riesgo de perderse. El matrimonio es una de las relaciones más preciosas, pero no es barata. Necesitamos ser orientados sobre la importancia de invertir en ella.

Cuidándonos a nosotros mismos.

El apóstol Pablo escribió a Timoteo, y por tanto a nosotros, “Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza. Persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan” (1 Tim. 4:16).

Allí, el apóstol habla sobre la importancia de cuidar lo que creemos. Pero eso no es lo único que señala. Con la misma intensidad con que dice “cuida la enseñanza”, también dice “cuídate a ti mismo”.

La doctrina es buena, pero no es todo lo que debemos cuidar. Es un error cuidar solo lo que creemos y no cómo vivimos.

Por eso, cuando hablamos de cuidarnos en el matrimonio, hablamos de permitir a alguien hacernos preguntas penetrantes para desafiarnos a crecer.

Dios nos ha hecho un llamado y nos ha dado dones. Lo mejor que podemos hacer es usar esos dones para el propósito para el cual Dios nos creó. Y cuidarnos mutuamente es ayudarnos a cumplir con ese propósito; es permitir que alguien nos ayude en el deber de cuidar nuestra propia alma.

El cuidado mutuo se trata de abrir paso a una comunión especial para compartir la fe; se trata de trabajar juntos para ser acercados a Dios. Cuidarnos es apoyarnos en responder al poder de la fe. Como dice Filemón 1:6, “Ruego que la comunión de tu fe llegue a ser eficaz por el conocimiento de todo lo bueno que hay en ustedes mediante Cristo”. Eso es lo que buscamos. El mejor cuidado mutuo es ayudarnos a que la participación de nuestra fe sea eficaz y produzca frutos en nuestras vidas.

Aquí hay cinco razones para cuidarnos así en el matrimonio.

1. Somos llamados a ser hacedores de la Palabra.

En Santiago 1:21-22, leemos: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y todo resto de malicia, reciban ustedes con humildad la palabra implantada, que es poderosa para salvar sus almas. Sean hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos”.

No todo en la vida cristiana es desechar la malicia y recibir la Palabra. Necesitamos ser hacedores de la Palabra, y por eso importa cuidarnos. El conocimiento separado de la obediencia puede ser engañoso.

A veces nos llenamos de conocimiento y lo que se genera es un monstruo: la cabeza grande, pero el corazón pequeño. Por tanto, debemos hacer una prioridad de la práctica de la verdad.

Entonces, ¿por qué cuidarnos? Porque no queremos quedarnos solo con conocer la Palabra, sino que queremos obedecerla.

2. Si nos negamos a supervisar nuestras vidas, habrá consecuencias.

Si nos negamos a cumplir el mandato de 1 Timoteo 4:16, vendrán consecuencias negativas sobre nosotros y nuestras familias.

Por eso, la Palabra enseña: “El camino del necio es recto a sus propios ojos, Pero el que escucha consejos es sabio” (Prov. 12:15). Muchas veces creemos que estamos bien en nuestro andar espiritual, cuando en realidad no es así.

El carácter de un creyente debe ser maduro. Estamos en un proceso de crecer en santidad. Dios nos recibe tal y como somos, pero nos ama demasiado para dejarnos así. Es vital que supervisemos nuestras vidas, y el matrimonio es un excelente contexto para esto.

3. La guerra entre la carne y el Espíritu nunca termina.

Algunas personas dicen que todos sus problemas se resolvieron cuando llegaron a Jesús. Pero si en verdad llegaron a la fe, si bien el problema principal está resuelto (nuestra condición de pecadores delante de Dios), ahora vendrá una nueva serie de problemas que nunca imaginamos.

Cuando crees en Jesús, empiezan muchos problemas para ti. Antes hacías lo que querías y no tenías ninguna lucha al respecto, pero ahora tienes el Espíritu. Entonces, cuando haces algo que no agrada a Dios, hay una pelea en tu interior.

Como leemos en Gálatas 5:16-17, “Digo, pues: anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que ustedes no pueden hacer lo que deseen”.

Necesitamos cuidarnos porque hay una guerra en la que necesitamos avanzar.

4. No podemos pelear esta guerra solos.

La vida cristiana no es para Rambo o para el llanero solitario. La santidad es un proyecto de comunidad.

Hebreos 3:12-13 nos enseña: “Tengan cuidado, hermanos, no sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo. Antes, exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: ‘Hoy;’ no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado”.

Necesitamos de otras personas si queremos avanzar en nuestro crecimiento. Y si esto es verdad, entonces el siguiente punto es evidente.

5. Nuestro cónyuge en nuestro mejor socio en esta meta.

No hay nadie en el mundo más adecuado que tu esposo o esposa para ayudarte en tu caminar espiritual. Dios nos ha dado, en nuestro cónyuge, a alguien lo suficientemente cercano para ayudarnos.

Eclesiastés 4:9-11 es palpable de manera especial en el matrimonio:

“Más valen dos que uno solo,
Pues tienen mejor pago por su trabajo.
Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero;
Pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante!
Además, si dos se acuestan juntos se mantienen calientes,
Pero uno solo ¿cómo se calentará?”.

Anteriormente he enseñado que el fundamento del matrimonio cristiano es experimentar la unidad especial que Dios crea por medio de su Espíritu, donde los cónyuges desarrollan una relación espiritual que incluye crecimiento espiritual e intimidad espiritual.

La intimidad espiritual es el sentimiento de cercanía que se percibe entre los cónyuges cuando comparten su crecimiento espiritual; cuando comparten lo que Dios ha hecho y hace en sus vidas. Y ese es el mayor regalo que cada parte de la relación puede dar a su pareja. Necesitamos eso en nuestros matrimonios si queremos avanzar hacia la meta que el Señor tiene para nosotros. Por eso buscamos practicar el cuidado mutuo en la vida matrimonial.


Imagen: Lightstock.
Compartir
CARGAR MÁS
Cargando