Siervos para Su gloria

Tuve mi “crisis del cuarto de siglo” un poco antes de lo esperado, a los 23 años. Pasaba horas tirada en mi cama viendo a la nada y lamentándome por lo poco que había logrado en mi vida. Estaba paralizada por el miedo más grande de mi generación: morir y ser olvidada.

Me costaba comprender que el propósito de Dios para mí no luce como la mayoría de las personas creen que debe lucir. Lo que el Señor espera de sus hijos va mucho más allá de “sueños grandes para Dios”; Él quiere transformar nuestro interior. De eso se trata Siervos para Su gloria.

Siervos para Su gloria
Miguel Núñez
B&H Español. 288 pp. US$7.55.

Ser antes de hacer

Para poder hacer lo que Dios quiere que hagamos, tenemos que ser quienes Dios quiere que seamos. A lo largo de 14 capítulos, el pastor Miguel Núñez nos confronta con la realidad de que antes de ser usados necesitamos ser transformados, exponiendo las características principales de los siervos que Dios busca. “La comunidad de la vasija y la toalla”, como él los llama.

Me sorprendí al encontrarme con Eclesiastés 3:1 en la contraportada: “Hay un tiempo señalado para todo…”. ¿No había algún otro verso más adecuado acerca del servicio a Dios? Todo se aclaró tras unas cuantas páginas: “La impaciencia siempre ha caracterizado al ser humano y, mientras Dios nunca parece estar deprisa, nosotros no queremos detenernos” (p. 12). El problema no es que no sepamos que Dios quiere transformarnos antes de usarnos, el problema es que no queremos esperar a que lo haga.

No se me ocurre una mejor persona para haber escrito este libro que el pastor Miguel. Su vida y ministerio son ejemplos de integridad cocinada a fuego lento. Su influencia ha crecido exponencialmente en los últimos años, pero es fruto de décadas de fidelidad en lo poco. Como todo el que ha trabajado de cerca con él puede atestiguar, lo que Núñez ha puesto en el papel lo ha puesto primero en práctica.

Para poder hacer lo que Dios quiere que hagamos, tenemos que ser quienes Dios quiere que seamos.

El verdadero siervo

Pocos conceptos han sido distorsionados en Latinoamérica como el de “siervo de Dios”. Ese título parece reservado para unos cuantos ungidos que alcanzan multitudes con su influencia. Aspiramos a ser como ellos, así que nos ponemos a trabajar: empezamos a servir en nuestras comunidades con la esperanza de “hacer grandes cosas para Dios”. Disfrazamos de piedad nuestra búsqueda de logros. Vivimos para nuestra propia gloria mientras predicamos que la gloria es de Dios.

Siervos para Su gloria destruye nuestros conceptos de lo que significa ser un siervo. En el capítulo 8 encontramos el corazón de todo el libro: “El siervo que encuentra su valor en las cosas de este mundo temporal no puede servir para la gloria de Dios. Los siervos para Su gloria tienen una sola preocupación: de qué manera lo que hacen refleja el carácter de su amo. […] Un siervo para Su gloria está satisfecho en Dios” (pp. 145, 147). No se trata de lo que haces, de lo que logras; se trata de quién eres en el lugar que estás ahora.

Cristo es quien nos muestra cómo luce un verdadero siervo. Mientras “muchos estamos tratando de hacer algo que nos convenza de que nuestra vida cuenta” (p. 7), Jesús nos demostró que lo mejor que podemos hacer con nuestras vidas es entregarlas.

“Jesús entendió que la manera de glorificar al Padre como siervo era descendiendo a rescatar a una humanidad cuya redención reflejaría la gloria de la gracia de nuestro Dios” (p. 147).

Nuñez nos hace ver que, aunque queremos vivir bien, nos equivocamos en lo que eso significa. Solemos pensar que vivir bien es tener ciertas cosas y cumplir ciertas metas, pero la realidad es que las vidas bien vividas pueden ser cortas o largas, con muchas o pocas posesiones, con muchos o pocos logros, con influencia grande o limitada… lo que las vidas bien vividas tienen en común es que son vidas “para la gloria del Creador” (p. 99).

Todo lo anterior va completamente en contra de la naturaleza humana. Lo que buscamos siempre es lo nuestro. Para poder siquiera desear vivir para la gloria de Dios, Él necesita primero darnos un nuevo corazón. Una vez que hemos nacido de nuevo, el Señor continúa su obra haciéndonos cada vez más a su imagen a través de su Palabra (Fil. 1:6; 2 Cor. 3:18). Y, aunque no nos gusta esperar, eso toma tiempo.

“Tendemos a servir lo antes posible, pues prestar un servicio nos hace sentir útiles. Lamentablemente, servir antes de estar listo no solo nos puede llevar al error, sino también a la deformación del carácter cuando nos enorgullecemos. […] No siempre estamos listos para prestar el servicio que queremos hacer” (pp. 12-13).

Vemos esto por todos lados. Líderes cada vez más jóvenes cuyo carácter no ha sido probado, invirtiendo más tiempo en logros que en su ser interior. La impaciencia por alcanzar sus metas lo antes posible pone en riesgo su integridad y la de aquellos quienes lideran. Como escribe el pastor Miguel, “si alguien no está listo para dirigir su propio mundo, mucho menos lo estará para dirigir el mundo de otros” (p. 14).

Ser conscientes y sinceros sobre nuestra inmadurez es honrar a Dios y a nuestro prójimo. Incluso en las tareas aparentemente pequeñas, Dios demanda integridad (Hch. 6:1-4). Si no nos ocupamos en nuestra transformación interior, el tiempo revelará las grietas de nuestro carácter. Esperar no es no hacer nada; más bien, muchas veces esperar es lo mejor que podemos hacer.

“Muchos tienen información (conocimiento), pero no saben cómo aplicarlo (sabiduría). Por tanto, no hay consistencia en su caminar (convicción). Como consecuencia, nunca exhiben la imagen de Cristo, ni siquiera parcialmente (carácter), que es la manera natural de vivir (hábitos)” (p. 68).

Conclusión

Siervos para Su gloria termina de manera abrupta. No te dirá en qué momento ya “eres” y puedes empezar a “hacer”. Y es que en esta vida nuestra búsqueda de ser como Cristo jamás acabará. Cuando nos comprometemos a vivir cada paso como siervos para Su gloria, el hacer fluirá con naturalidad, conforme a Su voluntad y no a nuestras ambiciones egoístas. Así podremos descansar. No hay crisis cuando sabemos que andamos según el propósito de Aquel que tiene el universo en sus manos.

Cualquiera que se diga cristiano afirmará que desea vivir para la gloria de Dios. ¿Qué tal si Él quiere ser glorificado en una vida de completo rechazo y “derrota”? Jesús murió desnudo en una cruz a los 33 años, sin haber escrito un libro ni tenido una gran plataforma internacional. Él ha sido el único siervo que vivió perfectamente para la gloria de Dios. ¿Estás dispuesto a tomar tu cruz y seguirle?

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