La lectura sobrenatural de la Biblia

De acuerdo con el Guinness World Records, la Biblia es el libro más vendido y distribuido alrededor del mundo. Sin duda, millones de personas a lo largo de la historia han leído las páginas de las Sagradas Escrituras, pero ¿fue realmente el plan de Dios dejarnos un libro que rompiera récords de ventas? ¿Cuál es el propósito de leer la Biblia? ¿Y cómo es que podemos sacar mayor provecho de su lectura? 

En La lectura sobrenatural de la Biblia, John Piper se encarga de llevarnos de la mano y motivarnos a apreciar las Escrituras por lo que realmente son: un tesoro por medio del cual somos hechos nuevas criaturas (Stg. 1:18; 1 Pe. 1:23). Me parece muy interesante la manera en que Piper lo resume. Él dice: “Dios planeó que la Biblia, es decir la lectura de ella, sea un medio indispensable para lograr el propósito final de la creación y la redención” (p. 177). Me parece bien que mencione lo indispensable que es la lectura de la Biblia para comprender nuestro propósito como creación y conocer el camino de la redención. Esto, sin duda, realza el valor de la Escritura y la coloca en la posición principal, dejando a un lado teorías filosóficas y creencias humanas.

Es así que, partiendo de la importancia que el autor le da a la Biblia, el libro se divide en 3 partes: (1) El objetivo supremo de leer la Biblia, (2) El acto sobrenatural de leer la Biblia, y (3) El acto natural de leer la Biblia sobrenaturalmente. Desde un inicio podemos apreciar que la intención del autor es clara. Antes que cualquier otra cosa, necesita dejar claro en la mente del lector que la lectura de la Biblia es vital para el hombre. Además, el autor expone que la comprensión de la Escritura requiere de una ayuda sobrenatural que obra mediante la disciplina y atención del individuo. En otras palabras, para Piper, en la lectura de la Palabra hay tres factores que entran juego: la Biblia, Dios, y el hombre.

La lectura sobrenatural de la Biblia
John Piper
Portavoz. 416 pp.

Parte 1: El objetivo supremo de leer la Biblia

¿Según la Biblia, cuál es el objetivo supremo de leer la Biblia?

De acuerdo con Piper, “la Biblia misma muestra que nuestro objetivo supremo en su lectura es que el valor infinito de Dios y su belleza sean exaltados en la eterna y ferviente adoración de la esposa de Cristo, comprada con su sangre, de cada pueblo, idioma, tribu y nación” (p. 37). ¡Qué maravillosa realidad! Desde un inicio el autor coloca al hombre en la posición correcta dentro del plan de Dios. No hay otra realidad. Nuestro propósito es exaltar y adorar a Dios con todo lo que somos.

Piper alude al testimonio de Pablo en Efesios 3:4 para argumentar que las riquezas de la gloria de Dios se perciben a través de la lectura de la Palabra de Dios (p. 69). Es decir, es imposible contemplar la luz del evangelio de la gloria de Cristo alejados de un estudio de las Escrituras, que son las que dan testimonio de Él (2 Co. 4:4-6). Cristo es el fundamento de las Escrituras por lo que no hay manera de separar la palabra escrita de la Palabra encarnada (Jn. 1:14). 

Me encanta la manera en que Piper sistematiza verdades bíblicas y su relación con la vida práctica. Por ejemplo, él afirma una gran verdad: fuera de Dios es imposible llegar a conocer la vida porque (pp. 86-87):

  1. Dios es el origen y fundamento de todas las cosas (Ro. 11:36, Heb. 2:10, 1 Cr. 29:14, Ap. 4:11).
  2. Dios es dueño de todas las cosas (Sal. 89:11, 24:1).
  3. Dios sustenta todas las cosas (Heb. 1:3, Col. 1:17, Hch. 17:28).
  4. Dios diseña el propósito de todas las cosas (Pr. 16:4).
  5. Dios gobierna todas las cosas según su voluntad (Ef. 1:11, Sal. 119:91).
  6. El propósito de Dios en la creación es hacer todas las cosas nuevas (Ap. 21:5).
  7. Dios designó a su Hijo heredero de todas las cosas (Heb. 1:2).
  8. Dios es el fin y la meta de todas las cosas (Heb. 2:10, Ro. 11:36).

Parte 2: El acto sobrenatural de leer la Biblia

Pues bien, ¿cómo debemos acercarnos a leer la Biblia? ¿Cómo sacamos el mayor provecho de ella? Para muchos hoy la Biblia está llena de historias que pueden traer cierto aprendizaje moral, pero no más que eso.

Al introducir la segunda parte de su libro, Piper alude a la historia para afirmar cómo la oración y la dependencia en Dios permitió que la Biblia jugara un papel importante en la vida de grandes cristianos en el pasado. Él afirma: “grandes hombres de Dios como Owen, Spurgeon y Müller no estaban satisfechos con ‘meras nociones’ acerca de la gloria de Cristo. Ellos leían sus Biblia no solo para ver sino para saborear” (p. 99). Su lectura de la Biblia no era meramente para obtener conocimiento, sino para traer a sus vidas un alimento sólido que les permitiera crecer en su comunión con Dios. Su dependencia en Dios les permitía apreciar las Escrituras como ese tesoro que necesitaban. De manera similar, el salmista nos dice en el Salmo 119:103 que en las Escrituras encontramos una dulzura especial que deleita nuestro paladar. Piper lo dice de la siguiente manera: “El cristiano no podrá encontrar plenitud y felicidad fuera de las Escrituras ya que en ellas es donde podrá encontrar el oro de la gloria de Dios y así podrá saborear cada cosa que se ve con un mayor placer en el alma que la miel en los labios” (p. 131).

Es indispensable que nuestro hábito de lectura de la Biblia se encuentre fundado en una dependencia absoluta de Dios (p. 181). Desgraciadamente debemos aceptar que podemos llegar a leer la Biblia de tapa a tapa sin realmente percibir la voz de Dios tal y como les sucedió a los fariseos (Jn. 5:37). Estos hombres religiosos de su época eran muy dotados en la memorización y conocimiento de las Escrituras pero, lejos de deleitarse en las verdades de Dios, ellos simplemente la utilizaban como herramienta para condenar a otros y justificarse a sí mismos. Con respecto a este peligro, Piper afirma que “cuando leemos la Biblia para satisfacer curiosidades históricas, reunir argumentos doctrinales o estimular gustos literarios estamos siguiendo el camino equivocado que solo traerá consecuencias dañinas a nuestra vida espiritual” (p. 183). 

Esta sección se puede resumir como una petición de Piper para que, lejos de caer en una lectura rutinaria y tediosa, seamos sencillos y roguemos que sea el Espíritu quien nos abra el entendimiento para comprender las Escrituras (Lc. 24:44-45). No hay otra manera de comprender la Biblia. El elemento sobrenatural es indispensable y este solo aparece mediante la ayuda del Espíritu, quien nos guía a toda verdad (Jn 16:13).

Parte 3: El acto natural de leer la Biblia sobrenaturalmente

Finalmente, tenemos el acto natural de leer la Biblia sobrenaturalmente. De la misma manera en que un atleta de alto rendimiento requiere disciplinar su cuerpo, el cristiano debe ejercitarse en la lectura de las Sagradas Escrituras. Piper argumenta que para el cristiano existe una disciplina de una alta exigencia ya que la Biblia fomenta el uso más completo de nuestro cuerpo, voluntad, y razón en el acto sobrenatural de leer las Escrituras (p. 241). Es decir, la Biblia en sí nos presenta las verdades de Dios las cuales requieren de la ayuda y dependencia de Dios para ser entendidas, pero el hombre debe mantener una disciplina de lectura.

Piper afirma que una actitud humilde es la que nos permite llegar de manera correcta ante la Biblia, ¿y cómo podemos ser humildes? El autor enumera los siguientes 5 pasos:

  1. Reconocer que sin Cristo no puedo hacer nada (Jn. 15:5).
  2. Orar pidiendo la ayuda de Dios (Mt. 7:7).
  3. Confiar en una promesa específica de Dios que está hecha a la medida de mi situación (Is. 55:11).
  4. Actuar en obediencia a la Palabra de Dios (1 Co. 3:6-7).
  5. Dar gracias a Dios por todo lo bueno que viene (Ef. 5:20).

Spurgeon dijo: “Solo leer es improductivo; orar sin leer no es tan enriquecedor; pero cuando los dos corren juntos, son como dos caballos que tiran de un carruaje y avanzan alegremente” (p. 261). La oración juega un papel importante y Piper refuerza este punto al añadir lo siguiente: “es de suma importancia que nuestra oración venga llena de ruego por nuevos deseos, ojos abiertos, corazones unidos, almas satisfechas y una vida de amor” (p. 274).

Conclusión

La lectura sobrenatural de la Biblia es sin duda una joya que debe estar en toda biblioteca personal. Es una obra altamente recomendable. Si bien sus más de 300 páginas pueden resultar en todo un reto de lectura para algunas personas, el contenido es de mucho valor. John Piper ha hecho una gran labor al ofrecer esta obra a la iglesia de nuestros días y mediante esta recordarnos lo importante que es la Biblia en la vida del cristiano.

La Biblia no se trata de un libro más. Su comprensión no requiere de una alta dosis de intelectualidad. Si bien existe un elemento sobrenatural donde es Dios quien nos permite apreciar su Palabra, también existe un elemento natural donde nosotros dedicamos el tiempo y esfuerzo para sumergirnos en la verdad (Sal. 1:2; 119:18, 97).

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