Adiós a mí

¿Conoces la humillación? Si eres un verdadero cristiano, deberías. De hecho, no solo deberías conocerla, también deberías abrazarla.

“Bueno me es haber sido humillado, Para que aprenda tus estatutos”, Salmo 119:71

Este versículo es definitivamente uno de mis favoritos, porque resume la actitud del corazón de una persona que anhela entregarse entéramente a Dios, pero que está plenamente consciente de las debilidades de su carne. No parece coherente que las palabras “bueno” y “humillado” estén juntas en una oración. Para el mundo será una locura. Pero alguien redimido por Dios lo entiende perfectamente.

Adiós a mí: Una historia de vida o muerte
Damaris Carbaugh
B&H Publishing Group. 117 pp. US$8.99.

¿Qué significa ganar o perder?
Adiós a mí es la dolorosa historia de una despedida, contada, sin embargo, con humor y esperanza.

Dámaris Carbaugh, la conocida intérprete de música cristiana, nos invita a sentarnos junto a ella en el sofá para confiarnos sus vivencias mientras bebemos una deliciosa taza de profunda enseñanza bíblica.

No importa si recorrimos nuestra vida en la fe de Jesucristo o si hemos preferido mirar de lejos la iglesia; no importa si ya tenemos un reconocido ministerio o si tan solo asistimos a los servicios dominicales… a todos se nos escapará alguna lágrima al sentirnos incomodados por la urgencia de nuestra propia despedida, y nos veremos desafiados por esas palabras eternas del Maestro: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”.

Adiós a mí” es la historia honesta de Damaris Carbaugh, una cantante que —después de mucho resistirse— entrega absolutamente toda su vida al Señor. El libro es de ritmo rápido, casi puedes sentir que Damaris está a tu lado contándote apasionadamente cómo Dios trastornó completamente sus sueños y sus anhelos más profundos. Carbaugh es transparente y sincera con sus luchas. Definitivamente podrás identificarte con ella.

Decir adiós no es fácil

En el testimonio de Damaris podemos confirmar que morir a nosotros mismos no es nada fácil. Es un proceso doloroso, que requiere fe en lo que Dios dice en su Palabra acerca de sí mismo y acerca de lo que hará con nosotros. Mientras que el mundo le ofrecía fama que jamás satisfacía, Dios puso delante de ella un camino muy diferente: la negación y la humillación. Damaris no entendía lo que Dios iba a hacer con sus sueños y anhelos, pero al confiar en quien Él es, encontró un gozo inigualable, independiente de las circunstancias.

“La razón por la que Dios no nos da explicaciones es porque no hay manera en que podamos entenderlo” (p. 103).

Dios demanda que, al negarnos a nosotros mismos, confiemos plenamente en Él, independientemente de lo que nosotros creamos que es mejor. Él ha demostrado ser digno de nuestra confianza. Su fidelidad es desde la eternidad hasta la eternidad. Por más difícil que sea cada paso del camino, podemos volver nuestros ojos a Jesús y conocer que en Él la victoria ya es nuestra.

En el libro, Damaris nos recuerda que Dios es bueno, y que su deseo es transformarnos a la imagen de Cristo cada día. De hecho, la autora nos muestra que el sufrimiento es una promesa para el cristiano, ya que es uno de los instrumentos que Dios usa para cambiarnos. Uno de los más dolorosos pero, también de los más efectivos.

Damaris nos comparte desde su infancia y adolescencia, cuando sus deseos de ser admirada y tener éxito florecen dentro de ella, maquillados con el típico pretexto de “servir a Dios con mis talentos”. La seguiremos a través de sus vanos esfuerzos por encontrar satisfacción engañándose a sí misma, viviendo una vida entregada a Dios solo en apariencia pero persiguiendo sus propios sueños. También la encontraremos enfrentándose cara a cara con Dios, siendo confrontada por su pecado y reconociendo su necesidad de abandonarse a sí misma. La veremos entregando con fe y lágrimas su vida y sus más profundos anhelos. Finalmente, podermos regocijarnos en Dios por el gozo que Dámaris encuentra, mientras vive diciendo “adiós a mí” todos los días.

“Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo, echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes. Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar. Pero resístanlo firmes en la fe, sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en sus hermanos en todo el mundo. Y después de que hayan sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que los llamó a Su gloria eterna en Cristo, Él mismo los perfeccionará, afirmará, fortalecerá, y establecerá. A Él sea el dominio por los siglos de los siglos. Amén.”  — 1 Pedro 5: 6-11

No estamos solos

A los cristianos muchas veces nos cuesta reconocer el sufrimiento, especialmente cuando se trata de morir a nosotros mismos. Nos avergüenza. Sabemos que Dios nos manda a negarnos, y queremos hacerlo; pero frecuentemente intentamos hacerlo solos. No queremos que nadie vea los deseos pecaminosos que luchan por dominar nuestra alma. Por esta razón es bueno conocer historias como la de Damaris. Pensamos que estamos solos, cuando es esta es una lucha que cada cristiano vive cada día: tomar su cruz y seguir a Jesús cada día. Adiós a mí y la gloria para Dios cada día.

“La Palabra de Dios me enseñó que, aunque nunca sería una estrella, ¡era una preciosa y redonda luna! […] ¡Era una luna!, todavía opaca, pero buscando el rostro de Dios cada día para conocerlo, para dejar que Sus ojos me escudriñen, señalen mi maldad, para que me miren con ternura y que mis ojos también puedan mirarlo y relejar Su maravillosa luz.” (p. 110)

Ese es tu llamado también, ser una luna opaca que refleja la luz del Señor. Tu llamado es decir “adiós a mí” y encontrar el gozo eterno de Dios al hacerlo.

 

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