Cuando desperté al evangelio

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No recuerdo el momento exacto en el que ocurrió. Antes pensaba que conocía mucho acerca de la Biblia y sin duda sabía mucha información acerca de Dios, pero eso no es lo mismo. Conocía a Dios de la misma manera en que conozco a alguien por Facebook. Sabía cuales eran sus gustos, las cosas que Él aprobaba y no… pero aún así no sentía que lo conocía genuinamente.

Pero después de este momento, las cosas cambiaron. Dejé de interpretar pasajes de la Biblia a través de los lentes de mis propias experiencias y valores, y en su lugar empecé a escudriñar las Escrituras, buscando cuál era la perspectiva de Dios. De repente sentí el peso de mi espíritu quebrantado y me di cuenta que el mensaje que me había aburrido tantas veces era verdaderamente el único mensaje que me daba alguna esperanza para vivir. Me di cuenta que tratar de ser mejor a través de mis propios esfuerzos era vanidad y Cristo se volvió el enfoque de mis obras, recordando que lo Él ya había hecho por mi era suficiente para ser justo delante de Dios.

¿Qué momento estoy describiendo? No, no es mi conversión. A estas alturas, ya había sido salvo por muchos años. Lo que estoy describiendo es el momento en que desperté al evangelio.

¿Alguna vez haz escuchado esta frase? Tal vez te sea nuevo, pero el concepto bíblico detrás de él no lo es.

¿Qué significa despertarse al evangelio?

He compartido con muchos esta experiencia de mi vida y la pregunta siempre es, “¿Estás seguro que ese no fue el momento en que naciste de nuevo?”. Pues, sí. Mi experiencia realmente no es única. Conozco a muchas personas que fueron salvas en iglesias no sanas, y luego al escuchar el evangelio predicado poderosamente en otra iglesia (o en un sermon de YouTube), experimentaron un cambio radical. Cristo llega a los corazones de hombres en cualquier circunstancia, y a veces nos toma tiempo para realmente sentir el peso de esa asombrosa verdad.

Despertar al evangelio simplemente significa experimentar profundamente lo que ya tienes: el evangelio. Es una experiencia en la cual Cristo se vuelve más precioso y valioso para nosotros.

Tomemos como ejemplo a Pablo y la iglesia en Éfeso. En Efesios 3, Pablo ora por los miembros de la iglesia en Éfeso, pidiendo a Dios que Cristo more en sus corazones y que puedan ser llenos del Espíritu. Ahora, cómo Tim Keller nota, Pablo le está escribiendo a cristianos, o sea, personas que ya tienen a Cristo morando en ellos (1 Co. 6:19, Col. 1:27) y que ya tienen la plenitud de Dios (Col. 2:9-10). Entonces, ¿qué quiere decir Pablo con su oración? En pocas palabras, él quiere que ellos experimenten verdaderamente lo que ya creen y tienen: la presencia y el amor de Cristo a través del poder del evangelio (Ef. 3:16-19).[1]

Pablo está orando por un avivamiento personal la cual el evangelio se profundice en los corazones de sus lectores. ¡Él está orando para que se despierten al evangelio que ya habían recibido!

¿Por qué es necesario despertar al evangelio?

Los cristianos tenemos un gran problema en cuanto a nuestra relación con Dios: somos amnésicos. Aceptamos el evangelio, pero lamentablemente lo olvidamos con facilidad. ¿Recuerdas el reclamo de Pablo a los Gálatas? “¿Me maravillo de que tan pronto ustedes hayan abandonado a Aquél que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente…” (Gal. 1:6). En esta ocasión también le está escribiendo a la iglesia, a cristianos. Es muy fácil para nosotros reemplazar a Cristo con otras cosas, aún en nuestra relación con Él.

De hecho, uno de los problemas y peligros centrales más comunes en América Latina es el nominalismo. Aceptamos el evangelio, pero solo en nombre. “Evangelio” describe nuestra identidad en el exterior, pero no nuestra esencia en el interior. Para el cristiano nominal, el evangelio es un accesorio que debe encajarse a su estilo de vida, no el fundamento sobre el cual el resto de su vida debe edificarse.

Entonces, ¿por qué es necesario despertarnos al evangelio? Necesitamos despertar al evangelio y permancer centrados en el evangelio porque el evangelio es de primera importancia (1 Co 15:03), el poder de Dios para la salvación de todos los hombres (Ro. 1:16-17), y ha sido confiado a nosotros para proclamar sin falta (Mt. 24:14; 2 Tes. 2:14-15).

¿Cómo puedo despertar el evangelio y cómo se mira? Eso lo veremos en el próximo post.


[1] Tim Keller, Iglesia Centrada, p.66

Íconos 1, 2 usados bajo licencia CC BY 3.0.

 

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