Cómo despertar al evangelio

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Hace unos días compartí un post describiendo el momento en el que verdaderamente desperté al evangelio y lo que quiere decir esta frase. Fue un gran paso de crecimiento espiritual y durante ese tiempo mi santificación aceleró significativamente. Ahora, no fue algo que hice yo. Al contrario, despertar al evangelio simplemente fue experimentar nuevamente lo que Dios ya me había dado en el evangelio: gracia, amor, y paz en la persona y obra de Jesús.

Pero si despertar al evangelio no es algo que yo hice, ¿por qué escribir un sobre post cómo hacerlo?

Despertar al evangelio es un poco como ser sorprendido o asombrado. No es algo que haces voluntariamente, sino una reacción hacia algo hecho hacia ti. Entonces, no te puedo dar los pasos para llegar a estar despierto al evangelio, pero las Escrituras sí nos dicen algo sobre cómo podemos preparar nuestros corazónes para estarlo.

Hay solo dos formas de preparar tu corazón para despertar al evangelio: (1) debes estar completamente quebrantado por tu pecado y (2) completamente asombrado por la gracia de Dios en el evangelio. Estas no son cosas que tú puedes hacer, sino reacciones a lo que Dios hizo por ti en el evangelio.

Quebrantado por tu pecado

Cada uno de nosotros está totalmente muerto y perdido en su pecado (Ef. 2:1). No solo pecamos en cuanto a nuestras acciones, pero nuestras motivaciones y pensamientos también nos condenan. Es por esta razón que Jesús dice que el enojo es matar y la lujuria, adulterar (Mt. 5:22, 28). Aún cuando hacemos algo bien, muchas veces farisáicamente nos enorgullecemos y nos felicitamos por haberlo hecho, convirtiendo lo bondadoso en algo egoísta.

Nuestro problema es que la brújula de nuestro corazón apunta a todas las cosas menos Dios (Ro. 8:7). Aún el cristiano fácilmente se puede olvidar del evangelio como lo hicieron los gálatas (Ga. 1:6).

La persona despierta al evangelio no es diferente en cuanto a su habilidad de pecar, pero sí en cuanto a cómo responde a su pecado. La persona despierta al evangelio es una que conoce su estado pecaminoso y es quebrantada por ello. Sabe que es un pecador y siente el peso de esa carga sobre sus hombros. No lo puede echar a un lado o ignorarlo.

Estar quebrantado por tu pecado es simplemente una reacción a la acción principal de Dios, quien te revela tu estado pecaminoso (Sa. 119:18). Él es el que te abre los ojos. Él es el que empieza el avivamiento personal en tu corazón.

Mi despertar al evangelio no comenzó con un libro de teología que explicaba conceptos super-profundos, sino con un reconocimiento profundo de mi propio corazón. Yo sabía que era un pecador, pero había creado mi propia versión del cristianismo donde escondía mis pecados detrás de una mascara de buenas obras. Despertar al evangelio requirió primero despertar a la realidad de mi necesidad de Cristo cada día. No hay una obra suficientemente buena para obviar la cruz.

Punto: Nadie podrá entender cuán maravillosa es la gracia de Dios en el evangelio hasta que entienda cuán terrible es su pecado.

Asombrado por Su gracia

Para que las buenas noticias del evangelio sean realmente buenas, hay que primero entender las malas noticas del pecado: todos hemos pecado y nadie puede alcanzar la gloria de Dios (Ro. 3:23).

Pero la historia no termina allí.

Yo desperté al evangelio cuando el Espirítu Santo me llevó de la convicción de mis pecados hacia la comprensión de que aún sabiendo esos pecados, Cristo voluntariamente murió por mí. Él sabía perfectamente quién era yo: una persona imperfecta.

Entonces, el evangelio tiene muchas razones por qué asombrarnos:

  • Lo asombroso del evangelio no es que son noticias de nuestra habilidad o poder para hacer algo, sino noticias de algo ya realizado para nosotros (Jn. 19:30, Co. 2:13-15).
  • Lo asombroso del evangelio no es que son noticias sobre cómo podemos acercarnos a Dios, sino noticias de un Dios que se acercó a nosotros en nuestra debilidad (2 Co. 8:9).
  • Lo asombroso del evangelio no es que son noticias para una sola tribu o nación, sino noticias del poder de Dios para salvar a gente de cualquier raza, trasfondo económico, y pasado pecaminoso (Rom. 1:16, Ap. 5:9).
  • Lo asombroso del evangelio no es que son noticias solamente para entrar a la fe (justificación), sino noticias sobre la base de nuestro crecimiento cada día (santificación) (Ga. 2:20).
  • Lo asombroso del evangelio no es que son noticias de un Dios que nos trata cómo merecemos, sino que por Su gracia nos trata mejor de lo que merecemos (1 Tim. 1:13-17).
  • Lo asombroso del evangelio no es que son noticias de cómo Dios cambia nuestras circunstancias, sino noticias de cómo nos transforma y sustenta cada día en cualquier circunstancia (Fi. 1:6).
  • Lo asombroso del evangelio no es que son noticias de cómo Dios nos salvó porque somos buenas personas, sino noticias de un Dios que nos salvo conociendo perfectamente nuestra maldad (Ro. 5:8).

Si el evangelio de Cristo no te asombra, ¡ora que sí! Si no sientes que puede ser verdadero, ¡ora que sí! Que la oración “Creo; ayúdame en mi incredulidad” sea tan real para ti cómo lo fue para el padre del muchacho que Jesús sanó (Mc. 9:24).

Punto: Despertar al evangelio significa ser asombrado por la gracia que Jesús nos mostró al rescatarnos, aún conociendo nuestro pecado.

Despiértate al evangelio

Es posible que este post describa algo que nunca has experimentado. Si es así entonces te ruego a que dejes de confiar en ti mismo y pongas tu fe en Jesús.

También es posible que ya has aceptado el evangelio pero con el pasar del tiempo lo has asumido o incluso olvidado en tu vida. Si es así entonces es tiempo de regresar al evangelio. Es tiempo de ser quebrantado y asombrado.

Mi oración para la iglesia en Guatemala y el resto de América Latina es la misma que la de Pablo en Efesios 3:16-19: que experimenten verdaderamente lo que ya creen y tienen: la presencia y el amor de Cristo a través del poder del evangelio.

Ícono usado bajo licencia CC BY 3.0.

 

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