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Definición

Una teología bíblica de la creación nos ayuda a ver los patrones derivados de la creación, caída, redención y nueva creación que se repiten a lo largo de la historia bíblica. Aunque el caos del pecado lleva al juicio, Dios finalmente redimirá y renovará su creación.

Sumario

Para trazar una teología bíblica de la creación, debemos comenzar con el gobierno y la intención de Dios en su creación. Aunque el pecado trae caos al orden de la creación, y finalmente conduce al juicio, Dios está comprometido con la redención de su creación. A lo largo de la historia de la redención, vemos una serie de eventos de “nueva creación” después de los juicios del diluvio, la torre de Babel, el éxodo y el exilio. En la comisión de Noé, el pacto con Abraham, la ley mosaica y las promesas del nuevo pacto, Dios comienza de nuevo su obra creativa. Sin embargo, a excepción del nuevo pacto, todos estos eventos de la nueva creación son seguidos por otra “caída”. En el nuevo pacto, la nueva creación decisiva comienza con la persona y obra de Jesús. Aunque todavía no está completa, Dios mismo hará todas las cosas nuevas al final de los tiempos y volverá a morar entre su pueblo en la nueva creación.

El Comienzo

Es importante comenzar una teología bíblica de la creación con la intención original de Dios en su obra creativa. En Génesis 1, vemos a Dios formando y llenando la creación, y al final de su obra, declara que esa creación ordenada era “buena en gran manera”. Esa buena creación es el lugar en el que Dios siempre ha tenido la intención de morar con su pueblo. Contrariamente a algunas opiniones del orden creado, la creación en sí es intrínsecamente buena y debe considerarse como tal. A pesar de los juicios que el pecado ha traído sobre la creación de Dios, Él está comprometido a hacerla nueva y redimir a un pueblo que vivirá en ella para siempre.

Además, aunque los cristianos pueden estar en desacuerdo sobre algunos de los detalles y el momento de la semana de la creación, todos pueden estar de acuerdo en que el relato bíblico de la semana de la creación en Génesis 1 enseña claramente que Dios hizo todas las cosas y ordena todas las cosas. Como resultado de esto concluimos que Él es soberano sobre su creación. Es decir, está a cargo de su buena creación.

Sin embargo, está claro para nosotros que algo sucedió que estropeó esa buena creación. En Génesis 3, descubrimos que el pecado entró en el mundo a través de la rebelión de Adán y Eva. Se les confió la responsabilidad de ser administradores de la buena creación de Dios, pero se apartaron de Él y buscaron establecerse como los verdaderos reyes (Gn 3:6-7).

Junto a las consecuencias del pecado que los seres humanos experimentan personalmente, el pecado tiene efectos cósmicos. En Génesis 3, aprendemos que la creación misma es transformada por el pecado. La tierra misma está maldita (Gn 3:17). Los seres humanos ya no tienen una relación armoniosa y pacífica con la creación. En cambio, tenemos que luchar con la tierra para poder cultivarla.

Sin embargo, Dios no dejó a los seres humanos sin esperanza de redención, y la creación misma comparte esa esperanza. Romanos nos dice que la creación misma “aguarda ansiosamente” a que Dios redima a su pueblo, porque cuando nosotros seamos redimidos, también la creación lo será (Ro. 8:19). Pero ahora mismo, estamos esperando que esa esperanza se cumpla. Mientras esperamos, Dios nos ha dado pruebas de esa nueva creación que está por venir. Él ha revelado su plan para redimir al mundo a través de una serie de “nuevas creaciones”, y estos eventos de nueva creación nos están preparando para la nueva creación definitiva que está por venir.

El Diluvio

Adán y Eva esperaban que Dios obrara para renovar su creación, pero en las generaciones que siguieron, el pecado de la raza humana siguió aumentando. En lugar de renovación, la creación avanzaba hacia un caos mayor a medida que los humanos se precipitaban hacia un pecado mayor (Gn 6:1). Como resultado, Dios miró el caos que el pecado había traído a su creación y lo condenó a juicio. A través de las aguas del diluvio, juzgó a los seres humanos rebeldes e incluso a la propia creación caída (2 P 2:5).

Pero incluso en el caos de ese juicio, Dios permaneció comprometido con su creación. Casi toda la humanidad se había vuelto contra Él, pero un hombre era justo a los ojos de Dios. Dios rescató a ese hombre, Noé, junto con su familia, a través de las aguas del diluvio. A partir de estas ocho personas, la creación de Dios comenzó de nuevo, y pronunció la misma bendición sobre Noé que sobre Adán y Eva (Gn 9:7). Sin embargo, como Adán y Eva, Noé y sus hijos se apartaron de Dios. Una vez más, la creación de Dios pronto fue afectada por el caos del pecado, y la rebelión de la raza humana continuó sin cesar hasta la torre de Babel.

Abraham

En Babel, los humanos intentaron nuevamente establecer su propia autoridad y poder. Querían “hacerse un nombre” para sí mismos (Gn 11:4). Una vez más, Dios descendió para juzgar a su pueblo, esta vez creando nuevos idiomas para que ya no pudieran comunicarse entre sí con claridad.

En medio de ese caos, de nuevo Dios eligió a un solo ser humano a través del cual continuaría su compromiso con la creación. El pacto con Abraham es un tipo de nueva creación en la que Dios comenzó de nuevo, llamando a su pueblo a permanecer fiel a Él y dándoles la comisión de llenar la tierra (Gn 12:3). Con la familia de Abraham, tenemos otra nueva creación. Pero al observar la vida de Abraham, sus hijos y sus nietos, vemos que permanece la corrupción de la antigua creación. Abraham mintió al afirmar que su esposa era su hermana para preservarse (Gn 12:10-17). Su hijo Isaac hizo algo similar (Gn 26:1-11). Su nieto Jacob engañó a su propio padre para obtener una herencia mayor (Gn 27:1-29) y sus bisnietos vendieron a su propio hermano como esclavo (Gn 37:18-36). Sin embargo, Dios no abandonó a este pueblo de la nueva creación, incluso cuando terminaron en el caos de la esclavitud en Egipto.

Éxodo

Después de los juicios del diluvio y la torre de Babel, Dios permaneció comprometido con su pueblo y su creación. Como hemos visto, siguiendo estos juicios, hay una especie de nueva creación; sin embargo, esto es más evidente en el éxodo de Egipto. Mientras Dios obraba para sacar a los descendientes de Abraham de la esclavitud, vemos el juicio sobre Egipto que trae el caos a esa nación, mientras que el rescate de los hebreos hace eco de la obra de Dios en la creación misma.

A través de las plagas que trajo a Egipto, Dios trajo juicio en forma de caos. En lugar de que el agua se enviara en su debido orden, el agua se convierte en sangre (Éx 7:17-18). En lugar de que los animales cobraran vida, hay animales que mueren (Éx 9:1-4). En lugar de que aparezca la luz, la novena plaga envuelve la tierra en tinieblas (Éx 10:21-22). Luego, en el cruce del Mar Rojo, las aguas se dividen para que aparezca la tierra seca (Éx 14:21) después de que un viento (Espíritu) de Dios soplara sobre el mar (Éx 15:12).

El nuevo lenguaje de la creación continúa después de que Israel emergió del Mar Rojo. El tabernáculo que Dios ordenó a su pueblo que construyera nos recuerda un poco al huerto del Edén. Cuando terminó, todo se hizo tal como el Señor lo había mandado, así como la primera creación fue justamente como Dios había querido que fuera. ¡Algunos eruditos incluso argumentan que los siete discursos en Éxodo 25-31 nos apuntan a los siete días de la creación! Sea cierto o no, las imágenes son bastante claras: cuando Dios llamó a su pueblo a salir de Egipto, nos estaba indicando una nueva creación, recordándonos que estaba poniendo orden en el caos para la salvación de su pueblo.[1]

Sin embargo, continúa el patrón de creación seguido por una caída reincidente en la historia de Israel. Poco después de salir del mar Rojo, Israel llegó al monte Sinaí. Mientras Moisés se reunía con Dios y recibía la ley en el monte, Israel nuevamente comenzó a dudar del cuidado de Dios y quiso crear un dios que pudiera ver y manejar por sí mismo. Una vez más, el pueblo de la “nueva creación” de Dios no pudo confiar en su cuidado por ellos, y el resultado fue el juicio y el caos; el patrón de la creación seguido por la caída continúa.

Este patrón continúa a lo largo de la historia de Israel. Dios fielmente los trajo a la tierra que les había prometido (otro tipo de nueva creación), pero continuaron alejándose de Él. Si bien hubo períodos de cierta fidelidad, la trayectoria general de la historia de la nación se alejó del Señor y se dirigió hacia la idolatría. Y ese patrón finalmente condujo al juicio del exilio.

El exilio y el retorno

Si el éxodo y el asentamiento en la tierra prometida son la imagen más clara de la nueva creación, entonces el juicio del exilio es quizás la imagen más clara de la caída y su consiguiente caos. Durante siglos, los profetas de Israel advirtieron al pueblo de Dios que se apartara de su idolatría o, de lo contrario, el Señor enviaría invasores extranjeros para conquistar la tierra y llevarse cautivo al pueblo. De hecho, incluso antes de que entraran en la tierra, el propio Moisés advirtió del exilio por la infidelidad continua del pueblo (Dt 28-30).

Los profetas a veces usan un lenguaje que parece revertir la creación original al anticipar el juicio del exilio. Por ejemplo, al visualizar la tierra después del exilio, Jeremías hace eco de Génesis 1:2 antes de que Dios ordenara la creación: “Miré a la tierra, y estaba sin orden y vacía y a los cielos, y no tenían luz” (Jr 4:23). Sin embargo, la promesa de restauración y regreso del exilio apunta hacia una nueva creación. Cuando Isaías esperaba el regreso del exilio y la restauración del pueblo de Dios, a menudo usaba el lenguaje de la creación (Is 40:28; 42:5; 43:15; 45:18; 57:19; 65:17; 66:18). De hecho, el regreso del exilio es nada menos que un cielo nuevo y una tierra nueva (Is 65:17).

La nueva creación

Mientras el pueblo de Dios esperaba que Dios obrara y terminara decisivamente con el exilio, en realidad estaba esperando la nueva creación, cuando Dios obrara todas las cosas nuevas. Sin embargo, cuando llegamos al Nuevo Testamento, sucede algo sorprendente. La nueva creación llega en la persona y obra de Jesús, pero el caos de la creación caída todavía está presente con nosotros. Como ocurre con muchas otras partes del plan salvífico de Dios, la nueva creación ya existe y todavía no, porque espera el cumplimiento de su pleno establecimiento en el final de los tiempos.

El mayor juicio por el pecado se encontró en la cruz. Allí, el pecado del pueblo de Dios fue puesto sobre el Mesías, Jesús, quien sufrió en su lugar (Is 53:6). Sin embargo, la obra decisiva de la nueva creación comenzó con la resurrección de Jesús. Él es el primogénito de entre los muertos, el comienzo de la obra final de la nueva creación de Dios (Col 1:18). Aunque es el primogénito de entre los muertos, todos los que están unidos a Él pueden tener la certeza de que participarán de sus bondades en la nueva creación (1Co 15:20-23).

La nueva creación es una forma de hablar sobre la nueva obra de Dios en la redención. Pero con la venida de Cristo, no es simplemente un paso hacia la nueva creación prometida. En cierto sentido, la nueva creación ya está presente. Por eso Pablo pudo escribir: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2 Co 5:17, NVI). La obra de Cristo es el comienzo de esta nueva creación. A través de su muerte, sepultura, resurrección, ascensión y reinado actual, Cristo ha traído a la existencia la nueva creación prometida desde hace mucho tiempo. Realmente estamos viviendo en la era de la nueva creación.

Pero cuando miramos el mundo como lo experimentamos ahora, no sentimos que vivamos en la nueva creación. Como señalamos anteriormente, las Escrituras también nos enseñan sobre el anhelo continuo de la creación misma de ser liberada de su corrupción. Esperamos con ansias el día en que “la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza” (Ro 8:21, NVI).

La nueva creación ha llegado, pero la creación misma sigue esperando con gran anhelo. Vivir en esta superposición de edades debería afectar la forma en que vemos la creación tanto ahora como en el futuro. Ahora podemos recordar que Dios ha permanecido comprometido con su creación a través de muchos juicios, tanto de individuos como de naciones enteras (y, en el diluvio, el mundo entero). Debemos recordar que el mundo creado no es una ocurrencia tardía. Dios está comprometido a eliminar la “corrupción que la esclaviza”.

En consecuencia, debemos cuidar el mundo bueno de Dios y tratar de administrarlo bien, tal como Él ordenó a Adán y Eva hace tantos años. Dios no solo tiene la intención de redimir a las personas incorpóreas, sino también al mundo mismo. Sin embargo, debemos protegernos contra un idealismo ecológico en el que equiparamos el buen trabajo del ambientalismo con el ministerio del evangelio o la idea de que nuestro cuidado de la creación de alguna manera marcará el comienzo de los cielos nuevos y la tierra nueva. La restauración de la creación es, en última instancia, obra exclusiva de Dios.

Los cielos nuevos y la tierra nueva

Juan pinta un cuadro de la consumación final de la nueva creación (Ap 21). El cielo viene a la tierra, y la morada de Dios en el cielo y la morada de su pueblo en la tierra se vuelven uno. Es una transformación total del universo. No hay amenaza de otra caída, porque toda tristeza y dolor desaparecerá (Ap 21:4). Todos los peligros y amenazas de la antigua creación serán borrados, porque no se admitirán cosas pecaminosas en esta nueva creación (v. 8). La creación reflejará una vez más la gloria de Dios y estará llena de belleza que todas las personas podrán disfrutar (vv. 22-26). La muerte misma será finalmente derrotada, y el pueblo resucitado de Dios vivirá para siempre, disfrutando de su buena creación.

Pero de todas las glorias de la nueva creación, la más grande es la presencia misma de Dios entre su pueblo (vv. 3, 22-23). Esta creación, buena en gran manera, es el lugar en el que Dios siempre ha tenido la intención de morar con su pueblo. Al final de la historia de la redención, el pueblo resucitado de Dios disfrutará de su presencia una vez más al máximo. El objetivo de Dios con la creación y la nueva creación siempre ha sido el mismo: glorificarse a Sí mismo proporcionando un lugar donde su pueblo pueda disfrutarlo para siempre. Y en la nueva creación, esta meta se logrará por toda la eternidad.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition.Traducido por Sam Ortiz.

Este ensayo es parte de la serie Concise Theology (Teología concisa). Todas las opiniones expresadas en este ensayo pertenecen al autor. Este ensayo está disponible gratuitamente bajo la licencia Creative Commons con Attribution-ShareAlike (CC BY-SA 3.0 US), lo que permite a los usuarios compartirlo en otros medios/formatos y adaptar/traducir el contenido siempre que haya un enlace de atribución, indicación de cambios, y se aplique la misma licencia de Creative Commons a ese material. Si estás interesado en traducir nuestro contenido o estás interesado en unirte a nuestra comunidad de traductores, comunícate con nosotros.

Notas al pie

1Los dos párrafos anteriores se basan en Chris Bruno, The Whole Message of the Bible in 16 Words (Wheaton: Crossway, 2015) p. 37–38.

Lecturas adicionales

  • Alexander, T. Desmond. The City of God and the Goal of Creation. Short Studies in Biblical Theology. Crossway, 2018.
  • Bruno, Chris, “Why Is Creation So Important for Understanding the Bible?” Crossway Articles. May 23, 2017.
  • Bruno, Chris, “Creation and New Creation: How should our Understanding of the End Influence our Understanding of the Beginning?” Bulletin of Ecclesial Theology1 (2017): 49–64.
  • Carson, D. A. “Theology of Creation in 12 Points.” Desiring God. March 11, 2016.
  • “Creation: A Song-Based Resource on the Doctrine of Creation for Children.” TGC Courses.
  • Davidson, Richard M. “A Biblical Theology of Creation.” Seminar on the Integration of Faith and Learning, July 18, 2000.
  • Greidnas, Sidney. From Chaos to Cosmos: Creation to New Creation. Short Studies in Biblical Theology. Crossway, 2018.
  • Lawrence, Michael. “A Biblical Theology of Creation.” Sermon at Capitol Hill Baptist Church, July 9, 2006.
  • McDonough, Sean M. Creation and New Creation: Understanding God’s Creation Project. Hendrickson, 2017.
  • Terry, Thomas and Ryan Lister. “Why the New Creation Matters to Your Creativity.” The Gospel Coalition. October 6, 2018.
  • Tripp, Paul. “The Doctrine of Creation.” Paul Tripp Ministries. July 13, 2018.