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Jeremías 8-10 y Gálatas 1-2

“Aun la cigüeña en el cielo
Conoce sus estaciones,
Y la tórtola, la golondrina y la grulla
Guardan la época de sus migraciones;
Pero Mi pueblo no conoce
La ordenanza del Señor”
(Jeremías 8:7).

Mucho se ha hablado y escrito acerca del terrorismo que nace y se expande luego de los eventos del 11 de septiembre del 2001. Ahora hemos aprendido que mucho del esfuerzo antiterrorista se da a través una lucha constante y silenciosa de los servicios de inteligencia que deben rastrear y seguir los cabos que van dejando sueltos los extremistas en su preparación de atentados. Esto lo entendí al año de la caída de las Torres Gemelas cuando la revista TIME entregó un reporte especial titulado: “La historia secreta”. Entre sus artículos hay uno que da cuenta pormenorizada del conocimiento previo que los servicios de inteligencia norteamericano tenían de los planes extremistas.

Entre los datos mencionados está un famoso memo enviado por el agente Kenneth Williams desde Arizona dando cuenta de que estudiantes del Medio Oriente estaban estudiando en una escuela de vuelo local. Él teorizó que Al-Qaeda podría estar tratando de infiltrarse en la aviación norteamericana. Los analistas de los cuarteles generales no lo tomaron muy en cuenta, y la información terminó en el olvido. Nadie debe llorar sobre la leche derramada, pero quizá podemos suponer que faltó un poco más de preocupación, de precisión, o de simple sentido común en las autoridades norteamericanas. Sin embargo, con tristeza sabemos que la historia es otra y ya no puede cambiarse.

Mucho de nuestro accionar en la vida es el resultado del puro y simple sentido común. Usamos el sentido común como el motivo básico de un éxito personal, o se nos reprocha una acción equivocada por falta de sentido común. Este factor particular es definido así por el diccionario de la Universidad de Cambridge: “El nivel básico de conocimiento práctico y de juicio que todos necesitamos para ayudarnos a vivir de una manera razonable y segura”.  

Por ejemplo, el sentido común nos advierte los peligros de manejar a velocidad excesiva. No necesito saber de física para reconocer que ir a más de 150 kilómetros por hora en una zona de curvas puede ser fatal… es solo sentido común. Hay mucho de sentido común al no pensar siquiera en comer pesado en la noche o hay falta de sentido común cuando nos gastamos todo lo que teníamos para un viaje de 10 días durante el primer día.

Jesucristo puede mostrarnos el camino y la verdad de una manera magnífica y reorientar nuestro sentido común.

Lo malo es que el sentido tan común a veces es el menos común de los sentidos. Por eso los periódicos y las redes sociales están llenas de desgracias producidas por una carencia de ese sentido comunitario, básico, y democrático que todos los seres humanos deberíamos aprovechar.

Las aves que Jeremías menciona en el texto del encabezado gozan de un excelente sentido común. Son aves migratorias, que por razones todavía desconocidas por la ciencia, saben con exactitud cuándo migrar antes que el clima se vuelva inclemente y perezcan por frío y falta de alimentos. No hay tórtola o grulla que, por terquedad o flojera, no quiera emprender el largo y sacrificado viaje en busca de mejores climas y alimentos. Por el contrario, Jeremías señala que no todos los seres humanos actuamos con esa misma agudeza y criterio. Hay personas a las que parece que se les ha descompuesto su sentido común. Van de problema en problema, de error en error. Parece como si tuvieran un imán que se siente atraído por los desastres y los caminos equivocados. Creo que esas personas no son solo “malasuertes”, sino que han estropeado los instrumentos espirituales de navegación por la vida.

¿Conoces cuáles son los instrumentos para una correcta navegación con sentido común en la vida? Acompáñame por un chequeo técnico a esos instrumentos:

En primer lugar, debemos evaluar el arrepentimetro. Este es un instrumento que permite replantear el curso que la vida está tomando. Si hay mucha neblina y vemos tormenta en el horizonte, o notamos que andamos medio perdidos, tenemos que echarle un vistazo a este sencillo pero útil aparejo. Es un aparato sensible que se estropea cuando no se le presta atención. Jeremías, un experto en arrepentímetros, nos da cuenta de su experiencia en el campo: “He escuchado y oído, Han hablado lo que no es recto; Ninguno se arrepiente de su maldad, Diciendo: ‘¿Qué he hecho?’ Cada cual vuelve a su carrera, Como caballo que se lanza en la batalla” (Jer. 8.6).

¿Cómo saber que este instrumento está fallando en nuestro corazón? Pues muy sencillo: Observa si es eres incapaz de dar marcha atrás cuando ves que las cosas están mal, o las estás haciendo mal. Si te faltan las fuerzas para hacerlo, entonces debes frenar, darte el tiempo y las fuerzas para dar marcha atrás, y reconocer tus errores. Más importante aún es recurrir al Señor Jesucristo, quién puede mostrarnos el camino y la verdad de una manera magnífica y reorientar nuestro sentido común al cien por ciento.

En segundo lugar, debido a lo complicado que son los viajes que los seres humanos realizan, el fabricante ha dejado unos manuales de navegación para viajes seguros. Son documentos precisos con instrucciones claras para enfrentar los diferentes terrenos que  debemos atravesar en la vida. El problema con ellos es que se le presta poca atención y solo se les toma en cuenta cuando las cosas están realmente mal. El problema empieza cuando no estamos familiarizados con su lectura y, ante la crisis, uno se pierde entre las páginas… y el resultado final son graves accidentes.

La Palabra de Dios es la carta de navegación obligatoria y necesaria que necesitamos para educar y transformar nuestro sentido común.

La Palabra de Dios es la carta de navegación obligatoria y necesaria que necesitamos para educar y transformar nuestro sentido común. Su ausencia hará que nos pase lo que les pasó a los que se extraviaron durante el tiempo del profeta jeremías: “Los sabios son avergonzados, Están abatidos y atrapados; Ellos han desechado la palabra del Señor, ¿Y qué clase de sabiduría tienen?” (Jer. 8:9). La vida es muy complicada y el viaje es muy largo para tratar de hacerlo solo con buenas intenciones y con destellos de una supuesta sabiduría. Debemos transformar nuestro sentido común con el consejo eterno e infalible del Señor.

Otro instrumento básico es la radio. Si tenemos buena comunicación con la torre de control y con otras naves que estén pasando por las mismas situaciones que nosotros, es muy probable que salgamos bien librados del mal momento, o lleguemos a destino sin contratiempos. Lamentablemente, los problemas surgen cuando apagamos la radio o engañamos a la torre de control con informes falsos que tratan de demostrar que no necesitamos a nadie para solucionar nuestros problemas o llegar a destino. ¡Nada más desatinado! Comunicarnos con el Señor y estar dispuestos a recibir la verdad y el consejo son elementos esenciales para que funcione bien nuestro sentido común. Por eso, cuidémonos cuando veamos esto en nosotros: “Cada uno engaña a su prójimo, Y no habla la verdad, Han enseñado sus lenguas a hablar mentiras” (Jer. 9:5).

Finalmente, hay un instrumento tan viejo como la historia del hombre, pero muy necesario: La conciencia/brújula. Este instrumento sirve de guía a la nave, indicando el rumbo al hacernos saber que, por más que lo intentemos, nunca podremos cambiar la voluntad de Dios, así como el norte magnético nunca estará al oeste. En términos espirituales, esto significa que le debo sujeción al Señor porque nadie es como Él y nunca cambia. Como decía el profeta: “No hay nadie como Tú, oh Señor. Grande eres Tú, y grande es Tu nombre en poderío” (Jer. 10:6).

Al final de cuentas, más allá de todas mis habilidades, mi pericia, y experiencia para navegar por los terrenos de la vida, debo reconocer con humildad que el verdadero sentido común tiene como base fundamental lo que Jeremías reconoció también con humildad después de ver los errores esenciales de su pueblo: “Yo sé, oh Señor, que no depende del hombre su camino, Ni de quien anda el dirigir sus pasos” (Jer. 10:23).

Más que sentido común, esto se trata de transitar por la vida obedeciendo al Señor.


Imagen: Lightstock.
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