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“Después de esto Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Allí se encontró con un judío que se llamaba Aquila, natural del Ponto, quien acababa de llegar de Italia con Priscila su mujer, pues el emperador Claudio había ordenado a todos los judíos que salieran de Roma. Pablo fue a verlos, y como él era del mismo oficio, se quedó con ellos y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas de campaña. Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, tratando de persuadir a judíos y a griegos”.

Hechos 18:1-4


En su absolutamente fascinante libro, Paul and First-Century Letter Writing (Pablo y la escritura de cartas en el primer siglo) (IVP, 2004), E. Randolph Richards busca determinar (entre muchas otras cosas) cuánto le pudo haber costado al apóstol Pablo escribir sus cartas, incluyendo obtener los materiales y la contratación de un secretario que hiciera una copia para él. Después de una extensa investigación y cálculo, determinó que, siendo modesto, le habría costado al menos $2000 dólares en la moneda de hoy escribir 1 Corintios. (Y eso no incluye el precio de enviar a alguien como Tito en un largo viaje para entregar la carta).

El autor pregunta: “¿Cómo fue que Pablo pagó por sus cartas?” y responde: “Es posible que la iglesia donde estaba sirviendo, o un patrocinador de la iglesia, cubriera los gastos. Es menos probable que Pablo pagara por la carta con sus ingresos como hacedor de tiendas de campaña. El trabajo de Pablo como hacedor de tiendas de campaña ha sido exagerado en tiempos modernos, particularmente en las discusiones sobre la metodología de la obra  misionera moderna”.

Richard continúa:

“Como viajero, Pablo no llevaba los suministros necesarios para realizar un negocio significativo como hacedor de tiendas de campaña. Es cierto hoy, e incluso más cierto en la antigüedad, que uno no ingresa a una ciudad e inmediatamente abre un negocio rentable. En el antiguo mundo grecorromano, conllevaba mucho tiempo establecer las relaciones necesarias para obtener los permisos necesarios para realizar negocios en una ciudad, tanto de los líderes de la ciudad como de los gremios correspondientes. En ocasiones, Pablo pudo trabajar en este negocio, pero solo en situaciones como en Corinto, donde en realidad estaba ayudando en un negocio establecido, con una tienda establecida, con proveedores regulares, propietarios con membresías en los gremios comerciales apropiados, y una clientela regular. Si bien él y su equipo pudieron haber realizado algunos trabajos menores por contrato (tal vez reparando carpas) para conseguir comida y alojamiento, Pablo dependía principalmente, al igual que todos los viajeros, de la hospitalidad y de los patrocinadores”.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por CASIAN.
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