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Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de El Catecismo de la Nueva Ciudad: La verdad de Dios para nuestras mentes y nuestros corazones (Poiema Publicaciones, 2018), editado por Collin Hansen. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

¿Qué es la oración del Señor?

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea Tu nombre, venga Tu Reino, hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno.

Mateo 6:9: “Ustedes deben orar así: ‘Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea Tu nombre…’” (NVI).

Cuando los discípulos de Jesús le pidieron que les enseñara a orar, Jesús les dio un modelo de oración.

Cuando decimos “Padre nuestro”, recordamos que el Dios que creó el universo es nuestro Padre en el cielo. Él es el Padre que provee. Él es el Padre que sustenta. Él es el Padre que protege. Y la oración nos recuerda que podemos correr a nuestro Padre para presentarle nuestras necesidades.

El modelo de oración del Señor nos enseña que somos totalmente dependientes de nuestro Padre para todas nuestras necesidades diarias

Pero Jesús también nos recuerda que Él no solo es nuestro Padre, sino que también es nuestro Rey. Así que cuando decimos: “Venga Tu reino, hágase Tu voluntad”, estamos reconociendo que nuestro Padre es el Rey. Venimos a nuestro Padre, quien es el Rey del universo y tiene total autoridad sobre todas las cosas. Nuestro enfoque debe estar, sobre todas las cosas, en nuestro Padre, quien es el Rey. Y el mayor gozo para Sus hijos es que Su nombre sea glorificado, que Su nombre sea conocido, famoso. Por ello debemos orar: “Dios, haz que Tu nombre sea famoso”.

La oración del Señor también es una oración corporativa. “Padre nuestro” nos recuerda que no somos hijos únicos. Nuestro deseo es asegurarnos de que Su nombre sea glorificado en toda la tierra. Finalmente, este mundo no es nuestro hogar y anhelamos que Su reino sea completamente establecido. Pero hasta entonces, Jesús nos recuerda que podemos acudir a nuestro Padre. Cuando le fallamos a nuestro Padre, cuando le fallamos a nuestro Rey, podemos pedirle perdón.

Es correcto y bueno para nosotros recordar que somos totalmente dependientes de nuestro Padre Rey, y que podemos correr a Él

El modelo de oración del Señor nos enseña que somos totalmente dependientes de nuestro Padre para todas nuestras necesidades diarias. Creo que las personas de hoy en día tienden a olvidar esto. Jesús nos dijo que oráramos de esta manera: “Danos hoy nuestro pan cotidiano”. Esto debería humillarnos.

Finalmente, mientras llega el Reino de Dios, tenemos que entender que estamos en una batalla espiritual y que necesitamos protección. Tenemos que pedirle a nuestro Rey que nos proteja. De hecho, el apóstol Pablo nos recuerda que en esta guerra espiritual no utilizamos nuestra propia armadura, sino la de Dios (Ef 6:10-18). Nos ponemos la armadura de nuestro Rey. Nos ponemos la armadura de nuestro Padre y peleamos en Sus fuerzas. Es correcto y bueno para nosotros—cualesquiera sean nuestras necesidades o circunstancias—recordar que somos totalmente dependientes de nuestro Padre Rey, y que podemos correr a Él. Podemos acudir a Él y pedirle aquello que necesitamos.

Mientras tengamos aliento, vivamos para hacer que el nombre de nuestro Rey sea conocido, glorifiquemos Su nombre, tanto como iglesia como individualmente, anhelando que venga Su Reino. Anhelemos el regreso de Jesús, y no olvidemos que mientras llega ese día, Él perdonará nuestros pecados, proveerá nuestro pan cotidiano y nos protegerá del maligno.

Oración: Padre celestial, cuando hagamos la oración que nos enseñaste, guárdanos de recitar palabras huecas. Permite que estas peticiones sean el clamor de nuestros corazones. Que Tu Reino descienda sobre nosotros y a través de nosotros para la gloria de Tu nombre. Amén.


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