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¿Por qué Jesús fue bautizado si nunca pecó ni se arrepintió de algo? La clave de la respuesta a esta pregunta la da el mismo pasaje que relata el bautismo de Jesús (Mt 3:1-17), porque este provee un orden de presentación preciso que se debe considerar con atención.

  • En primer lugar, se presenta el sentido exacto del bautismo de Juan, es decir, el arrepentimiento general por la condición de pecado de todo el pueblo (3:1-10).
  • En segundo lugar, las características del Mesías anunciadas por Juan (3:11-12). Eso permite evitar confusiones que lleven a concluir que Jesús se bautiza por su propia necesidad de arrepentimiento.
  • En tercer lugar, a lo anterior añadimos la reticencia de Juan a bautizar a Jesús (3:13-14). Juan lo engrandece y reconoce que debería ser bautizado por Jesús y no al revés.
  • En cuarto lugar, Jesús respondió a Juan: “permítelo ahora” y “es conveniente que cumplamos así toda justicia” (3:15a). Con estas palabras, Cristo explica la razón del bautismo a pesar de que Él es impecable. Lo que Mateo muestra a continuación es que toda duda se disipa y “entonces Juan se lo permitió” (3:15b).

Analicemos las palabras de Jesús: El “permítelo ahora” es una orden dada a Juan, donde el propósito particular no es el objetivo aquí. Es solo por esta oportunidad, es una deferencia especial para ese Jesús majestuoso. A su vez, el cumplimiento de “toda justicia” no es fácil de interpretar. Sin embargo, eso es exactamente lo que Jesús vino a hacer: cumplir toda la ley e identificarse plenamente con la humanidad al cumplir todo lo que la humanidad pecadora no puede cumplir.

“Jesús se sometió voluntariamente al bautismo de Juan, incluso insistió al respecto (contra las protestas de Juan) porque en su papel de Mesías era necesario que se sometiera a todos los requisitos de la ley de Dios para Israel. En su identificación con su pueblo, Jesús fue bautizado para cumplir con toda justicia. Cuando Jesús entró en el río Jordán para ser bautizado por Juan, este acontecimiento marcó el inicio del ministerio terrenal de Jesús. Aquí no solo se identificó con el pecado de su pueblo, también fue ungido por el Espíritu Santo para el ministerio. En un sentido esta fue la ordenación de Jesús” (Biblia de Estudio de la Reforma, p. 1663).

Así como Jesús fue a la cruz cargando nuestros pecados (no los suyos), en su bautismo no fue con sus pecados en arrepentimiento, sino cumpliendo toda justicia al llevar los “nuestros” al identificarse por completo con la humanidad. Así cumple simbólicamente toda “justicia”.

Podría inferirse que, así como Jesús venció a la muerte y fue resucitado por el poder del Espíritu debido a que no se le podía cobrar la muerte porque él es sin pecado, así también la voz del Padre y el descenso del Espíritu de forma evidente como paloma son una demostración de que se cumple “toda justicia” y el Mesías recibe el ungimiento divino para la tarea que tiene por delante. Las dos columnas de su identificación perfecta con la humanidad pecadora se dan en el bautismo y la cruz. Y de ambas sale victorioso y cumpliendo “toda justicia”.

Un detalle adicional es que Mateo dice que “Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron…” (Mt 3:17, LBLA, cursiva añadida). Esta manifestación es de apertura. Al final del Evangelio, nosotros leemos lo siguiente: “Entonces Jesús, clamando otra vez a gran voz, exhaló el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos… y la tierra tembló…” (Mt 27:51, cursiva añadida). Podríamos escribir algo muy precioso justamente con la idea de la visibilidad del cumplimiento de “toda justicia” en Jesús al inicio y al final de su ministerio terrenal.

Por último, es interesante notar que el evangelio de Juan no menciona el bautismo de Jesús propiamente como tal, pero sí hace énfasis del mismo orden presentado por Mateo en donde se muestra la necesidad de arrepentimiento, la grandeza y diferencia de Jesús, y el ungimiento de Jesús con el descenso del Espíritu. En ambos casos, lo notorio es el inicio por unción divina del ministerio terrenal de Jesús. Dietrich Bonheffer lo presenta de la manera siguiente:

“Solo más adelante podrá ser captada la profunda significación de este acto por el cual Jesús se identifica con su pueblo, carga con su culpa y recibe con y para ellos el bautismo del arrepentimiento”.[1]


[1] Comentario Bíblico Bacon en diez tomos: Tomo VI (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1969) p. 39.
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