¿Por qué hieren las iglesias a sus pastores?

Un renombrado pastor reformado, gran predicador, líder visionario, y hombre amable, soportó las críticas de su iglesia que casi lo hacen perder la esperanza. Le dijo a uno de sus confidentes: ‘‘Tras doce años de ser pastor, tuve que poner un muro entre mi gente y yo para no terminar renunciando al ministerio”. 

“Jack” era otro pastor estimado, un excelente predicador con admirables habilidades de organización, quien promovió el crecimiento saludable de la iglesia y dirigió numerosos ministerios por toda la ciudad. Cuando se retiró, los líderes del equipo de búsqueda pastoral me visitaron. Pasamos una hora conociéndonos, entonces su presentación comenzó. Al poco tiempo, me sentí obligado a interrumpir: “Por favor, no me digan que su objetivo es encontrar un pastor principal que tenga más cualidades de pastor que Jack”. 

Miraron hacia abajo y dijeron: “¿Cómo supiste?”.

Respondí: “Jack es amigable y con habilidades sociales, pero claramente no es tan sociable como ustedes. Acabamos de pasar una hora hablando de nuestras familias. Jack siempre está ocupado predicando, enseñando, y liderando. Su iglesia tiene alrededor de 1,500 personas, así que saben que no puede conocer a todos. Pero están tristes de que no conozca realmente a los 60 ancianos. Ya que lo admiran a él, anhelan conocerlo mejor, y esperan conocer bien a su siguiente pastor. Pero nadie tiene los mismos dones y talentos, y el tiempo de todos es limitado. Por lo tanto, si están buscando un hombre inclinado al pastoreo, encontrarán inevitablemente que será menos devoto a predicar o liderar. Pero tras veinte años con Jack, la iglesia espera y necesita un pastor experimentado que predique y lidere con excelencia. Si ustedes quieren un predicador talentoso, que sea un gran maestro, y que también pastoree, ustedes quieren un pastor perfecto”.

En pocas palabras, el comité amaba a Jack, pero también pensaba: “Necesitamos componer sus debilidades”. Olvidaron que todos tenemos debilidades.

‘‘Necesitamos componerlo’’

Mi trabajo frecuentemente lleva a prolongadas conversaciones con ancianos, líderes no ordenados, y pastores de iglesias grandes y complejas. Con raras excepciones, las iglesias, ya sean recién instaladas o fieles por muchos años, tienden a compartir su opinión sobre las imperfecciones de sus pastores. Las buenas iglesias desearían que fuera de otra manera, pero normalmente piensan que todo estará bien si el pastor mejora, y por eso cuidan mejor de él.

Al principio, las iglesias desean cuidar a sus nuevos pastores, especialmente si son mayores. Quieren asegurarse de que tenga tiempo para su familia, que no trabaje demasiado, que se una a un gimnasio o algún club. Quieren tratarlo bien, seguramente mejor que al pastor anterior, quien terminó su período pastoral visiblemente exhausto. Esta intención normalmente es más entusiasta que determinada, ya que el sentimiento cambia unos años después, durante el tiempo del pastoreo.

El problema principal casi siempre es la crítica y la oposición. Todo pastor que lidera efectivamente una iglesia influyente se enfrentará ante la oposición. Héroes como Anselmo, Crisóstomo, Lutero, Calvino, Wesley, y Edwards, recibieron feroz resistencia e incluso hostilidad. Ya que promulgaron reformas esenciales y abordaron debates teológicos importantes, la confrontación era inevitable. 

Cualquiera con grandes habilidades e influencia se convierte en un blanco fácil. Igualmente, una iglesia que crece rápido despertará oposición en su comunidad, ya que los vecinos protestarán el aumento del tráfico, y los pastores cerca —posiblemente motivados por celos— imaginarán que detectan heterodoxia.

Estos problemas son inevitables pero manejables. El reto principal se encuentra en la misma iglesia del pastor.

Cinco causas de la crítica

Esta primavera hablé a un grupo de pastores de iglesias grandes, al igual que miembros del personal, y ancianos. Durante una sesión de preguntas y respuestas, un anciano preguntó: “¿Cuál es problema más grande que enfrentan los pastores hoy en día?”. Respondí: ‘‘El problema más grande es la oposición interna de colíderes subversivos y críticos autoproclamados de la iglesia”. Los pastores soltaron un gemido de común acuerdo.

Mencionaré brevemente cinco causas de la crítica, y me enfocaré en la quinta.

Primero, un pastor puede enfrentar antagonistas declarados quienes mentirán, engañarán, y manipularán para destruirlo y controlar la iglesia.

Segundo, un pastor debe negociar con personas talentosas y exitosas, y por lo tanto obstinadas, quienes lo aman pero piensan que está totalmente equivocado sobre un tema crítico.

Tercero, un pastor paga por el error de sus subordinados. Si un miembro del personal comete un pecado grave, el pastor a cargo es enfrentado con preguntas: ¿Acaso falló en abordar un problema emergente? Pero las catástrofes pueden ser impredecibles.

Cuarto, un pastor ve problemas que parecen invitar, y aun demandar, una reforma. La mayoría de la gente se resiste al cambio. Además, aquellos comprometidos con el orden que ya existe se inclinarán por resistir propuestas que lleven a un nuevo sistema. Los pastores nuevos saben que es sabio retrasar los cambios, y si es posible, construir confianza al hacer mejoras no controversiales. Los grandes cambios llegarán después.

Maquiavelo dijo no hay nada más difícil en el liderazgo que crear un nuevo orden. A todos lo que les ha ido bien bajo el sistema viejo serán un enemigo, y todos a los que les puede ir bien en el nuevo orden serán aliados indiferentes. Maquiavelo es innecesariamente pesimista, ya que un orden con fallas manifestadas atrae a los reformistas, y hay una minoría a quien simplemente le gusta el cambio. Sin embargo, los pastores enfrentan oposición cuando inician el cambio.

Pero quiero enfocarme en la crítica directa a las fallas genuinas del pastor. 

Finalmente, todo pastor experimentado debe recibir crítica por dos razones. Principalmente, todo pastor es un pecador. Los pastores pecan en sus vidas privadas y en su trabajo. Cuando están frustrados, se vuelven severos o se enojan. Cuando la autodisciplina mengua, se preparan inadecuadamente para predicar, liderar, o pastorear.

Además, ningún pastor tiene todas las habilidades para liderar adecuadamente. Sin lugar a dudas, algunos pastores carecen de disciplina y capacidades esenciales. Pero vamos a enfocarnos en pastores con carácter, talento, y capacidad para trabajar. Incluso ellos, por sus incompetencias y fallos, son frecuentemente y ferozmente criticados por su propia gente, quienes no tienen vergüenza.

Por ejemplo, los pastores experimentados y con gran talento como predicadores y liderazgo sufren crítica por no tener habilidades con las personas. Algunos pastores son socialmente incómodos, y distantes. Pero aun los pastores amigables y perceptivos deben escuchar críticas de este tipo. ¿Por qué? Los que tienen talento y dones superiores como predicadores y líderes probablemente son menos expertos lidiando con personas. ¿Quién sobresale en todo? Más allá de eso, los pastores experimentados tienen horarios demandantes que los puede hacer ver ásperos. Todos tenemos límites. Los pastores fieles enfrentan demandas de su tiempo que no les permite socializar libremente. Esto es inevitable, y aun así ofende. Y sí, el pastor ideal sería igualmente apto en (1) predicar y enseñar, (2) proyectar la visión y liderar, (3) aconsejar y orientar. Pero no hay ser humano que destaque en todas las áreas. 

Considera que Dios ordenó tres oficios continuos para Israel: profeta, sacerdote, y rey. Ninguno excepto Jesús tuvo los tres oficios. Algunos tuvieron hasta dos: Melquisedec fue sacerdote y rey, Moisés fue profeta y rey líder, y David fue rey y profeta, por lo menos informalmente a través de sus salmos. Aun si añadimos unos cuantos líderes más con dos oficios, casi ninguno los llegó a tener, y definitivamente ninguno excepto Jesús tuvo los tres.

La conclusión es clara: ninguna iglesia debería esperar que su pastor sobresalga en los aspectos proféticos, reales, y sacerdotales en su liderazgo piadoso. Nadie es igual de talentoso y apasionado sobre lo profético (enseñar y predicar), lo que concierne al rey (liderar y organizar), y lo sacerdotal (pastorear y orar). Incluso si un pastor es capaz en cada área, una será estimulante y la otra agotadora.

Una mejor manera 

¿Por qué la iglesia critica tanta libertad y crueldad a su pastor por quedarse corto en ser perfecto? ¿Por qué olvidamos que solo Jesús es perfecto, y que solo Él puede redimir? El demandar de alguien talento perfecto, santidad, y una forma de trabajo siempre efectiva es semejante a la idolatría. Las iglesias centradas en la gracia deben saber esto. Pero las iglesias idolatran a sus pastores un día y los critican ferozmente al siguiente. No nos gusta quedarnos callados cuando algo nos decepciona, y a menudo no nos comportamos como discípulos.

El autor de Hebreos habla de una mejor manera: “Acuérdense de sus guías que les hablaron la palabra de Dios, y considerando el resultado de su conducta, imiten su fe. Obedezcan a sus pastores y sujétense a ellos, porque ellos velan por sus almas… Permítanles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para ustedes” (He. 13:7, 17).

Nota del autor: con la excepción de una cita de un pastor que murió hace años, las ilustraciones de este artículo han sido cambiadas, y capturan el espíritu de muchas conversaciones. Cualquier parecido con alguna iglesia en particular es accidental. 


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Vency Bretón.
Imagen: Lightstock. 
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