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Ateísmo práctico

Tal vez has tenido un día como este: La alarma te despierta y —poco después— aturdido, buscas tu teléfono inteligente para verificar tu agenda y ver si tienes algún correo electrónico. Comienza una ráfaga de actividades: ducharse y vestirse, asegurarse de que los niños tomen el autobús para el colegio, comer algo rápido y luego empezar la jornada laboral. Unas dieciséis horas más tarde, cuando tu cabeza toca la almohada, sientes una oleada de vergüenza cuando se te ocurre que ni una sola vez en todo el día pensaste en Dios y mucho menos en orar. Para todos los efectos, pasaste este día como un ateo práctico.

Si has visto la película El mago de Oz, tal vez recuerdes que una de las mayores amenazas a las que se enfrentan Dorothy y sus amigos en su búsqueda de la Ciudad Esmeralda no es un monstruo aterrador: es dormir. El campo mágico de amapolas en el camino los adormece irresistiblemente y amenaza con terminar su viaje. De manera similar, en nuestros días, enfrentamos constantemente el peligro de la somnolencia espiritual. Vivimos en lo que se ha denominado una «era secular», una época en la que los pensamientos sobre lo que es eterno y trascendente se eliminan casi por completo de nuestra comprensión cultural. La presión constante es hacia el ateísmo práctico, dormirse ante la gloria de nuestro Dios.

Gálatas se escribió para despertarnos, porque cada aspecto de Gálatas dirige nuestra atención a Dios.

El evangelio de Dios…

La sección inicial de la carta gira en torno a un punto simple: el evangelio cristiano es el evangelio de Dios. No es algo que se le ocurrió a Pablo por medio de su propio genio creativo y este mensaje tampoco fue algo que recibió de otros líderes cristianos. El Dios eterno se dio a conocer a Pablo. Por medio del Cristo resucitado, Dios es quien anunció a Pablo el evangelio. Viene de Él.

Las implicaciones de esto para Pablo eran claras. Dado que este evangelio es de Dios, es un regalo precioso y sagrado. Nos ofrece palabras de vida y de libertad, porque escuchar el evangelio es escuchar a Dios mismo. Lo contrario también es cierto: ignorarlo o pervertirlo es la muerte. Cuando los líderes y maestros de la iglesia ajustan el mensaje del evangelio o le añaden cosas para hacerlo más relevante y aceptable para su audiencia, están persiguiendo su propia destrucción. Eso era cierto en los días de Pablo y es cierto también en nuestros días.

… de la salvación de Dios…

La parte media de Gálatas se enfoca en la salvación que proclama este evangelio y, de nuevo, el enfoque está en Dios. Estos capítulos declaran verdades que alimentaron la enseñanza de los reformadores. Pablo rechaza con vehemencia la creencia de que la obediencia a la ley de Moisés, o cualquier otra forma de esfuerzo humano, contribuya de alguna manera a hacernos justos a los ojos de Dios. Los cristianos se salvan por oír con fe el evangelio de Cristo. Es una salvación que viene por medio de la cruz en cumplimiento de la promesa de gracia de Dios y no por obligación a lo que se nos debe. Es una salvación que se experimenta en el poder del Espíritu y no en nuestras propias fuerzas. En todos los sentidos, nuestra salvación es de Dios.

A menudo gastamos gran parte de nuestra energía en buscar nuestra propia salvación, aunque probablemente no lo pensemos de esta manera. Trabajamos duro para demostrar a los demás (¿y quizás a Dios?) que somos simpáticos e incluso admirables. Buscamos, por medio de ganancias y decisiones cuidadosas, asegurarnos de que nuestras vidas sean seguras y cómodas. Tratamos de alcanzar la felicidad con el sudor de nuestra frente. Sin embargo, el evangelio nos enseña que todo lo que realmente queremos y anhelamos viene de Dios y nos llega como un regalo, para ser recibido por la fe. Cuando se entiende correctamente, toda nuestra vida puede vivirse como una respuesta gozosa a todo lo que Dios ya ha hecho por nosotros.

… hacia la libertad dada por Dios

Gálatas hace más que describir cómo se llevó a cabo nuestra salvación. También habla del resultado de nuestra salvación: la vida de libertad que la salvación da a los creyentes. Pablo nos recuerda esto: «Para la libertad fue que Cristo nos hizo libres» (5:1). Esta libertad solo puede entenderse en relación con Dios.

En la actualidad, la libertad se trata de elecciones. Esencialmente, la «libertad» es la capacidad de hacer lo que queramos, siempre y cuando no lastimemos a nadie más. Trágicamente, esta comprensión de la libertad nos está destruyendo, porque nos priva de las mismas cosas que nos hacen más humanos y vivos. La plenitud humana solo se alcanza cuando somos fieles a nuestros compromisos y principios, mostrando amor sacrificial hacia los demás y, sobre todo, adorando al Dios verdadero. Sin embargo, cada una de estas cosas se consideran contrarias a la libertad humana, ya que cada una de ellas nos impone restricciones.

Gálatas nos ofrece una visión diferente y mucho mejor sobre la libertad. La libertad es ser, en Cristo, hijo del Dios Altísimo. Más que ser una libertad de, es una libertad para. Es la libertad de experimentar el amor de Dios que nos permite clamar a Él «Abba, Padre», la libertad de la confianza, sabiendo que somos herederos de todas las promesas de Dios, la libertad en el poder del Espíritu para servirnos unos a otros en amor. Esta es una libertad que nos conecta más profundamente con Dios en todos los sentidos y en esto encontramos la vida.

El evangelio de Dios sobre la salvación de Dios hacia la libertad dada por Dios. Ese es el latido del corazón de Gálatas. Por la mañana, cuando me despierto muy lentamente, mi antídoto para la somnolencia que siento es mi primera y gloriosa taza de café. Gálatas es una taza de café espiritual que nos despierta nuevamente a la realidad de Dios en nuestro mundo y en nuestras vidas.


Publicado originalmente en Crossway. Traducido por Martín Manchego.
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