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Hace poco prediqué sobre un texto bíblico muy conocido en los círculos de plantación de iglesias: Hechos 13. El texto nos muestra en sus primeros tres versículos que Pablo y Bernabé son enviados como misioneros desde la iglesia de Antioquía.

El estudio del pasaje me ha llevado a creer que muchas veces perdemos de vista su significado porque nos enfocamos en una pequeña porción del mismo y no en el contexto completo que abarca hasta el versículo 12. El texto señala que la misión del Señor sigue adelante, por medio de la dependencia del Espíritu Santo, contra la oposición que desea confundir a posibles creyentes. Pablo y Bernabé son guiados por el Espíritu a predicar al procónsul en Chipre y por medio del Espíritu logran enfrentar la oposición demoníaca de Barjesús. Entonces, nuevamente guiados por el Espíritu, consiguen avanzar en la obra y ella da fruto a pesar de la oposición.

¿Qué perdemos de vista? Que Pablo y Bernabé esperaron la guía e iniciativa del Espíritu Santo por medio de los ancianos locales para iniciar su misión. En otras palabras, Pablo, apóstol llamado a los gentiles por el Cristo resucitado, esperó que los pastores de su iglesia local lo enviaran.

Un modelo bíblico

Lo sorprendente es que esto ocurrió en un momento en el que la mies era mucha y no existían iglesias fundadas a las afueras de una pequeña región del mundo. Pablo tuvo una larga espera, entre 14 a 17 años, antes de recibir la encomienda por parte de los ancianos (que Dios asignó para que cuidaran de él y la iglesia local) para salir a plantar. Aquí vemos, entonces, que ser guiados por el Espíritu Santo es un hábito que se cultiva por medio del sometimiento a las autoridades dadas por Dios para nuestras vidas. Pablo pudo discernir la guía del Espíritu para ir a Chipre y oponerse a Barjesús porque había cultivado este sometimiento al Espíritu Santo por años en su iglesia local.

Ser guiados por el Espíritu Santo es un hábito que se cultiva por medio del sometimiento a las autoridades dadas por Dios

En contraste, hoy es preocupante observar muchas iglesias plantadas con buenas intenciones, pero que lamentablemente no siguieron el modelo bíblico en el que los plantadores son enviados desde una iglesia local y bajo la guía de sus ancianos. (Quizás fueron enviados por ancianos, pero no por los ancianos que Dios llamó a que el plantador se sometiera). He visto este patrón en toda Latinoamérica: de jóvenes saliendo de sus iglesias locales, donde les dijeron que deberían esperar, para en cambio empezar a plantar con apoyo de otra iglesia o movimiento.

¿A qué se debe esta tendencia? Creo que unas de las razones es que nos hemos creído, sin notarlo, la mentira de que los jóvenes son mejores que los adultos. La cultura contemporánea tiende a decirnos que los jóvenes son los propagadores de grandes cambios mientras que las personas mayores ya no tienen esperanza de ver la necesidad de ver progreso, adaptarse a la cultura y ser relevantes. Por ende, nos impulsa a valorar la juventud a expensas de la sabiduría necesaria para navegar el liderazgo de una iglesia.

Es cierto que en la Biblia vemos a muchos jóvenes apoyando la obra de plantación de iglesias, pero el anciano más joven que se presenta como tal es Timoteo y él estaba, según los estudiosos, cerca de los cuarenta años. Así que lo que podemos ver son jóvenes en el proceso de ser enseñados para responder a un llamado ministerial junto a personas que ya tienen experiencia producto de los años de servicio al Señor.

Por lo tanto, no deberíamos tener urgencia por enviar a hombres como plantadores de iglesias sin primero atravesar por los procesos y el tiempo necesarios. Si Pablo esperó durante 17 años antes de salir a plantar iglesias en lugares nunca se había proclamado el evangelio, sin duda podemos esperar unos años antes de enviar a alguien a países evangelizados. 

Seis principios a considerar

Pensando en esto, quisiera compartir algunos principios que pueden ayudar a posibles plantadores a honrar el modelo que vemos en Hechos 13 y cultivar la guía del Espíritu Santo:

1) Si estás en una iglesia relativamente saludable y tus pastores no afirman al 100% tu salida a la misión, no salgas. Veo a muchos jóvenes que afirman ser reformados, pero no creen en la providencia de Dios para situaciones como estas. Si Dios te puso en esta iglesia, el Señor lo hizo de forma providencial. Así que no trates de encontrar una salida a medias (por ejemplo, buscando el apoyo de otra iglesia si tus ancianos dicen que no van a impedirlo si lo haces).

2) No pongas a tus pastores en una posición difícil donde pareciera que son autoritarios. Por ejemplo, si ellos te dicen que debes esperar, pero tú respondes que otros pastores (de otra iglesia) dicen que tú estás listo para salir. Ningún pastor fuera de tu iglesia local debe dar su opinión sin el consentimiento de tus pastores. 

Aprovecha el tiempo en tu iglesia local para cultivar tu carácter y servir en la edificación de la congregación

3) Crea convicciones eclesiológicas y aplícatelas. Por ejemplo, estudia 1 Timoteo 5:22-25. Determina cómo se debería ver el no imponer las manos con ligereza. Piensa en cuánto tiempo debería pasar entre el momento en que alguien nuevo llega a tu iglesia y el día en que es enviado por la iglesia a plantar (un tiempo razonable para conocer su vida, aprender de su carácter, poder observar su matrimonio). Entonces aplica ese proceso para tu vida.

4) Aprovecha el tiempo en tu iglesia local para cultivar tu carácter y servir en la edificación de la congregación. Si tienes que esperar 10 años o más, podrás estar seguro de que durante ese tiempo honraste la enseñanza de Efesios 4:11-12 y lograste hacer un trabajo ministerial que causó que tu iglesia local quedara fortalecida.

5) No permitas que te impongan las manos con ligereza. Si decides salir de tu iglesia local por alguna razón, comienza desde cero en la nueva iglesia. Está claro que los ancianos deben conocer a las personas antes de enviarlos, así que asegúrate de que tus nuevos ancianos te conozcan antes de enviarte. Eso requiere tiempo.

6) Si saliste de tu iglesia local violando algunos de estos principios, toma tiempo para pedir perdón a los ancianos a los que no les prestaste atención ni escuchaste sus consejos. Medita sobre la restitución apropiada en este tipo de situación.

Finalmente, pienso que si no seguimos los medios prescritos por Dios fue porque no confiamos en Él. Somos tentados a pensar que Él nos necesita tanto, que somos la excepción a la regla y podemos ajustar los procesos para nuestro caso. Pero de nuevo, si Pablo pudo esperar por muchos años para salir a un mundo donde no había ninguna proclamación del evangelio, ¿no puedes esperar cinco para ir a la ciudad que está a 30 minutos de donde vives? Recuerda que la Iglesia es de Cristo y Él dio su vida por ella. Dejemos que sus métodos nos guíen.

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