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Lo reconozco, ningún ser humano es intachable, al menos no en todas las áreas de su vida. Pero veamos por qué uso este título para esta reflexión.

Pedro tenía un carácter impetuoso; Mateo fue un publicano traidor a los judíos; Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, eran pretenciosos (Mt 20:22). Así, cada discípulo de Cristo revelaba públicamente las luchas que libraba en su interior. Sin embargo, hubo uno de ellos de quien nadie profirió reproche alguno durante el ministerio de Cristo en la tierra. ¿Piensas en alguien? ¿Quizá en el discípulo amado? Él es un gran candidato, pero no hablo de Juan. Es alguien más.

El discípulo “intachable”

Estas son algunas características de ese discípulo:

  • Formó parte de los doce (Mt 10:2-4).
  • Nadie le increpó por algún comentario o comportamiento desubicado.
  • Se le tenía confianza.
  • El maestro le mostró su amor.
  • Solía sentarse junto al Maestro para comer.
  • Tuvo poder para expulsar espíritus y sanar enfermedades (Mt 10:1).

Esta lista describe a Judas Iscariote. Quizá te parezca increíble, pero los Evangelios revelan que los discípulos nunca sospecharon de la doble vida que Judas llevaba. Si piensas en los textos que denuncian a Judas, recuerda que los Evangelios se escribieron años después de los sucesos y que los discípulos entendieron todo después de la resurrección de Cristo (aunque también es cierto que en el Getsemaní lo identificaron como el traidor).

Las intenciones del discípulo “intachable”

El día antes de la Pascua, Cristo envió a Pedro y Juan a preparar la cena y el lugar (Lc 22:7-13). Al caer la noche del jueves, cuando empezó el viernes, Cristo se sentó a celebrar la Pascua con sus discípulos. Después de lavarles los pies, Él confesó: “En verdad les digo que uno de ustedes me entregará” (Jn 13:21). Todos se sorprendieron y se miraban unos a otros preguntándose: “¿Seré yo?”.

Después de Satanás, Judas será el más recordado por su papel negativo. Aún así, Dios lo usó para cumplir sus planes perfectos y para su gloria

¿Por qué nadie señaló a Judas ni sospechó de él? ¿Qué hizo que Judas pareciera “intachable” ante los doces? Solo Jesús sabía la verdad. Quizás nadie sospechó de Judas porque era el tesorero. “Si Cristo lo aceptó es porque tiene un perfil aceptable y confiable”, pudieron razonar los discípulos. Nadie sospechó de Judas porque se sentó junto al Maestro en la Pascua. ¿Cómo desconfiar de quien está junto a Cristo y maneja sus finanzas?

Una reconstrucción de la escena permite ver que Juan, el discípulo amado, estaba a la derecha del Maestro (Jn 13:23) y Judas se sentó a su izquierda. Estando junto a Cristo, Judas preguntó con cinismo, al igual que los demás discípulos, luego de escuchar que Jesús anunció al traidor: “¿Soy yo, Maestro?” (Mt 26:25).

Juan registra que Cristo respondió dirigiéndose solo a Judas: “‘Es aquel a quien yo le dé el pedazo de pan que voy a mojar’. Y después de mojar el pedazo de pan, lo tomó y se lo dio a Judas Iscariote” (Jn 13:26). Ningún discípulo sospechó de Judas porque vieron ese gesto de Jesús como una expresión cultural de afecto. Cristo no lo insinuó abiertamente frente a sus discípulos.

Juan describe algunos detalles sobre lo que pasó después de que Cristo le diera el pan a Judas:

“Y después de comer el pan, Satanás entró en [Judas]. Entonces Jesús le dijo: ‘Lo que vas a hacer, hazlo pronto’. Pero ninguno de los que estaban sentados a la mesa entendió por qué le dijo esto. Porque algunos pensaban que como Judas tenía la bolsa del dinero, Jesús le decía: ‘Compra lo que necesitamos para la fiesta’, o que diera algo a los pobres” (Juan 13:27-29).

Somos pecadores perdonados con una misión clara: predicar el evangelio con fidelidad y en santidad a toda criatura

¿Qué hubiera pasado si Pedro hubiese sabido que el traidor era Judas? Probablemente, con la espada que cercenó la oreja a Malco, Pedro habría arremetido contra Judas en el aposento alto. Pero no, Cristo no delató al traidor aun a pocos minutos para que saliera a concretar el plan asesino (Lc 22:1-6). Así estaba profetizado y así debía suceder para que se cumpliera el plan de salvación (Mt 26:23).

Muchas preguntas emergen sobre las implicaciones teológicas de lo que hizo Judas. Después de Satanás, quizá sea Judas el personaje más recordado por su papel negativo en la historia de la redención. Pero aún así Dios lo usó para cumplir sus planes perfectos y para su gloria (Jn 13:31-32).

Lecciones sobre el discípulo “intachable”

Cristo eligió discípulos con las mismas luchas que tiene todo ser humano. Cristo tuvo conocimiento pleno y propósitos claros al elegir a Judas, por eso sabemos que Él no se equivocó. Cuando la Biblia afirma que no hay justo (intachable) ni aun uno, no se equivoca (Ro 3:10). No podemos identificar las intenciones del corazón tan pronto y de manera correcta como Dios lo hace “porque Dios no ve como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón” (1 S 16:7). Por eso debemos estar conscientes de las lecciones que podemos aprender sobre Judas. Aunque hay muchas otras, te presento algunas:

  1. En las altas esferas del ministerio puede haber hermanos viviendo una doble vida y con “resultados aparentemente extraordinarios”, pero llegará el día en que se conozca todo sobre ellos (Mr 4:22).
  2. No todos son capaces de identificar y admitir las deficiencias éticas de un líder. Pero Dios revelará los cambios necesarios en su tiempo perfecto.
  3. Nuestras debilidades no impiden que Cristo nos use, pero Él nos llama a vivir en obediencia y sumisión para que el mundo sepa que nadie más merece gloria, porque solo Él es integralmente intachable.
  4. No nos deben sorprender las noticias de la caída de grandes líderes ni desanimarnos. Esto debe servirnos como advertencia de que todos somos proclives al pecado y no estamos exentos de caer en vergüenza y descrédito.
  5. Dios cumple su plan eterno aún en medio del pecado de los falsos creyentes, los cuales serán juzgados.

El mundo está lleno de pecado y corrupción. La iglesia no debe deshonrar a Cristo al perder las características de ser sal y luz en la tierra. No somos totalmente intachables; somos pecadores perdonados que gozamos de la dirección del Espíritu Santo, la compañía del Señor todos los días y la luz de la Palabra de Dios para cumplir con una misión clara: predicar el evangelio con fidelidad y en santidad a toda criatura.

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