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Nota del editor: 

El pastor John Piper recibe preguntas de algunos de sus oyentes de su programa Ask Pastor John. A continuación está su respuesta a una de esas preguntas.

Nuestro primer correo electrónico llegó el tres de octubre, de Marcus en Los Ángeles. Desde entonces, siguieron otros cien correos electrónicos, todos ellos preguntando sobre el escándalo sexual de Ravi Zacharias. Nuestros correos electrónicos se pueden resumir básicamente en tres preguntas: (1) Pastor John, ¿cómo está procesando usted mismo la tragedia? (2) ¿Cómo debemos pensar ahora en el legado del ministerio de Zacharias? Y (3) ¿qué le dirías a los que se han formado profundamente, o incluso se han convertido, a través de su influencia?

Entonces, aunque sus ministerios no se relacionaron mucho, usted recibió muchos correos electrónicos, como este, uno representativo de Jonah. “Hola, pastor John. Con las acusaciones fundamentadas de inmoralidad sexual en la vida de Ravi Zacharias, ¿cómo debemos procesarlas y responder a ellas? El impulso inicial parece ser borrarlo, ignorarlo y no volver a hablar de él. Pero eso no es lo que hacemos con David, un hombre conforme al corazón de Dios, quien cometió infames pecados de lujuria y adulterio, que llevaron al embarazo, el engaño y el asesinato. David es un hombre de gran fe del que hablamos y a quien celebramos hoy a pesar de sus graves pecados. ¿Está mal defender a los líderes espirituales contemporáneos a pesar de su pecado sexual? ¿La muerte de un maestro influye en esta decisión? ¿Sería más peligroso defender a un maestro vivo susceptible a mayores fracasos? Además, conozco a varias personas que llegaron a la fe gracias a Ravi. ¿Qué dirías para animar a un creyente que ahora soporta la prueba de que su padre espiritual sea derribado por su propio pecado?”.


Bueno, permíteme comenzar con una palabra sobre por qué yo sería tan lento para hablar. Una de las razones es querer saber todo lo que debería saber, y la otra es que simplemente no puedo imaginar el dolor que deben sentir los miembros de la familia y los asociados más cercanos. Que la gente evalúe y critique públicamente a un esposo, un padre, un amigo de mucho tiempo debe ser horrible. Y ahora voy a ser parte de eso.

Pero lo entiendo. Quiero decir, creo que la persona tiene razón al hacer esta pregunta, y esas cien personas tienen razón al preguntar: “Está bien, Piper, lo conocías, entonces, ¿cómo estás respondiendo en tu corazón y en tu mente a todo esto?”.

Tres ministros que cayeron

Déjame comenzar con algunos antecedentes bíblicos de ministros del evangelio quienes, durante un tiempo, hablaron la verdad de manera útil y luego naufragaron en sus vidas; de hecho, en su fe. Estoy usando estas ilustraciones de la Biblia, y estoy pensando aquí en Judas, Demas e Himeneo, todos los cuales son nombrados explícitamente por Jesús y Pablo.

Judas: El hijo de perdición

Según Juan 12:4-8, Judas fue muy crítico con la unción de los pies de Jesús por María con un perfume caro. Él dijo: “¿Por qué no se vendió este perfume por 300 denarios y se dio a los pobres?” (Jn 12:5). Juan comenta: “Pero dijo esto, no porque se preocupara por los pobres, sino porque era un ladrón, y como tenía la bolsa del dinero, sustraía de lo que se echaba en ella” (v. 6).

En otras palabras, durante mucho tiempo —unos tres años, digamos— Judas abusó de la confianza del Señor al robar lo que otros le habían dado al ministerio. Y supongo que durante todo este tiempo estuvo predicando el evangelio del reino, que fue enviado de dos en dos con otros, que hizo milagros, que disfrutó de las conversaciones más íntimas con el Hijo de Dios, Jesucristo. Todo el tiempo mientras era un “hijo de perdición” (Jn 17:12).

El engaño de Judas fue tan excepcional que ninguno de los otros doce sospechó siquiera de sedición y traición, porque se quedaron atónitos en la última cena cuando Jesús dijo: “uno de ustedes me entregará” (Mt 26:21). No miraron a Judas y dijeron: “Oh, por supuesto, es Judas”. Él era un maestro del engaño.

Una doble vida, vivida en contra de la conciencia cristiana, es un naufragio a punto de suceder

¿Y si entre las muchas personas que se convirtieron en seguidores de Jesús, algunos de ellos pudieron haber sido sanados por Judas y pudieron haber respondido a su predicación con fe en Jesús? Su predicación era tan ortodoxa, tan aparentemente auténtica, que ningún apóstol lo miraba diciendo: “Bueno, Judas nunca lo hace bien”. Ellos no hablaron así. Judas lo estaba haciendo bien. Estaba predicando la verdad.

Y para que nadie piense que un apóstol falso no puede hacer milagros, recuerde las palabras de Jesús:

“Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?’. Entonces les declararé: ‘Jamás los conocí; APÁRTENSE DE MÍ, LOS QUE PRACTICAN LA INIQUIDAD’” (Mateo 7:22-23).

Esas obras de iniquidad incluirían, por supuesto, cosas como el engaño generalizado; el uso desmedido y codicioso de los fondos del ministerio; la manipulación dañina de otras personas para sus propios placeres privados; los coqueteos adúlteros; y la continua búsqueda de provisión para la carne, contra el mandato explícito del apóstol en Romanos 13:13-14.

Demas: Enamorado de este mundo

Y luego está Demas. Dos veces escuchamos de Pablo que él es un socio fiel en la obra del evangelio junto a Pablo.

  • Colosenses 4:14: “Lucas, el médico amado, les envía saludos, y también Demas”. Él saluda a la iglesia.
  • Filemón 23-24: “Te saluda Epafras… también Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores”. Demas es considerado como un colaborador en el evangelio junto con Lucas, por todo el pueblo.

Y luego, en su última carta, vienen estas horribles palabras: “Demas me ha abandonado, habiendo amado este mundo presente, y se ha ido a Tesalónica” (2 Ti 4:10). Parece que, durante varios años, Demas fue un compañero de confianza en la obra de Pablo por el evangelio, al igual que Judas lo fue con Jesús. Y durante ese tiempo, no hay razón para pensar que él no predicó el evangelio verdaderamente y que la gente llegó a la fe, además de llegar a la fe a través de la predicación de Pablo. De lo contrario, Pablo lo habría enviado a casa como hizo con Juan Marcos (Hch 15: 37-39). “Ve a casa; no estás listo, Demas”. Y nunca hizo eso.

Pero llegó un momento en que se revelaron los verdaderos colores de Demas; es decir, lo que él realmente amaba. No se trataba de una verdadera realidad espiritual, sino de solo lo que esta época le ofrecía a través del trabajo religioso: cosas como la asociación con personas notables, acceso al dinero, experiencias de poder, elogios por la elocuencia, alabanzas por el coraje. Hay muchos placeres mundanos que se pueden disfrutar haciendo el llamado “trabajo de otro mundo”. Pero Demas decidió dejar de jugar y abandonó a Pablo.

Himeneo: Náufrago blasfemo

Y luego, en tercer lugar, está Himeneo. Pablo le dice a Timoteo:

“[Pelea] la buena batalla, guardando la fe y una buena conciencia, que algunos han rechazado [es decir, rechazaron la fe con una buena conciencia] y naufragaron en lo que toca a la fe. Entre ellos están Himeneo y Alejandro, a quienes he entregado a Satanás, para que aprendan a no blasfemar” (1 Timoteo 1:18-20).

Ellos parecían tener fe. Bueno, ¿qué pasó? No tenían fe con una buena conciencia. ¿Qué significa eso? Significa que, con el tiempo, empezaron a hacer cosas por las que su conciencia los condenaba. Pero en lugar de arrepentirse, encontraron formas de embotar su conciencia, hasta que su conciencia quedó tan cauterizada que pudieron justificar comportamientos que eran simplemente espantosos, hasta el punto en que Pablo dijo que “naufragaron en lo que toca a la fe”. Una doble vida, vivida en contra de la conciencia cristiana, es un naufragio a punto de suceder.

Entonces, las lecciones de Judas, Demas e Himeneo son muchas. Aquí hay tres:

  1. Los hipócritas pueden decir la verdad que salva el alma y exalta a Cristo.
  2. Abandonar una buena conciencia es el preludio de un desastre moral.
  3. La acumulación de dinero y la búsqueda de estilos de vida lujosos en el ministerio son las campanas de alarma del amor por este mundo.

Verdad floja y simpatía sin ataduras

Ahora permíteme hacer dos observaciones sobre Ravi en particular.

Primero, la forma en que Ravi narró públicamente sus experiencias personales pasadas realmente me preocupó. Siempre me resultó difícil escucharlo por esa misma razón. Su estilo retórico era muy distinto en este sentido. Si escuchas alguno de sus sermones, te darás cuenta. Él recordaba un encuentro con alguien, y luego procedía a narrar el intercambio con citas exactas: “Fulano de tal dijo esto, y luego dije esto. Y luego fulano de tal respondió con esto”.

No permitas que las imperfecciones y fallas de los hombres te alejen de las perfecciones y los triunfos de Cristo

No recuerdo que él advirtiera a la audiencia que, en realidad, esto eran aproximaciones (en el mejor de los casos) de su recuerdo de lo que se dijo. No me gusta ese tipo de pretensión de precisión en un relato recordado de memoria. Me sonaba descuidado en el mejor de los casos y deshonesto en el peor. De todos modos, realmente me incomodaba. Y mirando hacia atrás, no puedo evitar preguntarme si eso en él era un síntoma de falta de sentido de la verdad sobre su experiencia.

Aquí hay una segunda observación, y es mucho más importante que lo que acabo de decir. Hay una lección que aprender de la manipulación de la gente por parte de Ravi, una lección que aprender sobre la necesidad de una simpatía atada. Y lo que quiero decir es esto: cada vez que se requiere simpatía, ella debe estar atada a la verdad, de modo que se dé generosamente cuando la verdad lo requiera, y se retenga cuando la verdad choca con ella. Y solemos pensar en este tema de simpatía atada con respecto a las víctimas de abuso que finalmente dan un paso al frente con gran riesgo y dicen la verdad. En ese momento, puede ser muy controversial decir que debe haber una simpatía atada, una simpatía que abunda, bendice, ayuda y sana, de acuerdo con la verdad.

Pero me parece que hay otra lección que aprender, a saber, una lección sobre el valor de la simpatía atada —por encima de la crisis del abuso revelado y del punto en el que estaba ocurriendo el abuso. ¿Cómo manipuló Ravi a la gente para que le enviara pecaminosamente fotos de desnudos? ¿Cómo manipuló a la gente para que le proporcionara pecaminosamente estimulación sexual? Lo hizo exigiendo simpatía sin ataduras. Se describió a sí mismo como un guerrero herido, agobiado y atribulado por la justa causa del evangelio. Irónicamente, convirtió su posición de poder en una forma de necesidad y herida, y luego trató de coaccionar una simpatía sin ataduras con el pretexto de pedir una “terapia del reino para el guerrero herido”.

He visto este tipo de manipulación, Tony. He visto este tipo de demanda y manipulación de simpatía sin ataduras repetidamente entre los líderes cristianos caídos: “Las cargas son tan grandes. Las heridas son tantas. Los que me comprenden son tan pocos. El peso del ministerio fiel, oh, es tan grande. Merezco un poco de alivio. Ten algo de compasión por este pobre guerrero herido. Empatiza con tu héroe asediado. Necesito tu cuerpo si quiero continuar en la obra del Señor”. A lo que la asistente administrativa o el viejo amor de la universidad o la adolescente en el vestuario debería decir: “Eso es repugnante. No vuelvas a hablarme así nunca más. Mi simpatía no se vende; está atada a la verdad y la justicia”.

Jesús nunca falla

Creo que lo último que les diría a aquellos que vinieron a Cristo bajo el ministerio de Ravi, o quienes tuvieron su fe poderosamente fortalecida por lo que él enseñó, es esto: No permitas que las imperfecciones y fallas de los hombres te alejen de las perfecciones y los triunfos de Cristo, quien nunca, nunca te fallará.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Equipo Coalición.
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