Pastor: Cuídate del agotamiento espiritual

Pastor: Cuídate del agotamiento espiritual

El pastor no fue diseñado para cargar las cargas de su congregación.

El teléfono suena y es un miembro de la iglesia. “Pastor, ¿nos podríamos reunir? Estoy pasando una situación difícil”. De inmediato siento el dolor de la persona con que estoy hablando, aun sin saber detalles.

Los pastores enfrentamos diversas situaciones con los miembros de nuestra iglesia. Son los gajes del oficio: “Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo” (Gal. 6:2). No hay semanas predecibles. No sabemos las llamadas que vamos a recibir, de bendición o de adversidad. No tenemos forma de conocer quién va a pasar por nuestra oficina. Ni siquiera tenemos certeza de quienes llegarán cada domingo. Vemos muchas situaciones de consejería que son sumamente pesadas. Aunque planificamos nuestro horario para la semana, Dios nos trae situaciones que jamás hubiésemos planificado.

Regularmente no tenemos el gozo de pasar tiempo con las ovejas saludables. La mayoría de nuestro tiempo es con ovejas heridas, débiles, dolidas, o enfermas. Por supuesto, aunque no siempre sea evidente, esto tiene un gran impacto sobre el estado emocional del pastor. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente? (cp. 2 Cor. 2:16). Debido a estas y tantas otras cosas, muchos pastores viven en agotamiento emocional y espiritual.

Por eso, pastor, quiero que sepas algo. Te ruego que me prestes atención a esto:

Tú no fuiste diseñado para cargar las cargas de tu congregación

Los pastores del redil de Cristo sienten un gran amor por cada congregación. Oramos por ellos. Pensamos en ellos. Mientras preparamos los sermones, pensamos en personas que necesitan las palabras de Dios que vienen ese domingo. Cuando predicamos, nuestros ojos recorren el salón, viendo caras específicas y conociendo los sufrimientos y los dolores que están por debajo de la sonrisa. Al acostarnos, oramos por las situaciones difíciles que la gente está viviendo. Muchos pastores llevamos con nosotros el dolor y el pecado de las ovejas (2 Co. 11:28-30).

Sin embargo, todo ese amor tan bueno y sincero fácilmente se transforma en un complejo de Mesías; no en el sentido de querer salvarlos necesariamente, pero sí en el sentido de sentirnos necesarios para ellos. Podemos llegar a sentirnos imprescindibles para su crecimiento espiritual, indispensables para consolar sus sufrimientos, irremplazables para su aprendizaje de la Palabra. Y ya que no podemos con tal carga, terminamos agotados.

El apóstol Pablo nos muestra Pablo algo diferente en 1 Timoteo 2:5: “Porque hay un solo Dios, y también un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre”. Las ovejas necesitan muchas otras cosas más que a su pastor. Particularmente, necesitan el evangelio, la Palabra, y el Espíritu Santo.

El evangelio

No hay mayor esperanza para la humanidad que el saber que el Dios que antes estaba airado justamente con nosotros ahora nos ofrece una libre entrada a su Trono por medio del sacrificio de Su Hijo. Estas son las mejores noticias de todos los tiempos. Y son las noticias que necesitan las ovejas. Ellas necesitan la esperanza de un Salvador quien ha pagado por su pecado, no solo de un pastor quien les ayuda mortificar su pecado. El poder del pecado no puede ser liberado por nuestras palabras, ni por nuestros consejos. Solo el evangelio da libertad del pecado. Recuérdale a tu alma que, cuando aconsejamos y predicamos, nuestra esperanza no está en nuestra habilidad retórica, sino en el mensaje que compartimos. De esta manera le estarás dando a tus ovejas lo que más necesitan, y podrás descansar en tu Salvador.

La Palabra

Pablo nos dice en 2 Timoteo 3 que la Palabra de Dios es “útil”. La Palabra es útil para enseñar, reprender, corregir, y muchas otras cosas. Si lo que acostumbramos dar a las ovejas son nuestros consejos y no apuntarles directamente a la Palabra de Dios, entonces nos volveremos necesarios en sus mentes y terminaremos exhaustos. Es por eso que nunca es pérdida de tiempo usar tiempo de “oficina” para estudiar la Palabra de Dios. Al estudiar la Palabra tendremos el material verdaderamente útil.

Encontramos y otorgamos descanso estudiando, aconsejando y predicando la Palabra. Y también podemos ayudar a nuestras ovejas a que ellas lean la Palabra de Dios, y a enseñarles cómo hacerlo. Es posible que hayamos elevado la predicación dominical de la Palabra a un nivel más alto que la lectura diaria de la Palabra. La Palabra es lo que importa. Y esa Palabra debe ser expuesta los domingos desde el púlpito, y de lunes a sábado en los hogares de nuestra ovejas. Deberíamos tener mucho cuidado de no generar una dependencia del estudio del Pastor, lo que dejaría a nuestras ovejas hambrientas y a nuestras almas exhaustas.

El Espíritu

Veremos a los miembros de las iglesias pasar todo tipo de sufrimiento. También les veremos luchar con todo tipo de pecado. A veces se enojarán con nosotros, no les gustará nuestro consejo, y se alejarán. En estos momentos nuestra esperanza y fe tiene que estar arraigada en lo que creemos del Espíritu. Él es el gran consolador y el gran confrontador. Cuando hay dolor, Él es mucho mejor para consolar que nosotros. Cuando hay pecado, Él es mucho mejor para confrontar que nosotros.

Aquí yace la importancia de la vida de la oración. Pastor, si solo estás hablando con las ovejas, sin hablar con Dios acerca de las ovejas, seguirás frustrado y cargado. Dios sabe lo que ellos necesitan. Pídele a Dios que, por medio de su Espíritu, Él obre. Que Él les dé el consuelo que necesitan. Que Él les confronte en su pecado. Que Él haga el cambio profundo en sus corazones.

Conclusión

Además de todo eso, los pastores vamos a fallar. Jamás podremos cumplir con la expectativa y exigencia de las ovejas. Tendremos días en que no podremos reunirnos, en que nos enojemos, en que nos falte compasión, en que les hablamos más fuerte de lo que deberíamos. Poner su esperanza en nosotros es una batalla perdida. Ellos no necesitan a un pastor imperfecto, ellos necesitan al único pastor perfecto, y es nuestra tarea apuntarlos hacia él, para su gloria y nuestro bien.

Pastor, descansa en que les has comunicado el evangelio, que les has enseñado la Palabra de Dios, y que el Espíritu habita en ellos. Eso es ser fiel al llamado que Dios ha puesto sobre tu vida.

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