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“Porque el que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados.” 2 Pedro‬ ‭1:9‬

¡Qué poco es lo que recordamos! Si pensamos en los años de nuestra niñez, juventud y las experiencias a lo largo de todos ellos, en realidad son pocas nuestras memorias de nuestra vida.

Lamentablemente muchas veces son nuestras peores experiencias las que permanecen grabadas en nuestra mente y corazón. En ese sentido es una evidencia de la gracia de Dios que no recordemos cada detalle. Sería como revivir otra vez esos momentos difíciles.

Sin embargo, nuestro problema mayor es olvidar muchas veces quiénes somos y lo que ya tenemos, especialmente a la hora de enfrentar los retos de vivir nuestra fe en este mundo en crisis.

El pasaje habla de ciertas cualidades en las cuales hay que meditar y ejercitarnos diligentemente. Nos ayudarán en este mundo: “la virtud, el conocimiento; el dominio propio, la perseverancia, la piedad, la fraternidad y el amor.” (Vs. 5-7‬).

Sin embargo luego dice que cuando éstas no son evidentes en nuestra vida, no es porque Dios no nos ayude, o porque ahora dependan solamente de nuestros esfuerzos. Al contrario, es más bien porque hemos olvidado que El ya nos ha provisto de ellas. Son, como dice el versículo, resultado de haber recibido el perdón de nuestros pecados, el tener esa nueva naturaleza, afectos, y el poder de Su espíritu obrando en nosotros.

Por eso el propósito mismo de esta carta, dice el apóstol Pedro, es recordarles lo que ya saben (Vs. 13, 15), de esas “preciosas y maravillosas promesas” (Vs. 4) que en “Su divino poder” nos ha dado para poder vivir nuestra vida así como la vida de fe. (Vs. 3).

Ésas son las buenas noticias para ti y para mí, que estas cualidades no son aspiraciones lejanas, pero a nuestro alcance y gracias a Su obra en nuestro favor.

Piensa en esto y encuentra tu descanso en Él.

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