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Con frecuencia, los libros sobre el matrimonio se abordan desde una de dos perspectivas: la teórica o la práctica. En ambos casos, ese enfoque en una cosa u otra provoca cierta carencia, ya sea de fundamentos o de ideas útiles para la vida. Me alegra decir que El Matrimonio que agrada a Dios, del pastor Joselo Mercado, es una excepción.

Debo confesar que empecé la lectura de este recurso con un poco de sesgo literario, apreciando fervientemente libros como Pacto matrimonial, de John Piper. Había leído algunos artículos y escuchado algunos sermones del pastor Mercado, pero me intrigaba saber cómo abordaría un libro completo sobre el tema.   

El autor organizó el contenido de manera que pueda leerse en un mes, con 4 capítulos (uno por semana) y 7 siete secciones por capítulo (una diaria). El equilibrio entre la teología del matrimonio fundamentada en el evangelio y una serie de experiencias personales compartidas con su esposa Kathy, hacen de este libro un tesoro para la iglesia que vale la pena leer en casa, con amigos, y en grupos de estudio. 

A continuación comparto 5 cosas que aprendí leyendo El Matrimonio que agrada a Dios:

1. El evangelio es el fundamento del matrimonio.

El primer capítulo se titula “Un fundamento necesario”. Antes de apresurarse a compartir experiencias o entregar una lista de pasos a seguir, el autor se asegura de establecer claramente de qué trata el material. No es un plan de acción ni un libro de autoayuda; este recurso busca afirmar nuestros matrimonios sobre el inamovible valor del evangelio.

“Este es el evangelio en acción en el matrimonio. Cuando la verdad de que hemos pecado contra un Dios infinito nos hace ver que, como Pablo afirmó en 1 Timoteo 1:15, somos ‘el primero de los pecadores’, esto nos ayuda a estar conscientes de nuestro pecado y tener una vida de arrepentimiento. Cuando ambos en el matrimonio tenemos esta actitud, entonces por la gracia de Dios hay esperanza de crecer juntos para Su gloria” (363).

2. Mi cónyuge y yo somos uno.

El autor nos recuerda que nuestra unidad como cónyuges se fundamenta en la unidad indivisible de nuestro Dios manifestada en la Trinidad. Así como Dios es uno, el esposo y la esposa son uno. Esto debe hacernos reflexionar en la manera en que actuamos hacia nuestra pareja: cuando hacemos algo por nuestro cónyuge, sea bueno o sea malo, lo hacemos a nosotros mismos también.

“Dios toma dos seres separados y los hace uno de forma sobrenatural cuando ambos intercambian votos de fidelidad libremente. Te puedes sentir lejos de tu cónyuge, pero la realidad es que estás más unido a tu cónyuge que con ningún otro ser humano. ¡Son uno!” (1601).

 3. La forma de relacionarnos en el matrimonio es de suma importancia.

Como cristianos, debemos representar la verdad en un mundo caído. La comunión entre cónyuges y la relación con la iglesia local son esenciales para mostrar cómo se ve un matrimonio que agrada a Dios. El matrimonio no es solo para la pareja, sino también para testificar al mundo de la gloria de Dios.

“Los creyentes casados debemos tener dos relaciones que se establecen bajo un pacto y que son de suma importancia en la tierra: la relación de matrimonio y la relación con una iglesia local. De la misma forma en que el matrimonio refleja la unidad de Cristo con la iglesia, ese matrimonio debe practicar esa unidad al estar unido con la novia de Cristo. Ser parte de la iglesia local es una manifestación del efecto del evangelio en un individuo y, por consiguiente, en su matrimonio” (2113).

 4. El disfrute mutuo es vital.

A lo largo de la historia y aún en nuestros días, la sexualidad ha sido un tema tabú en parte de la Iglesia. Sin embargo, el autor, a través de ejemplos bíblicos y experiencias personales, nos muestra el rol que tiene la comunión física en el matrimonio. “Dios lo diseñó de esa forma”, afirma Joselo, y por tanto debemos abrazar esta expresión dentro de los límites del pacto matrimonial.

“Estamos reflejando la búsqueda de Cristo por Su iglesia cuando buscamos a nuestro cónyuge. Cristo busca y protege a Su pueblo al amarlo y purificarlo. Esa búsqueda debe animarnos a buscar a nuestro cónyuge para protegerlo y purificarlo” (2626).

“Muchas veces dejamos que otras cosas como la vanidad del trabajo, lograr que nuestros hijos sean atletas, crear una cuenta bancaria abultada o que seamos reconocidos, impidan el poder gozar de las bendiciones sencillas de la vida como gozar de la mujer que amamos todos los días de la vida breve que el Señor nos ha concedido” (2508).

 5. La clave: recordar el evangelio.

Ya decía Santiago sabiamente que los pleitos y las guerras provienen de buscar nuestros propios deleites, de nuestro propio pecado. Si somos brutalmente sinceros, veremos que en cada discusión, en cada queja, y en cada insatisfacción se encuentra el hecho de que queremos tener la razón o de que sentimos que no tenemos lo que merecemos.

“Recordar lo que Jesucristo ha hecho de manera perfecta por nosotros nos dará amor, misericordia, paciencia y gozo que serán el fundamento renovado para un matrimonio que está fundamentado en la unidad que tenemos en Cristo. Ningún matrimonio es perfecto, pero podemos confiar en un Salvador perfecto que nos da la gracia para disfrutar de matrimonios extraordinarios para Su gloria” (2940).

Joselo y su esposa Kathy tienen una costumbre maravillosa. Cuando sienten que algo no está bien, cuando no alcanzan a ver cómo solucionar un problema, se dicen mutuamente: “Recuérdame el evangelio”. Me parece un consejo sabio que todos deberíamos seguir.

“Puedo identificarme con algunos que piensan que es imposible restaurar su matrimonio. Puedes verte tentado a pensar que los corazones están muy fríos, que ya se han hecho cosas que no pueden ser reparadas, que se han ofendido demasiado como para recibir perdón. Puedo entender tu reacción, pero admitirlo sería anular el poder del evangelio para restaurar lo que ya los humanos han dado por perdido. Cristo no vino solo para evitar que algunas personas se fueran al infierno. Parte de Su misión fue darle marcha atrás a los efectos de la caída en los seres humanos hasta que Él vuelva y todo sea restaurado. Una de las formas en las que el evangelio restaura en el presente es permitiendo que las relaciones rotas puedan ser restauradas” (3021).

Así como el evangelio es para toda la vida, tu matrimonio es para toda la vida. La única forma de cumplir el propósito más sublime que tenemos en este mundo —glorificar a Dios— es que ambos estemos dispuestos a dar nuestra vida por Cristo. Toma un tiempo para leer este recurso con tu cónyuge y descubran juntos cómo agradar a Dios en su matrimonio.


Imagen: Unsplash
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