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Las culturas del Medio Oriente están llenas de prácticas que para nosotros son extrañas y algunas hasta nos pueden parecer absurdas. Una de estas es la ley del levirato, una costumbre de los tiempos bíblicos que consistía en que una viuda sin hijos debía contraer nupcias con su cuñado, el hermano de su esposo recién fallecido. Así se define esta ley en la Escritura:

“Cuando dos hermanos habitan juntos y uno de ellos muere y no tiene hijo, la mujer del fallecido no se casará fuera de la familia con un extraño. El cuñado se allegará a ella y la tomará para sí como mujer, y cumplirá con ella su deber de cuñado. Y será que el primogénito que ella dé a luz llevará el nombre de su hermano difunto, para que su nombre no sea borrado de Israel” (Deuteronomio 25:5-6).

La primera impresión nos puede llevar a preguntarnos si la unión establecida por el levirato es la de una práctica incestuosa prohibida por la Ley mosaica, la cual afirma: “No descubrirás la desnudez de la mujer de tu hermano; es la desnudez de tu hermano” (Lv 18:16; cp. Lv 20:21). Lo que parece bastantre claro es que la Biblia enseña el levirato (aunque ella no usa esta palabra) y también la prohibición del incesto. Sin embargo, existe un caso especial donde hay una excepción.

“En la costumbre y la ley del levirato, la necesidad de la viuda de tener un hijo resulta en la excepción o suspensión de la prohibición contra una relación incestuosa con la cuñada. Es decir, lo prohibido (en general) del Levítico llega a ser un requisito legal en Deuteronomio 25:5-10”.1

Para aplicar el levirato, Deuteronomio establece un protocolo a seguir de acuerdo con las circunstancias de cada familia. Aquí hay algunas de las prescripciones más comunes y que vemos en otras partes de la Escritura:

1) La viuda debía casarse con su cuñado si su marido fallecía y ella no tenía hijos (Dt 25:5).

2) El primogénito nacido en esta nueva unión matrimonial, al cumplir el levirato, llevaría el nombre del fallecido (Dt 25:6).

3) Si el individuo no quería redimir a la esposa de su hermano fallecido, ella debía informar públicamente y aquel hombre quedaría expuesto a vergüenza pública (Dt 25:7-10).

4) Cuando el individuo redimía a la esposa de su hermano fallecido estaba obligado a procrear con ella para garantizar que la estirpe del finado no fuese borrada. Esto era tan serio que el redentor podía morir si se rehusaba a procrear, como en el caso de Onán, cuya consecuencia se llegó a conocer como onanismo (Gn 38:6-10).

5) El levirato es la ley que se cumple al redimir a una viuda, como en el caso de Rut. Cuando alguien deseaba cumplir el levirato y redimir a una viuda, y la heredad estaba en juego, debía respetar el orden de prioridad para redimir. Así lo hizo Booz con la familia del fallecido Elimelec para conservar su nombre y el de sus hijos, también fallecidos (Rut 4:1-10).

6) Al parecer, el sumo sacerdote quedaba exento de esta ley debido a lo que afirma Levítico: “Tomará por mujer a una virgen” (Lv 21:13).

La ley del levirato representa una analogía que describe en parte la lamentable situación de la humanidad y la incomparable labor de Cristo al redimirnos:

“Ustedes saben que no fueron redimidos de su vana manera de vivir heredada de sus padres con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha: la sangre de Cristo. Porque Él estaba preparado desde antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a ustedes. Por medio de Él son creyentes en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que la fe y esperanza de ustedes sean en Dios” (1 Pedro 1:18-21).


1Alfonso Ropero “Levirato”, Gran diccionario enciclopédico de la Biblia (Barcelona: Editorial Clie, 2014) p. 2530.
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