Jubilación con júbilo | Reflexión

1 Samuel 11 – 12, 1 Tesalonicenses 5 y 2 Tesalonicenses 1

“Ahora, aquí está el rey que va delante de ustedes. Yo ya soy viejo y lleno de canas, y mis hijos son parte suya. Yo he andado delante de ustedes desde mi juventud hasta hoy”, 1 Samuel 12:2

¿De dónde viene la palabra jubilación? Al parecer es de origen hebreo. Cada 50 años se declaraba en Israel el año de “jubileo”  que traía consigo el perdón de las deudas y la libertad de los esclavos. Obviamente, no era un período de tristeza, sino de profunda alegría, y por eso la palabra júbilo que tiene que ver con una viva alegría exteriorizada. ¿Y la jubilación? Los caminos del lenguaje son tan extraños pero también tan explicativos que nos ayudan a entender la intención de las palabras y su uso. Cuando a una persona se le exime de su responsabilidad laboral después de un tiempo señalado de servicio, se le jubila, y es merecedora de una pensión. Por la etimología de la palabra supongo que esto debe ser causa de júbilo y no de tristeza. La tranquila serenidad de la labor cumplida y las deudas con la sociedad saldadas deberían alegrar a cualquiera. Sin embargo, la idea general del jubilado es la del viejito enojón, sentado en una banca de un parque, ensimismado en un pasado de esfuerzos y sinsabores que lo atan al ayer y le enturbian su pasivo presente. ¿Cómo te imaginas que vas a llegar a la jubilación? Y ojo que no estoy hablando de lo material. Me refiero a cómo estará tu carácter y tu personalidad después de llegar al final de una vida de batallas diarias por la supervivencia.

Samuel, ya anciano, y después de entregar todo el poder al joven rey Saúl, decide partir a la jubilación. De su discurso final puedo sacar algunas conclusiones de lo que significa llegar a la jubilación con júbilo:

– Llega al final sin nada de qué avergonzarse. “Aquí estoy; testifiquen contra mí delante del Señor y delante de Su ungido. ¿A quién he quitado un buey, o a quién he quitado un asno, o a quién he defraudado? ¿A quién he oprimido, o de mano de quién he tomado soborno para cegar mis ojos con él? Testifiquen, y se lo restituiré”, 1 Samuel 12:3.  Una vida intachable y una conciencia tranquila es el mayor bien con que alguien puede partir a una jubilación con júbilo. Samuel había vivido buscando una vida irreprensible, pero no por eso perfecta. Si hubiese fallado o dañado alguien (lo que era posible y humano), antes de partir quería también dejar saldada toda deuda. Él mismo propuso una auditoría a su gestión. No hay personaje público (aunque para ser sincero, son pocos los que hoy lo desean) que no haya pasado por el trance de preparar sus memorias y dar cuenta de sus aciertos y fracasos.

Hace un tiempo atrás un presidente al final de su mandato, dio su último discurso, mostrando los supuestos logros de su gobierno. Al día siguiente, el titular de un diario decía lo siguiente: “AHORA ENTENDEMOS: EL PRESIDENTE NUNCA LO FUE DE NUESTRO PAÍS, SINO DE FANTASILANDIA”. Por eso es que no basta con que uno piense que lo hizo bien, o que haga un mea culpa como discurso final, sino que también los demás piensen lo mismo de él: “Ellos respondieron: “Tú no nos has defraudado, tampoco nos has oprimido, ni has tomado nada de mano de ningún hombre”, 1 Samuel 12:4. Sólo se puede partir con júbilo a la jubilación cuando llegamos a ella con la frente en alto. ¿Cómo lo estás haciendo ahora? ¿Vas camino a salir por la puerta delantera o entre gallos y medianoche?

– Llega al final sin haber perdido el compromiso del principio. “Y en cuanto a mí, lejos esté de mí que peque contra el Señor cesando de orar por ustedes, antes bien, les instruiré en el camino bueno y recto. Solamente teman al Señor y sírvanle en verdad con todo su corazón; pues han visto cuán grandes cosas ha hecho por ustedes”, 1 Samuel 12:23-24. Perder los ideales y los sueños cuando se está caminando en su búsqueda, es como dejar caer la brújula en medio del mar. Samuel, aunque anciano, no había perdido el amor y la pasión por su pueblo. Ninguna de las experiencias amargas que le había tocado vivir había mermado su espíritu. Todo se mantenía inclaudicable. Qué triste es ver personas que emprenden con alegría grandes empresas, pero que luego, a la vuelta de la esquina, se sienten burladas, traicionadas y con el alma ennegrecida y los sueños deshechos. Llegan al final, pero cargadas de cinismo y de malas mañas que herirán su alma hasta el final de sus días. Eso es lo que debemos evitar.

Solo se puede partir con júbilo a la jubilación cuando luchamos por mantener el mismo espíritu que nos hizo entrar en la contienda. ¿Cuáles son los ideales y sueños de tu vida? ¿Hay alguno que ya hayas perdido? ¿Está tu corazón herido e insensible por lo denodado de la disputa?

Para nosotros los cristianos la jubilación con júbilo es una verdadera expectativa y una gran responsabilidad. Es una responsabilidad porque nuestro Señor quizás nos pedirá cuentas antes de la jubilación: “Pues ustedes mismos saben perfectamente que el día del Señor vendrá así como un ladrón en la noche”, 1 Tesalonicenses 5:2. Nosotros tomamos la vida como algo que Jesucristo nos ha entregado para administrar en su nombre. Él regresará por segunda vez y tendremos que dar un acucioso informe previo a la jubilación. Pero no tememos, porque el Señor que vendrá en gloria y majestad mora en nuestros corazones, llenándolos de gozo, paz y dirección. Y es su presencia en nosotros lo que mantiene encendida la llama de la pasión en nuestras vidas para emprender con fuerza y amor cada una de las tareas sin desmayar: “Pero ustedes, hermanos, no están en tinieblas, para que el día los sorprenda como ladrón;  porque todos ustedes son hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas. 6 Por tanto, no durmamos como los demás, sino estemos alerta y seamos sobrios”, 1 Tesalonicenses 5:4-6.

Pablo señala los nueve mandamientos para llegar a la jubilación con júbilo. Paso a enumerarlos de 1 Tesalonicenses 5:14-22:

  1. Les exhortamos, hermanos, a que amonesten a los indisciplinados, animen a los desalentados, sostengan a los débiles y sean pacientes con todos.
  2. Miren que ninguno devuelva a otro mal por mal, sino que procuren siempre lo bueno los unos para con los otros, y para con todos.
  3. Estén siempre gozosos.
  4. Oren sin cesar.
  5. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús.
  6. No apaguen al Espíritu.
  7. No desprecien las profecías.
  8. Examínenlo todo cuidadosamente, retengan lo bueno.
  9. Absténganse de toda forma de mal.

Pero esto no es todo. El apóstol Pablo nos garantiza que el Señor está comprometido en que lleguemos al final con dignidad: “Y que el mismo Dios de paz los santifique por completo; y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Aquél que los llama, el cual también lo hará”, 1 Tesalonicenses 5:23-24. Y si alguno ha hecho una pequeña evaluación, y está notando que el camino hacia el final se pone cuesta arriba y con bajos pronósticos de júbilo, pues para eso el apóstol levanta una oración con la queremos terminar:

Con este fin también nosotros oramos siempre por ustedes, para que nuestro Dios los considere dignos de su llamamiento y cumpla todo deseo de bondad y la obra de fe con poder, a fin de que el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en ustedes, y ustedes en El, conforme a la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo”, 2 Tesalonicenses 1:11-12.

¡QUE ASÍ SEA SEÑOR!

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