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La iglesia en el mundo post-COVID: Cómo aprovechar este momento

Cada cierto tiempo, los líderes de la iglesia tienen la oportunidad de dar testimonio de Cristo en un momento extraordinario, uno del cual depende la recepción del evangelio por los años subsiguientes. Estos “momentos cambiantes” pueden hacer avanzar o retrasar significativamente la obra y el testimonio de la iglesia por las próximas décadas.

En Enfield, Connecticut, Jonathan Edwards predicó el sermón, que con toda probabilidad, es el más famoso de la historia de Estados Unidos: “Pecadores en las manos de un Dios airado”. Este sermón fue parte del Primer Gran Despertar de 1741, el cual estableció un estándar para los posteriores avivamientos en este país. El momento cambiante de Billy Graham llegó en 1953 en una cruzada en Chattanooga, Tennessee, cuando se negó a que se sienten a personas blancas y negras en secciones segregadas del estadio. Sin esta decisión, su ministerio no hubiese florecido en todo el mundo.

Ahora que entramos en la fase de recuperación de la pandemia de COVID-19, debemos considerar cómo viviremos las implicaciones del evangelio en este momento cambiante para toda la cultura.

Aprendiendo a dar un giro

Esta crisis ha cambiado fundamentalmente la forma en que muchas personas participan en su vida espiritual y la iglesia tendrá que actuar en consecuencia. Por ejemplo, las reuniones en línea de los fieles volverán cuando tengamos tormentas de nieve o cuando la gente tenga que trabajar fuera de la ciudad durante períodos prolongados. Los giros que hemos hecho seguramente abrirán nuevas posibilidades para el ministerio y la conexión, pero también facilitarán que los feligreses se sientan desconectados y aun olvidados. Por tanto, será fundamental crear redes de rendición de cuentas y seguimiento.

Al entrar en la fase de recuperación de la pandemia de COVID-19, debemos considerar cómo vamos a vivir el evangelio en este momento cambiante para toda la cultura

El discipulado y la formación espiritual también se verán diferentes, quizás con nuevos cambios. Reunirse con un grupo pequeño que incluya personas en diferentes estados, incluso países, ahora parece mucho más normal que antes de la pandemia. Las iglesias con grandes recursos y reuniones de adoración en línea pueden volverse más prominentes, atrayendo seguidores a través de las zonas horarias y agravando la tendencia que ya estaba en marcha antes de la pandemia: las iglesias grandes crecerán y las iglesias pequeñas se reducirán aún más.

Aprovechando este momento

Entonces, ¿cómo se prepara la iglesia institucional para lo que se avecina? Para empezar, observa cómo otros han expandido su influencia a través de momentos sociales cambiantes.

Una floreciente tienda de comestibles en el sur de Texas decidió dedicar una parte de sus ganancias a beneficiar a la comunidad local después de que el área fuera devastada por un tremendo huracán que azotó la costa del Golfo en 1934. Howard E. Butt, fundador de la cadena H.E.B., creó una fundación corporativa para beneficiar al área en los días más sombríos de la Gran Depresión.

Desde entonces, H.E.B. ha mantenido su compromiso de dar y, aún hoy, cada año la empresa dona el 5% de sus ganancias antes de impuestos. No es coincidencia que los indicadores de lealtad del cliente y compromiso de los empleados de H.E.B. se encuentren entre los mejores de la industria porque la generosidad es siempre valorada.

Así como H.E.B. tomó el desastre natural que azotó a Galveston para convertirse en una fuerza para el bien en la comunidad, también la iglesia global en 2021 debe ayudar al mundo a recuperarse de la pandemia con nuevas formas de bendecir y servir a nuestras comunidades. Mientras hacíamos las investigaciones para nuestro último libro, Hinge Moments (Momentos cambiantes), encontramos innumerables ejemplos de grandes líderes que aprovecharon crisis particulares, incluso fracasos, para convertirse en fuerzas mayores para el bien.

Jimmy Carter, por ejemplo, nos contó cómo su pérdida en las elecciones de 1966 para gobernador lo afectó tan profundamente que eventualmente lo llevó a su pasión por el evangelio. Después de esta derrota, estudió teología y renovó su fe en Cristo a través de un nuevo nacimiento. La pérdida fue el momento cambiante de su prueba, la cual puso en marcha no solo su camino hacia la Casa Blanca, sino que también dio forma a los contornos del trabajo de su vida que continúa hasta el día de hoy.

Oportunidades en el futuro

Entonces, ¿cómo debería posicionarse la iglesia a medida que salimos de COVID-19?

Primero, debe enfocarse en iniciativas que satisfagan necesidades inmediatas y tangibles. Sin duda, las personas querrán hacer cosas que no han podido hacer durante más de un año, como dejar a los niños en algún lugar para que mamá y papá disfruten de una cita o brindar un respiro a quienes han estado cuidando seres queridos ancianos en casa. Ayuda a aligerar la carga para que las personas disfruten de un descanso.

En segundo lugar, es probable que muchas personas que dejaron de asistir a los servicios durante la pandemia no regresen. Encuentra maneras creativas de atraer a algunos de ellos abordando las necesidades provocadas por la pandemia. Organiza seminarios para quienes padecen de ansiedad o depresión y ofrece asesoramiento gratuito para quienes no puedan pagarlo. A medida que las personas descubran nuevos recursos y amigos en la iglesia, verán a la comunidad como clave para su camino de recuperación.

La iglesia, más que cualquier otra institución, puede ayudar a las personas a entender todo lo que sucedió en el último año

Finalmente, la iglesia, más que cualquier otra institución, puede ayudar a las personas a entender todo lo que sucedió en el último año. Después de todo, el evangelio habla de todo el espectro de la experiencia humana: tragedia, dolor, pérdida y desesperación, pero también recuperación, renovación, sanación y esperanza.

Aun más importante, la iglesia tendrá la oportunidad de modelar, ante un mundo que observa, hasta qué punto Cristo ofrece un enfoque diferente para recuperarse de la pandemia. Nuestra cultura predica un evangelio de autorrealización y superación personal, pero el evangelio de Jesucristo nos enseña que el renacimiento no proviene de nuestros esfuerzos, sino de la obra transformadora de Dios. Ocurre cuando nos abrimos voluntariamente a la dirección del Espíritu y cuando volvemos a comprometernos a ser usados, individual e institucionalmente, hasta que Él haga todas las cosas nuevas.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
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