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Nota del editor: 

Este artículo es la adaptación de un episodio de podcast publicado originalmente en Teología en tu vida.

La glorificación es el momento en el que Dios finalmente quita todos los aspectos del pecado de nuestras vidas y nos da un cuerpo de resurrección.

Esta semana nos dieron la noticia de que murió un hermano joven. Puesto que él era cristiano, tenemos la confianza de que ahora está con el Señor, allá donde no hay más pecado ni sufrimiento. Los cristianos también enfrentamos la realidad de la muerte en nuestras vidas cada día. Hay dolor, sufrimiento y pecado en nosotros. Pero tenemos la esperanza de que un día Dios eliminará la muerte de nuestras vidas. A la enseñanza que explica esta verdad se le llama «doctrina de la glorificación», un pasaje clave para esta doctrina fue escrito por el apóstol Pablo:

«Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, a esos también llamó. A los que llamó, a esos también justificó. A los que justificó, a esos también glorificó» (Romanos 8:29-30). 

El proceso de la salvación termina con la glorificación. Si eres cristiano, sucedieron a tu favor los siguientes beneficios: la elección, el llamamiento eficaz, la regeneración, la conversión, la justificación y la adopción. La santificación y la perseverancia están en proceso en tu vida ahora en el presente. Sin embargo, la glorificación es la parte de nuestra salvación que viene en el futuro. Es decir, estamos esperando el cumplimiento de esta parte de la salvación que, al igual que las otras, tenemos la certeza de que sucederá. Como escribió Pablo en el pasaje anterior de Romanos, todos los que son predestinados serán glorificados también. De hecho, Pablo habla de la glorificación como algo que ya es seguro.

Necesitamos distinguir entre lo que pasa cuando un creyente muere y la glorificación. La Biblia enseña esta maravillosa verdad de que cuando un creyente muere, está inmediatamente en la presencia del Señor (2 Co 5:8).

La promesa de glorificación es que un día nuestra alma y nuestros cuerpos se reunirán y tendremos cuerpos de resurrección

Entonces, para aquellos que están en Cristo y mueren, sabemos que su alma va inmediatamente a estar con Cristo, aunque sus cuerpos permanezcan en la tierra (He 9:27). La promesa de glorificación es que un día nuestra alma y nuestros cuerpos se reunirán y tendremos cuerpos de resurrección. Como lo hizo Cristo cuando resucitó de entre los muertos. El apóstol Pablo plasma algunas verdades centrales en el siguiente pasaje:

«Pero les instamos, hermanos, a que abunden en ello más y más, y a que tengan por su ambición el llevar una vida tranquila, y se ocupen en sus propios asuntos y trabajen con sus manos, tal como les hemos mandado; a fin de que se conduzcan honradamente para con los de afuera, y no tengan necesidad de nada. Pero no queremos, hermanos, que ignoren acerca de los que duermen [que han muerto], para que no se entristezcan como lo hacen los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá con Él a los que durmieron en Jesús. Por lo cual les decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. Por tanto, confórtense unos a otros con estas palabras» (1 Ts 4:10-18).

Quisiera señalar cuatro verdades de este pasaje.

1. La glorificación es algo futuro

Los que han muerto antes de la venida de Cristo están inmediatamente en Su presencia pero están separados de sus cuerpos. A esto lo llamamos el estado intermedio. Es decir, no es permanente. La gran esperanza de la glorificación es que al regreso de Cristo seremos reunidos con nuestro cuerpo físico. Tendremos cuerpos de resurrección. No nos convertiremos en ángeles, ni flotaremos en las nubes. Tendremos cuerpos físicos reales, resucitados.

2. La glorificación viene después de la venida de Cristo

Pablo afirma que «Cristo descenderá del cielo con voz de mando» (1 Ts 4:16). La glorificación se da con Cristo. El cumplimiento total de lo que implica nuestra esperanza se centra en la venida de Cristo. Pedro dice que en la medida en que compartimos los padecimientos de Cristo, también podemos regocijarnos en la gloria de Cristo (1 P 4:13; 5:10). Pablo dice algo similar: «y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con Él a fin de que también seamos glorificados con Él» (Ro 8:17).

El cumplimiento total de lo que implica nuestra esperanza se centra en la venida de Cristo

3. Todos los creyentes van a experimentar juntos la glorificación

Aunque los que han muerto en Cristo están inmediatamente en su presencia, todavía no han sido glorificados. El pasaje de Tesalonicenses nos muestra que la resurrección y la glorificación sucederán en la venida de Cristo, tanto para los que están vivos como para los que ya han muerto.

4. Debemos alentarnos con la verdad de la glorificación

La verdad de que Jesús va a volver para resucitar a los creyentes y glorificarlos debe darnos aliento y gozo. Esperamos el día en que no pecaremos más. Esperamos el día en que el pecado y la muerte mueran. Esperamos el día en que podamos decir: «Devorada ha sido la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley; pero a Dios gracias porque nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1 Co 15:56-57).

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