El evangelio según Gálatas

El evangelio según Gálatas

La carta a los Gálatas nos recuerda que la fe que nos salvó es la fe por la que todavía caminamos.

La predicación del evangelio del apóstol Pablo causó el comienzo de la iglesia en Galacia. Pero después de que dejó la joven comunidad, las cosas ciertamente se volvieron locas. La iglesia, de creyentes en su mayoría nuevos y en su mayoría gentiles, fue infiltrada por un grupo de falsos maestros llamados los “judaizantes”. Aparentemente, los judaizantes querían ganar mérito religioso adicional al agregar el legalismo judío sobre la gracia gratuita del verdadero evangelio. Esto se manifestaba principalmente en insistir que los conversos cristianos se circuncidaran.

Pablo respondió a voz en cuello, y más que en las demás cartas, esta contiene algunas de las palabras en donde más se nota su molestia y pasión. En la carta a los Gálatas vemos lo que está en juego entre la ley y el evangelio. Pablo quiere que sepamos que es imperativo que separemos estas dos cosas para que no arriesguemos nuestra esperanza en algo en donde no hay esperanza. También vemos el corazón pastoral de Pablo en la carta, su profundo amor por los creyentes de Galacia, y por el verdadero discipulado impulsado por el evangelio. El “asombro” del 1:6, la tutoría de Tito mencionada en el capítulo 2, la angustia y la ansiedad pastoral en 4:18-20, y los pasos para la restauración paulatina descritos en el capítulo 6 se destacan en el contexto de los anatemas, la vehemencia, y las condenas en todo el libro, las cuales dirige a los judaizantes y a su condenable herejía.

La carta a los Gálatas nos recuerda que la fe que nos salvó es la fe por la que todavía caminamos.

La carta a los Gálatas nos recuerda que la fe que nos salvó es la fe por la que todavía caminamos, y el Espíritu que nos regeneró es el Espíritu que crece la santidad en nosotros. Si la salvación es por la ley, siempre estaremos bajo la maldición del pecado. Pero Cristo nos ha puesto en libertad (5:1), y la promesa del evangelio es la vida espiritual abundante que se ve como libertad. Y en ese sentido, confiar en la circuncisión para ser aprobados por Dios es tan aborrecible como los pecados licenciosos enumerados en 5:19-21, porque es una obra de la carne.

Cuando Pablo comienza a enumerar el fruto de la verdadera salvación (5:22-25), no solo nos está dando una imagen de una vida cristiana fiel, sino una imagen de un mundo donde Jesús es el rey. En los cielos nuevos y la tierra nueva, la ley pasará porque el pecado ya no existirá y el fruto del Espíritu florecerá en cada árbol. Eso es lo que Cristo ha comprado en el evangelio.


Publicado originalmente en For the Church. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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