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En estos días mi esposo y yo estamos alcanzando nuestra primera década matrimonial, así que han sido semanas de recordar y viajar en el tiempo. Cuando nos casamos, él servía a tiempo completo en nuestra iglesia local desarrollando un rol administrativo dentro del ministerio. No era pastor. Aunque durante nuestro noviazgo platicamos sobre la posibilidad de un pastorado, esa era una función que se veía lejos o no era tangible. 

Luego de varios años, el Señor y el consejo de ancianos de nuestra iglesia local llamó a mi esposo a servir como uno de los ancianos pastores. No fue hasta ese momento que pude detenerme y tratar de pensar en lo que se venía para nosotros como familia.

Te compartiré abiertamente algunos de los mitos que yo misma he enfrentado sobre qué significa ser la esposa de un pastor y otros más que he aprendido junto a amigas que se encuentran en la misma situación. Ya seas esposa de pastor o no, te animo a leerlos desde la perspectiva de que, quizá sin intención, nos hemos adjudicado falsas expectativas a nosotras mismas o a aquella hermana que contrajo matrimonio con el pastor de nuestra congregación. 

Mito #1: La esposa del pastor es pastora (o co-pastora).

Todo creyente debe reconocer que las mujeres tienen un rol vital en la vida de la iglesia local, pueden ministrar de distintas maneras, y reciben dones de parte de Dios en su soberanía (como dones de enseñanza y liderazgo). ¡La Biblia se opone al machismo! La mujer es igual en valor y dignidad que el hombre (Gn 1:27). No obstante, esto no significa que la esposa del pastor sea o deba ser pastora en la iglesia. De hecho, la Biblia enseña —según el orden de Dios en la creación— que la mujer no debe ejercer el pastorado en la iglesia local (1 Ti 2:12).

En nuestra cultura, esto luce negativo, ¿no es cierto? Hay mucho más para hablar al respecto y este artículo no es el espacio para responder a todas las dudas y objeciones que pudiéramos tener sobre este tema. Sin embargo, es bueno señalar que la Biblia plantea como positivo el diseño de Dios en los roles para el hombre y la mujer en la iglesia, y sabemos que su diseño siempre es bueno y perfecto porque Él nos conoce, nos ama y entregó a su Hijo por nosotros. Podemos confiar en Él. Además, como ya mencionamos, las mujeres somos indispensables para la vida de la iglesia (¡al igual que los hombres que no son pastores!).

La esposa del pastor no es la pastora, pero sí es una ayuda idónea. Somos la ayuda de nuestros esposos en el llamado que Dios les ha hecho

Vale la pena resaltar esto porque a lo largo de los años hemos construido una serie de expectativas erradas que deben cumplir estas mujeres que acompañan el ministerio al que sus esposos han sido llamados. Son expectativas surgidas de meros criterios humanos y no de la Palabra de Dios, que ponen sobre estas mujeres una carga fuerte y un constante sentimiento de que no cumplen o satisfacen la demanda que hay sobre ellas. 

La esposa del pastor no es la pastora, pero sí es una ayuda idónea. Somos la ayuda de nuestros esposos en el llamado que Dios les ha hecho. Para mí ha sido liberador entender y abrazar esta verdad porque me ha permitido vivir en conformidad con el diseño de Dios, encontrando el gozo de servir en aquello para lo cual Él me ha capacitado, sin desviar mi corazón hacia aquellas cosas que buscan satisfacer mis propios deseos o las expectativas de otros.

Verdad #1: La esposa del pastor es la ayuda idónea del pastor, conforme al diseño de Dios.

Mito #2: La esposa del pastor es “la primera dama de la iglesia”.

Algunas veces, más de las que quisiera admitir, nos referimos a la esposa del pastor como si perteneciera a una categoría superior al resto de las mujeres dentro de una congregación. Muchas veces la referencia lleva un tono de burla o cinismo: “no se le puede decir nada porque es la esposa del pastor”; otras veces en forma de envidia: “la invitaron porque es la esposa del pastor”; y otras veces está disfrazada de halago: “se viste así porque es la esposa del pastor”.

Sin embargo, es necesario comprender que la Biblia no permite esta distinción entre creyentes. No hay cristianos con cierto estatus privilegiado. La esposa del pastor es un miembro común y corriente de la iglesia a la que pertenece. No es la primera dama de la iglesia, ni tampoco tiene privilegios por encima de las demás mujeres y hombres de la congregación.

De hecho, el apóstol Pablo nos llama a tener una actitud humilde, a considerar al otro como más importante y a buscar los intereses de los demás por encima de los propios (Fil 2:3-4). Debemos ser percibidas como cualquier otro miembro de la iglesia: personas portadoras de la imagen de Dios que (al igual que todos) debemos ser tratadas con dignidad, amor y respeto.

Verdad #2: La esposa del pastor no es parte de una élite de cristianos privilegiados sobre los demás. 

Mito #3: La esposa del pastor es la Mujer Maravilla.

Hemos asumido que la esposa del pastor está para servir a la iglesia y que sus habilidades deben incluir: cocinar para grupos grandes, cantar en el coro, dirigir el ministerio de mujeres, liderar los ministerios infantiles, saber los himnos de memoria, atender a todo el que necesite ayuda o consejo, enseñar en los baby showers, ingeniar las manualidades navideñas, organizar eventos, etc. ¡Qué currículo tan dotado! Y cuando algo hizo falta en la iglesia, la respuesta es clara: “Si tan solo la esposa del pastor hubiera estado allí…”.

La esposa del pastor no tiene todos los dones ni está llamada a ser la ayuda idónea de toda la iglesia

En contraste con esto, en la carta a los Efesios vemos que Cristo ha concedido por su gracia dones a cada creyente (Ef 4). Dones que nos capacitan y permiten servir en la iglesia. Pablo le dice a los corintios que, aunque hay diversidad de dones, constituímos un solo cuerpo (1 Co 12:12). Entonces, el llamado a servir y poner nuestros dones al servicio de la iglesia es un llamado para todos aquellos que hemos creído en el evangelio y conformamos la iglesia.

La esposa del pastor no tiene todos los dones ni está llamada a ser la ayuda idónea de toda la iglesia. Ella tiene aquellos dones y habilidades que Dios le ha dado y los pone al servicio de Dios y sus hermanos. A la vez, Dios también ha dado otros dones y habilidades al resto de creyentes que conforman la iglesia. Entre todos debemos servirnos y edificarnos.

Verdad #3: La esposa del pastor es una oveja sirviendo entre y a otras ovejas.

Mito #4: La esposa del pastor tiene la familia perfecta.

Esta es una de las expectativas de más peso que se ponen sobre los pastores y sus familias. Nuestros hijos se toman como modelos y si alguno hace berrinche o responde mal, rápidamente somos señalados como si algo no estuviera bien con nuestra familia. Se espera que nuestros hijos sean perfectos pero, aunque Pablo le dice a Timoteo que el pastor debe gobernar bien su casa y tener a sus hijos sujetos, debemos recordar que no podemos exigir perfección (1 Ti 3:4).

El pastor, su esposa y sus hijos son pecadores viviendo en un mundo caído. Luchan contra su carne y necesitan desesperadamente a Cristo, así como tú y yo lo necesitamos. Sin duda, las esposas de pastor tendremos desacuerdos con nuestro esposo y cometeremos errores a medida que criamos a nuestros hijos. No estamos exentas de eso y ¡es bueno saberlo! Nos recuerda que somos humanas, de carne y hueso, y que dependemos de Cristo. Vivimos en necesidad continua de la gracia del Señor y de nuestros hermanos en la fe.

El pastor, su esposa y sus hijos son pecadores viviendo en un mundo caído. Luchan contra su carne y necesitan a Cristo, así como tú y yo lo necesitamos

Demandar de nosotras una familia perfecta sería tergiversar la Palabra del Señor. La esposa del pastor y su familia también son parte del plan redentor del Señor (Ro 3:23-24). Cristo cargó tus pecados en la cruz mientras también llevaba los pecados de cada miembro de la familia de tu pastor. La misma gracia que tú necesitas, la necesitamos nosotras mientras acompañamos a nuestro esposo a seguir este llamado de Dios a pastorear una iglesia y, de paso, criar a nuestros hijos en el temor del Señor.

Verdad #4: La esposa del pastor tiene una familia formada por pecadores, al igual que la tuya.

Mito #5: La esposa del pastor es la creyente ejemplar.

Asumimos que ella hace su devocional todos los días con su taza de café recién preparada, se sabe una inmensa cantidad de versículos de memoria y ora fielmente por cada petición de oración que surge en los grupos de WhatsApp de la iglesia. Aunque suena maravilloso, seguro esta imagen es bastante irreal.

Como esposa de pastor, debo confesar que muchas veces lucho para llevar a cabo con éxito todas las disciplinas espirituales. Llevo una vida normal y bastante ocupada en medio de un mundo caído. Lucho con el pecado. Constantemente necesito correr en arrepentimiento hacia Aquel que otorga perdón y esperanza. Necesito del renuevo y la sabiduría que nos ofrece la Palabra y la comunión con mi Señor. Necesito ser pastoreada y discipulada, como el resto de miembros de la congregación. Otras veces necesito ser reprendida y amonestada. En realidad, sería un error pretender gloriarme o suponer que soy un ejemplo perfecto a seguir, al igual que lo sería para todo cristiano. Al igual que cada miembro de la congregación, las esposas de pastor estamos llamadas a vivir dependiendo del Señor, a congregarnos, a crecer espiritualmente y a ser pastoreadas. 

Somos exhortados a llevar las cargas los unos de los otros y a servirnos por amor los unos a los otros

En la carta que Pablo le escribe a Tito, el apóstol llama a las mujeres a enseñar a otras mujeres a amar a sus esposos y a sus hijos, a ser castas, prudentes, cuidadosas de su hogar (Tit 2:4). ¿Has pensado en que si esto viniera por naturaleza entonces no tendría sentido que fuéramos llamadas a enseñarlo o aprenderlo? Este pasaje expone nuestro corazón y nuestra debilidad. Pidamos a Dios que nos ayude a tener un corazón humilde para reconocer nuestras carencias y echemos mano de nuestras autoridades espirituales en la iglesia y las mujeres piadosas que Él ha puesto en nuestras vidas.

Verdad #5: La esposa del pastor también necesita desesperadamente a Cristo y Su iglesia.

Mito #6: La esposa del pastor debe llevar sola sus cargas.

Por último, es común pensar que la esposa del pastor no puede confiar en nadie más ni tampoco parecer débil. Se espera que ella siempre esté fortalecida y sonriendo. Casi pareciera que tiene absolutamente todo bajo control. Pero recordemos que Jesús dijo que en este mundo tendremos aflicción (Jn 16:33). Esto también aplica a la esposa del pastor. 

Por lo tanto, seamos atentos y dispuestos a llevar sus cargas y no colocar sobre ella una expectativa errada de que ella debe carecer de problemas o que no pueda manifestarlos porque se espera que ella sea autosuficiente y además sea capaz de cargar los problemas de los demás. Esa no es la enseñanza bíblica. Por el contrario, somos exhortados a llevar las cargas los unos de los otros y a servirnos por amor los unos a los otros (Gá 6:2, 5:13).

La esposa del pastor es tu hermana en Cristo y tu prójimo. Trátala y ámala como tal. ¡Necesitamos de la iglesia! Y también necesitamos asumir nuestro lugar con brazos abiertos, centradas en Cristo y fijando nuestros ojos en Él. ¡Dios nos ayude!

Verdad #6: La esposa del pastor es una oveja que necesita ser cuidada, alimentada y pastoreada.

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