El papa ha renunciado… ¿Y entonces qué?

El 11 de Febrero del año en curso, el mundo fue sorprendido con la renuncia del Papa Benedicto XVI, efectiva a partir del 28 de los corrientes, aduciendo a problemas de salud. Esto ha motivado múltiples especulaciones y preguntas de todo género, en vista de que la última vez que un papa renunció fue en el año 1415, en el caso de Gregorio XII. Benedicto XVI había sido elegido como papa en octubre del año 2005, a pesar de haber manifestado su renuencia a ocupar tal posición.

Su ascenso a la posición de máxima autoridad le tomó por sorpresa, ya que el papa actual se había distinguido más bien como autor, teólogo, y como maestro en asuntos de doctrina. En una ocasión, alguien de la oficina del Vaticano dijo que si el Papa Juan Pablo II no hubiese sido papa, hubiese sido actor de cine; y que si Benedicto XVI no hubiese sido papa, hubiese sido un maestro universitario. En términos de sus convicciones, Benedicto XVI contó con el favor de Juan Pablo II, por sus posiciones opositoras a la homosexualidad, la teología de la liberación, el aborto, y por mostrarse en favor de los valores tradicionales de la fe cristiana. Benedicto XVI había presidido la “Congregación para la Doctrina de la Fe”, desde donde revisó más de 500 casos potenciales de abuso sexual, un escándalo que alcanzó su punto cumbre entre el 2009 y el 2010. Poco después de su ascenso a la silla papal, Benedicto XVI comentó que “lamentaba profundamente la suciedad que había en la iglesia, aun dentro de aquellos que estaban en el sacerdocio”.

Quizás nunca sabremos si los motivos de su renuncia se limitan a su estado de salud, lo cual puede ser cierto a la edad de 85 años. Podemos especular que, no habiendo él deseado nunca esta posición, y habiendo encontrado tantos problemas de inmoralidad dentro de la iglesia, quizás se agotó espiritual y emocionalmente, al tener que lidiar con asuntos de tanto peso. Pero independientemente de las causas, creemos que esta renuncia puede representar otra señal de debilitamiento de la estructura de la iglesia católica. Sin lugar a dudas, la iglesia de Roma está atravesando un momento de mucha incertidumbre. El concilio Vaticano I, celebrado entre el 1869 y 1870, representó un fortalecimiento del poder papal, al proclamarse allí de manera incuestionable la doctrina de la infalibilidad papal a la hora de él hablar “Ex cathedra”. Tres condiciones deben cumplirse para que el Papa pueda hablar de esta manera: 1.

El Papa debe hablar “como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos”; no cuando está hablando de manera privada y personal. 2. El Papa proclama por un acto definitivo la doctrina, que debe ser abrazada por todos los fieles de manera universal. 3. El Papa habla “en cuestiones de fe y moral”. Esta doctrina de la infalibilidad papal es totalmente contraria a las Escrituras, y ni siquiera ha sido apoyada por todos los teólogos católicos. La palabra de Dios es la única fuente de autoridad infalible, inerrante e incuestionable en todo lo que ha revelado.

Ya para el concilio Vaticano II (1962-1965), la iglesia católica comenzó a flexibilizar sus posiciones, pero, lamentablemente, no siempre para bien. Decimos esto porque si bien es cierto que por primera vez reconocieron a los protestantes como hermanos, llamándoles “hermanos separados”, no es menos cierto que el concilio también llamó a reconocer como salvos a todos aquellos que reconocen un Dios creador, mencionando de manera especial a los musulmanes dentro de ese grupo. Con esta afirmación, la doctrina católica compromete las palabras de Jesús cuando dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6). Hoy en día, la iglesia de Roma parece tambalearse, lo cual es evidente de varias maneras:

  1. Hay una disminución creciente de su membresía.
  2. Hay una crisis del sacerdocio, hasta el punto que muchos sacerdotes están siendo llevados desde América Latina hasta Norteamérica, para llenar los espacios vacíos.
  3. Muy pocos líderes y seguidores del movimiento afirman hoy categóricamente la infalibilidad papal.
  4. El número de escándalos de inmoralidad es cada vez mayor y más difundido.
  5. La relación de la iglesia católica con los sistemas políticos imperantes a lo largo de la historia es algo cada vez más rechazado, por católicos y no católicos.

La elección del nuevo papa probablemente ocurra pronto después de que entre en efecto la renuncia de Benedicto XVI. El colegio de cardenales se reunirá en la Capilla Sixtina; tomarán dos votos en la mañana y dos votos en la tarde, hasta que dos tercios de los cardenales reunidos estén de acuerdo en un mismo nombre. Pasado 3 días sin ninguna decisión, se tomaría un día de receso para orar y poder conversar entre ellos. Siempre que no haya acuerdo en la elección, los votos son quemados con químicos para que produzca un humo negro que es visto desde afuera.

Cuando finalmente se concluya la elección, los químicos agregados a los votos son variados para producir un humo blanco. Este evento es presenciado por decenas de miles de personas que esperan por el resultado final a las afueras de la Capilla. Quizás muchos esperan allí afuera largas horas y aun días, sintiendo la necesidad de que haya una elección final de una cabeza para la iglesia de Roma. Créase o no, muchos se sienten sin dirección o seguridad cuando la posición papal permanece vacía, debido a que nunca han tenido una relación personal con Jesús.

Algunos han especulado sobre la posibilidad de que el próximo papa pudiera ser elegido entre los cardenales de Latinoamérica, en vista de que se calcula que el 80% de los católicos está en la región Latinoamericana, a diferencia de 100 años atrás, cuando el 80% de los católicos estaba en Norteamérica, según estadísticas de algunas fuentes. En el año 1978, cuando el Papa Juan Pablo II fue elegido, por primera vez la mayor cantidad de cardenales presentes provenían de países no europeos, y en esa ocasión 19 cardenales, de 111, eran provenientes de Latinoamérica, mostrando una participación creciente de la iglesia católica latinoamericana.

En mi opinión, la probabilidad de que un papa latinoamericano surja en estos momentos es baja, en vista de que, por un lado, esta nunca ha sido la tradición, y, por otro lado, usualmente se escoge una figura de mucha influencia internacional más que regional. Como evangélicos, debemos estar preparados para testificar con gracia y verdad a un número cada vez mayor de antiguos católicos que pudieran estar saliendo de sus filas, y debemos dejar a un lado la actitud condenatoria de épocas pasadas. Aquel que no tiene una relación personal con la persona de Jesús está perdido, sin importar si es ateo, Musulmán, Testigo de Jehová, Mormón, Católico, o cualquier otra cosa.

Lamentablemente, las persecuciones de los católicos en contra de los protestantes todavía permanecen muy frescas en la memoria de muchos de nuestros hermanos evangélicos, que rechazan vehementemente a aquellos miembros de la iglesia de Roma. Como bien dijo Cristo, son los enfermos que necesitan un médico, y no los sanos (Lc. 5:31). Si nosotros, que estamos en la verdad, no estamos dispuestos a compartir esa verdad con gracia, estamos negando la esencia de nuestro redentor, quien vino lleno de gracia y verdad (Jn. 1:14)

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