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En mayo del año pasado destaqué la humildad poco común de Stephen Curry en medio de una cultura de autoconfianza. En respuesta, algunas personas se preguntaban si su carácter dependería de las circunstancias. Una persona me dijo: “Yo voy a creerlo, si cuando pierdan, aún alaba a Jesús”. Otra persona escribió: “No es por ser pesimista, pero yo cuestionaría —como hago con todos los atletas— cuando las cosas van mal, cuando tienes un terrible partido o una mala temporada, ¿le seguirás dando crédito a Dios?”

Concuerdo con su escepticismo. Después de todo, no conozco a Curry personalmente, y he visto a otras celebridades cambiar de opinión.

Hoy, sin embargo, podemos ver su respuesta ante la adversidad. Los Warriors lo están haciendo bien, pero Curry no.

Fuera por lesión

Hace una semana, durante el Juego 4 de la serie Rockets – Warriors, Curry resbaló en la cancha durante la última jugada de la primera mitad. Inmediatamente rodó y sujetó su rodilla en medio del dolor. Aunque trató de calentar para la segunda mitad, los médicos del equipo le dijeron que no podría seguir jugando. Su compañero de equipo, Draymond Green dijo que Curry estaba llorando en la cancha y regresó cojeando a los vestidores. Green le dijo: “Nosotros te cubrimos”. El equipo oró por él.

Más tarde, una resonancia magnética reveló que Curry tiene un esguince MCL grado 1 en la rodilla derecha. No es una lesión grave, pero significa que estará fuera durante al menos dos semanas durante los playoffs.

Sin embargo, en medio de todo esto, tuiteó: “Gracias por todas sus oraciones y mensajes. Puedo sentir toda la energía positiva. ¡Dios es grande! Considerando todo, creo que estaré bien. #DubNation”.  

Un par de días después, cuando los Warriors y los Rockets jugaron de nuevo, Curry estaba en la banca. Llevaba una chaqueta color beige, no un uniforme. Caminaba cojeando un poco.

Sin embargo, los Warriors superaron a los Rockets, ganando 114-81. Klay Thompson, a menudo eclipsado por Curry durante la temporada regular, anotó 27 puntos. Green anotó 15 puntos y ganó 9 rebotes. “Todo el mundo piensa que si Steph se va para abajo la serie cambiará por completo”, dijo Green. “Pero nosotros pensamos lo contrario”.

¿Cómo reaccionó Curry ante el éxito logrado por sus compañeros de equipo en su ausencia?

No se trata de mí

Hace algunos años, recibí una invitación para asistir a una conferencia cristiana sobre las mujeres y el trabajo. Me invitaron a asistir, no a dar una plática. Tengo la invitación de correo electrónico como la de cualquier otra mujer invitada. No puedo creerlo. ¿Cómo no me pidieron hablar? ¿Saben quién soy? Qué conferencia tan ridícula. Ni siquiera voy a ir.

En esa época, yo estaba leyendo Autoolvido de Tim Keller. En él, Keller habla de como “la esencia de la humildad del evangelio no se trata de pensar más o menos de mí, sino de pensar menos en mí”, y por lo tanto, una persona verdaderamente humilde está totalmente interesada en los demás. Luego vino el golpe en el estómago:

¿No te gustaría ser el patinador que gana la plata, y aun así, estar contento por esos tres saltos triples que hizo el ganador de la medalla de oro? ¿Amarlo de la misma forma que amas el amanecer? ¿Solo amar el hecho de que se hizo, sin importar si fue su éxito o el tuyo o que no importe si lo hicieron ellos o si tú lo hiciste? Estás tan feliz de que lo lograron tanto como si tú lo hubieras hecho —solo porque estás feliz de verlo—.

Lloré por mi propio pecado. Estaba tan preocupada por mi propio rol —o falta de él— en esa conferencia, que no podía alabar a Dios por el maravilloso hecho de lo que estaba ocurriendo. Hice que todo se tratara de mí. Mi corazón, centrado en sí mismo, estaba hinchado, feo y enfermo.

Sin embargo, en su gran misericordia, Dios me abrió los ojos para ver mi pecado y su belleza como mi única justicia. Después me registré para asistir a la conferencia y oré por los oradores que habían sido elegidos.

Bendito auto-olvido

Durante juego, en la banca, Curry no se mostró ensimismado o de mal humor. No parecía celoso de sus compañeros de equipo o renuente a celebrar sus éxitos. De hecho, parecía la persona más feliz en la arena. Fox Sports lo llamó “un animador animado” durante el juego. ESPN publicó un video de él sonriendo, riendo y disfrutando durante todo el partido.

Él podría haber estado molesto y enfocado en sí mismo, como yo lo hice cuando el trabajo de mis “compañeras de equipo” —otras mujeres Cristianas— fue destacado y celebrado. Pero no lo hizo. Se dio cuenta de que el juego no se trataba de él.

El poder para reaccionar con tal humildad no viene de una sana autoestima. Como Pablo escribe a los Corintios, “En cuanto a mí, es de poca importancia que yo sea juzgado por ustedes, o por cualquier tribunal humano; de hecho, ni aún yo me juzgo a mí mismo” (1 Cor. 4:3). En lugar de eso, se trata de cimentar las raíces de tu identidad en la única opinión que importa, la opinión formada sobre la base de lo que Cristo ha hecho, no lo que tú has hecho.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Rodrigo Gómez. Crédito de imágen: Getty Images.
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