¡Únete a nosotros en la misión de servir a la Iglesia hispana! Haz una donación hoy.

×

El discernimiento, como la habilidad de pensar bíblicamente, es una cualidad necesaria en la vida de la iglesia. No obstante, se está perdiendo porque el creyente ha dejado a un lado la responsabilidad de cultivarla.

En mi libro La conciencia cristiana (B&H Español, 2023), defino a partir de la Biblia el discernimiento como «la habilidad de distinguir entre el bien y el mal por medio de una conciencia informada por la Palabra de Dios» (Pr 1:7; Ro 12:1-2; Ef 5:6-10, 1 Jn 4:1).

El creyente, por ser regenerado y guiado por el Espíritu Santo, puede abrazar conceptos bíblicos como convicciones personales que gobiernen su vida. Cuando el discernimiento es ejercitado día a día en la vida del creyente, este le da la sabiduría de aplicar el conocimiento bíblico para hacer el bien y abstenerse del mal.

El discernimiento y su importancia

Un problema que impide crecer en el discernimiento bíblico es no considerarlo como parte de la gran comisión que hallamos en Mateo 28.

Acercándose Jesús, les dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (vv. 18-20, énfasis añadido).

Parte del llamado de la gran comisión es guardar o cumplir todo lo que Jesús nos ha mandado a hacer. Esto es aplicar el evangelio a nuestras vidas, es decir, reflejar sabiduría por medio del discernimiento bíblico.

Es imposible crecer en discernimiento si vivimos aislados, pues la sabiduría es adquirida en comunidad para ser transmitida de generación en generación

Más adelante, leemos que el apóstol Pablo presenta en el libro de Romanos sus primeros once capítulos con el propósito de que los lectores puedan discernir entre el bien y el mal. De esta manera llega al capítulo 12, donde los anima a renovar la mente con las verdades del evangelio:

Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes. Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto (Ro 12:1-2).

También leemos que el apóstol Pablo ora con fervor por los colosenses para que, por medio del evangelio, crecieran en sabiduría y discernimiento:

Por esta razón, también nosotros, desde el día que lo supimos, no hemos cesado de orar por vosotros y de rogar que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual (Col 1:9).

Esto nos muestra que el creyente necesita trabajar de manera diligente y constante en el discernimiento para crecer en él. No es un chip implantado en su mente que de manera automática le da sabiduría. Es un proceso de aprendizaje diario por medio de la lectura y meditación en la Palabra de Dios, para que podamos someternos a ella de modo que, por el poder del Espíritu Santo, la apliquemos en nuestras vidas y reflejemos sabiduría.

Es un error pensar que para el crecimiento espiritual es suficiente solo aprender de manera mecánica versículos bíblicos, principios teológicos o conocer libros de pastores reconocidos, si no se piensa en cómo aplicar estos principios a la vida diaria. Esto produce creyentes llenos de conocimiento, pero sin discernimiento.

Crezcamos en discernimiento

Finalmente, es imposible crecer en discernimiento si vivimos aislados, pues la sabiduría es adquirida en comunidad para ser transmitida de generación en generación.

Solo Cristo nos dará la habilidad de poder distinguir entre el bien y el mal por medio de una conciencia informada por la Palabra de Dios

Nadie crece en sabiduría en su propio entendimiento, pero el deseo de crecer en discernimiento nos dirige a escuchar a otros creyentes para ajustar nuestras ideas de acuerdo con la Palabra de Dios. El discernimiento nos lleva a reconocer la verdad de que nuestro corazón es engañoso, a reconocer con humildad nuestra necesidad de aprender de otros y a evitar que sigamos a ciegas cualquier consejo que no sea bíblico. Somos responsables ante Dios de las ideas que implementamos.

La Palabra nos enseña que Cristo se hizo sabiduría de Dios para nosotros (1 Co 1:30). Por lo tanto, buscamos crecer en discernimiento al alinear nuestras vidas a Cristo, pues solo en Él encontramos la verdadera sabiduría. Solo Cristo nos dará la habilidad de poder distinguir entre el bien y el mal por medio de una conciencia informada por la Palabra de Dios.

Recibe cada día los artículos, podcasts, y vídeos más recientes.
CARGAR MÁS
Cargando