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“Respondió el SEÑOR a Moisés: Ahora verás lo que haré a Faraón; porque por la fuerza los dejará ir; y por la fuerza los echará de su tierra. Continuó hablando Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy el SEÑOR”,  Éxodo 6:1-2.

Moisés continua creciendo en su liderazgo al aprender directamente de Dios. Es una nueva etapa en este líder quien había experimentado el fracaso intentando rescatar al pueblo de Israel por sus propias fuerzas. Sin embargo, ahora Moisés encuentra que a pesar de haber obedecido e ido a encontrarse con el Faraón, las cosas no solamente no se solucionan para el pueblo de Dios: se ponen peores.

Me imagino que Moisés, así como yo, pensaba que una vez que oímos de Dios y sentimos el llamado y la visión de servir a Su pueblo, ya todo va a salir bien y no habrán dificultades u obstáculos a lo que Él nos ha mostrado que quiere hacer. Sin embargo, vemos en el pasaje que al ponerse las cosas peor, Dios pareciera no solamente tomarse su tiempo, pero también, en el proceso, tiene la intención de hacer una obra profunda en Su siervo. Y es que Él está más interesado en que Moisés aprenda a depender y a esperar en el tiempo y la manera en que Dios opera, que en el éxito y resultado inmediato, aunque para Moisés, y nosotros, nos resulte difícil de asimilar.

En este capítulo vemos cómo Dios responde a la queja de Moisés enfatizando vez tras vez Quién en realidad está en control.

Significa que nuestro tiempo y formas de hacer las cosas tienen que tomar un segundo lugar si vamos a ser útiles en la obra de Dios. Claro, necesitamos estar listos y tener la visión y llamado al ministerio; pero al mismo tiempo debemos anticipar dificultades e imprevistos que nos recordarán y enseñarán a continuar dependiendo de Él,  buscando escuchar Su voz y dirección en nuestra vida.

La vida y ministerio de Jesús en esta tierra reflejaron por un lado esta intencionalidad, y por otro la realidad espiritual de la dirección divina.

¡Piensa en esto y encuentra tu descanso en Él!

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