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Cuando mis hijos eran pequeños, me propuse construirles una casa del árbol. No soy alguien del que podría decir que es «habilidoso», pero con la ayuda de vídeos de YouTube y de amigos, nos pusimos manos a la obra. Mi hijo de cinco años estaba a menudo en la casa del árbol «ayudándome». Un día lo observé mientras intentaba usar un martillo para golpear un tornillo. Me di cuenta de que se estaba frustrando, así que dejé de hacer lo que estaba haciendo, cogí un taladro y apreté el tornillo. Me miró y dijo: «¡Papá, eres muy inteligente!». A lo que yo respondí en broma: «Sí, hijo, seguro que lo soy».

Ahora bien, no hace falta ser un contratista autorizado para poner un tornillo en una tabla. Solo hace falta tener la herramienta adecuada. Algo parecido ocurre con la comprensión de la Biblia. Gran parte de las Escrituras son claras, y el lector común no necesita ayuda para entender lo que está leyendo. Pero hay partes de la Biblia —como los profetas— que pueden ser confusas sin ciertas herramientas a nuestra disposición.

Cuando digo «los profetas», me refiero a los libros de la Biblia desde Isaías hasta Malaquías. No suelen ser los primeros libros que alguien se sienta a leer. El cristiano promedio puede leer el Nuevo Testamento varias veces antes de sumergirse en Nahum. ¿Por qué? Porque la mayoría de los cristianos piensan que los profetas son, en el mejor de los casos, confusos y, en el peor, irrelevantes.

Hay partes de la Biblia —como los profetas— que pueden ser confusas sin ciertas herramientas a nuestra disposición

La aplicación del pacto

La mayor parte del mundo antiguo se esforzaba por escuchar a sus dioses a través de la manipulación de objetos o personas. Practicaban la adivinación y hacían sacrificios —incluso humanos— y consultaban a médiums y nigromantes. Dios, en cambio, hablaba a los israelitas. Su revelación era dada a hombres como Abraham, Moisés y los profetas, siendo generalmente respaldada por señales y prodigios milagrosos que confirmaban su autenticidad.

Sin embargo, hay una gran diferencia entre los profetas y los patriarcas. Mientras que Dios estableció Sus pactos con Israel a través de Abraham y Moisés, los profetas aplicaron el pacto. Comunicaban al pueblo, a los sacerdotes e incluso a los reyes si Israel había cumplido el pacto o lo estaba incumpliendo. Las estipulaciones del pacto de Moisés se expusieron en Éxodo, Levítico y Deuteronomio. Los profetas fueron enviados por Dios para aplicar estas condiciones.

La clave que me permitió descubrir a los profetas fue comprender el papel que desempeñaban como fiscales del pacto, un término que escuché por primera vez de Richard Belcher. Los profetas eran enviados para entablar un juicio a los israelitas por su éxito o fracaso en el cumplimiento de los términos del pacto con Dios. A veces venían a proclamar las bendiciones del pacto (Dt 28:1-14; Lv 26:1-13). Entonces, Israel y Judá experimentaban la presencia y el favor de Dios en la batalla o en el tiempo de la cosecha. A menudo los profetas venían a proclamar maldiciones (Dt 4:25-28; 28:15-68; 29:16-29; 32:15-43; Lv 26:14-39), y el pueblo era disciplinado.

El objetivo de la profecía

Muchos cristianos piensan que la función principal de los profetas era predecir el futuro, pero no era así. La función de los profetas no era la predicción, sino la proclamación. Dios los movía a predicar sobre la situación de Su pueblo en el contexto de las exigencias de Su pacto.

A veces esto significaba anunciar una bendición o una maldición inminente, pero otras veces el anuncio era condicional, basado en la respuesta de los israelitas. El objetivo de esta proclamación no era castigar, sino reivindicar a Dios, el autor del pacto, así como ayudar a Su pueblo a corregir el rumbo.

Dios también dio a los profetas palabras que iban más allá de su contexto inmediato. Profetas como Isaías predijeron detalles sobre el Mesías venidero, Jesús, quien sería el procurador definitivo del pacto. Jesús vino a anunciar al mundo que nuestro pecado merece un castigo eterno. Vino a asumir ese castigo en la cruz. Al hacerlo, pronunció simultáneamente maldiciones y bendiciones, y estableció el nuevo pacto.

La función de los profetas no era la predicción, sino la proclamación

La aplicación de los profetas

¿Cómo afecta esto a la forma en que leemos los profetas? Estos son cinco pasos sencillos y fieles. Primero, busca ver cómo Israel o Judá transgredieron el pacto. Segundo, escucha el juicio por esa transgresión tal como fue proclamado a la audiencia original. Tercero, ora para que Dios nos ayude a ver si somos culpables de la misma transgresión. En cuarto lugar, mira a Jesús y, con profundo asombro y gratitud, celebra la eliminación de la ira que merecemos y Su regalo de gracia inmerecida. Por último, responde haciendo cambios en tu vida que honren el estatus que se te ha dado como participantes en Su nuevo pacto.

Leer los profetas no tiene por qué ser cómo construir una casa en el árbol martillando tornillos. Al igual que un taladro transforma un proyecto de construcción, entender el papel de los profetas como procuradores del pacto puede transformar tu lectura, haciéndola más agradable y eficaz. Como resultado, también podrás ayudar a otros.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
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