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¿Cuál es el propósito de la ley si nadie puede cumplirla?

El Catecismo de la Nueva Ciudad
Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de El Catecismo de la Nueva Ciudad: La verdad de Dios para nuestras mentes y nuestros corazones (Poiema Publicaciones, 2018), editado por Collin Hansen. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

¿Cuál es el propósito de la ley si nadie puede cumplirla?

Que conozcamos la santidad de la naturaleza y la voluntad de Dios, así como la naturaleza pecaminosa y la desobediencia de nuestros corazones; y, por tanto, nuestra necesidad de un Sal­vador. La ley nos enseña y nos exhorta a vivir una vida digna de nuestro Salvador.

Romanos 3:20: “Por tanto, nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la ley cobramos conciencia del pecado”(NVI). 

La ley de Dios nos ayuda a conocer a Dios, a conocernos a nosotros mismos, a conocer nuestra necesidad, y a conocer la vida de paz y bendición. Nos ayuda a conocer a Dios por­que nos revela específicamente Su carácter y Sus atributos, Su santa voluntad, cómo es Él. 

Pablo nos dice en Romanos 1 que todos conocen el bien y el mal. Pero la ley de Dios nos revela muy específicamente el carácter de Dios y Sus cualidades morales. La moralidad no es arbitraria. Dios no nos dice que hagamos cosas arbitrariamente. Dios no nos exige que hagamos cosas que Él mismo no está preparado para hacer. Así que toda morali­dad tiene su raíz en el carácter de Dios. Y cuando estudiamos la ley, vemos un despliegue del carácter de Dios. 

La ley de Dios también nos revela lo que hay en nuestro interior, especialmente nuestra naturaleza pecaminosa y nuestra desobediencia, nuestra inclinación hacia el pecado. Por ejemplo, cuando Jesús le hablaba al joven rico, le dijo: “Vende lo que tienes y dáselo a los pobres” (Mt 19:21). Y el joven rico básicamente le dice a Jesús: “No puedo”. Y se aleja con tristeza. ¿Qué sucedió en esa historia? ¿Está Jesús dicien­do que todos tenemos que regalar todas nuestras posesiones? No. Pero en el caso del joven rico, Jesús le está revelando, por medio de la ley de Dios, la naturaleza específica de su pecado. ¿Cuál es el primer mandamiento? No tener otros dioses aparte de Él. Y aquí, Dios encarnado le está diciendo al joven rico: “¿Qué eliges? ¿Tu dinero, tus posesiones o a Mí, Dios?”. Y el joven rico eligió sus posesiones antes que a Dios. 

La ley nos empuja hacia el Salvador. Nos apunta hacia el Salvador. Nos lleva hacia el Salvador.

Eso nos lleva al tercer aspecto con el que la ley nos ayuda. Nos ayuda a entender nuestra necesidad. Cuando sabemos quién es Dios y sabemos que no cumplimos con el estándar de Su moralidad y carácter, cuando sabemos quiénes somos y conocemos las inclinaciones pecaminosas de nuestros co­razones, esto nos empuja hacia Jesús porque sabemos que necesitamos a un Salvador. Y el Salvador ha cumplido la ley. Él la obedeció perfectamente y pagó el precio que nosotros debíamos. La ley nos empuja hacia el Salvador. Nos apunta hacia el Salvador. Nos lleva hacia el Salvador. 

Por supuesto, la ley también nos muestra la vida de paz y bendición. Cuando pensamos en obediencia, muchos in­mediatamente pensamos: “¿Tengo que hacerlo? ¿Tengo que hacer buenas obras? ¿Tengo que obedecer?”. Esa no fue la actitud de Jesús hacia los mandamientos de Dios y hacia Su voluntad. De hecho, Él decía a Sus discípulos con frecuencia: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y termi­nar Su obra” (Jn 4:34). En otras palabras, dijo que ser capaz de obedecer la ley de Dios, la voluntad de Dios, era como disfrutar de un gran banquete. Y una vez que somos redi­midos, una vez que hemos confiado solamente en Jesucristo para la salvación que Él ha ofrecido en el evangelio, la ley no solo es algo que nos señala a Cristo, sino también algo que nos muestra cómo vivir la vida de paz y bendición. 

Cuando Dios dio Sus mandamientos a Adán y a Eva en el jardín, los dio como una bendición para ellos. No eran para privarlos de Su amor. Él los amó y bendijo en el jardín. Y su obediencia a los mandamientos era esa esfera dentro de la cual ellos disfrutaban esa bendición. Y cuando somos salvados por Cristo, cuando somos unidos a Cristo, somos capaces de caminar de una forma digna del evangelio. De­bemos vivir de tal manera que seamos semejantes al Señor Jesucristo. Él se deleitaba en obedecer a Dios. La ley de Dios nos muestra cómo vivir una vida de paz y bendición. Nos enseña cómo vivir una vida digna del evangelio una vez que hemos confiado en Jesucristo.

Oración. Dador de toda buena dádiva, Tu ley nos revela lo que es justo. Aunque nos condena, a través de ella conocemos lo grande que es Tu santidad y lo perfecto que es Tu Hijo. Aun­que no logramos alcanzar Tu estándar, permite que siempre te agradezcamos y te alabemos por Tu ley, y que nos regoci­jemos por tener un Salvador. Amén.


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