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5 maneras de confiar en Dios en tiempos de transición

Esto es lo que mi esposa y yo experimentamos en menos de un año: tuvimos un hijo, nos mudamos al otro lado del país, empezamos una posición ministerial nueva y cambiamos legalmente nuestro apellido (larga historia).

Esta ha sido una de las temporadas más estresantes de mi vida. Puede que estés pasando por una temporada similar. Tal vez empiezas tu vida universitaria, estás a punto de casarte o cambiando de trabajo. Tal vez estés a punto de plantar una iglesia o comenzando un nuevo pastorado. Las temporadas de transición son educativas porque revelan hasta qué punto nuestra fuente de gozo proviene de la comodidad y no de Dios. Los tiempos de transición no producen defectos de carácter, sino que los revelan.

Sin embargo, a pesar de un sinfín de incertidumbres y cambios, se puede prosperar espiritualmente durante estos tiempos. A continuación te presento cinco lecciones que aprendí durante nuestra temporada de transición.

1. Prioriza las disciplinas espirituales.

Tendemos a practicar menos las disciplinas espirituales cuando la vida se vuelve agitada. Decimos: «Tengo tantas cosas que hacer, que no puedo sacar tiempo para orar». Esto es un error. Como dijo en una ocasión Martín Lutero: «Tengo tanto por hacer, que hoy pasaré las tres primeras horas en oración».

No tienes que orar como Lutero, pero no deberías esperar progresar sin una comunión regular y privada con Dios. Las épocas difíciles requieren más tiempo con Dios, no menos. En su excelente libro sobre la oración, Paul Miller observa que «aprender a orar no nos ofrece una vida menos ocupada. Nos ofrece un corazón menos ocupado».

2. Recuerda que el plan de Dios y el tuyo no son el mismo.

Me encanta la literatura sapiencial. Proverbios nos dice que hagamos planes; Eclesiastés revela la locura de una vida meticulosamente planificada. Entonces, ¿debemos planificar o no planificar? Las dos cosas. Haz un plan diligente, pero luego ofrécelo a Dios, sabiendo que Su voluntad y la tuya no son siempre las mismas. Él tiene derecho a cambiar tus planes.

Haz un plan diligente, pero luego ofrécelo a Dios, sabiendo que Su voluntad y la tuya no son siempre las mismas

Digo esto porque me gusta planificar. Me encanta todo lo relacionado con la productividad, la gestión del tiempo y los hábitos. Me gusta considerar todos los resultados posibles antes de tomar una decisión. Pero aún después de orar y buscar consejo sabio y tomar las mejores decisiones que podía, he experimentado contratiempos, frustraciones y fracasos que no podría haber anticipado. Puede que no los haya visto venir, pero Dios sí. De hecho, Él orquestó todas esas decisiones —grandes y pequeñas— antes de la fundación del mundo. De alguna manera, los retrasos y las negaciones forman parte de Su plan. Durante los tiempos de transición, la providencia de Dios es una fuente inagotable de consuelo y alegría.

3. No lo hagas en solitario.

La vida cristiana no está diseñada para ser vivida de forma aislada. Dios ha dado al creyente el don de una familia espiritual, la iglesia local, para que sea un instrumento de ayuda espiritual en cada momento. Puede tomar tiempo encontrar una nueva familia eclesiástica cuando te trasladas, así que sigue apoyándote en tu iglesia actual mientras encuentras una nueva. Las temporadas de transición se superan más fácilmente cuando se comparten con un grupo que ha prometido vivir la vida cristiana contigo y ayudarte a llegar a la gloria.

Invita a amigos y familiares cristianos de confianza a participar en el cansancio que se supone que trae la toma de decisiones y el cambio de circunstancias. Pídeles que oren por ti. Este no es el momento de ser un superhumano y actuar como si lo tuvieras todo controlado. Pide ayuda. Envía ese mensaje de texto o correo electrónico o mensaje en las redes sociales solicitando oración. Durante esta temporada, las oraciones del pueblo de Dios no siempre se conocen, pero a menudo se sienten.

Cuando abrí mi vida a fuentes de confianza y les conté mis circunstancias, algunos dijeron: «¡Vaya! Hermano, eso es mucho». La validación me hizo sentir considerado. Fue un recordatorio de que no estoy loco ni solo.

Apóyate en el pueblo de Dios.

4. Practica el autocuidado.

¿Qué te gusta hacer? ¿Ejercicio, jardinería, natación, senderismo? Sigue haciéndolo. No dejes de lado estas cosas en nombre del ajetreo. Sigue practicando el autocuidado (bien entendido) durmiendo lo suficiente, manteniendo una dieta balanceada, haciendo ejercicio regularmente y haciendo cosas que te gusten.

En tiempos de transición, los niveles de ansiedad pueden ser tan altos que tendemos a operar en modo reactivo y olvidamos administrar bien nuestro cuerpo. Tu salud mental y emocional está en juego. Cuídate y disfruta de la vida.

5. Prepárate para nuevas pruebas.

Has superado esa temporada. ¡Felicidades! Ahora te espera una nueva serie de pruebas en la siguiente temporada. Como se suele decir, estás pasando por una prueba, acabas de superar una prueba o estás a punto de entrar en una nueva.

Nunca serás feliz si pones tu esperanza en las circunstancias; las circunstancias siempre están cambiando

Los consejos prácticos tienen sus límites. Necesitamos ayuda sobrenatural para florecer en tiempos turbulentos. Más que nada, aprende a contentarte en Cristo. Aprende a confiar en Dios. Aprende a anclar tu fuente de identidad y valor propio en Él y solo en Él.

Nunca serás feliz si pones tu esperanza en las circunstancias; las circunstancias siempre están cambiando. Acepta las temporadas de transición como oportunidades para revelar los ídolos de tu corazón. Considera el progreso en santidad que aún necesitas hacer.

Dios inmutable

Los teólogos hablan de la inmutabilidad de Dios. La inmutabilidad, en pocas palabras, significa que Dios no cambia. Él es el mismo ayer, hoy y para siempre (Heb 13:8). A diferencia de las personas que no son confiables en tu vida y de las nuevas circunstancias, siempre se puede confiar en Dios porque Su carácter siempre es perfecto. Confiar en Su fidelidad no evitará que las lágrimas aparezcan, pero sí proporciona una esperanza y una alegría firmes en medio del dolor. Dios es fiel. Estará contigo en cada paso del camino.

Lo mejor de la vida es conocer y disfrutar de Dios. Cuando ancles tu gozo en Su carácter inmutable —y no en las circunstancias cambiantes—, experimentarás estabilidad espiritual cuando todo lo demás se sienta inestable.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
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