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Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado del libro El evangelio según Satanás (Grupo Nelson, 2020), por Jared C. Wilson.

Antes de la muerte fue la mentira. Esta comienza con una pregunta, como una esquirla inquisidora que se desliza bajo la piel de la mente. Pero, no se trata de una pregunta sino de una proposición enmascarada. La pregunta es una idea nueva y extraña que ofrece la promesa de una curiosidad satisfecha, de misterios resueltos e incluso de una ilustración alcanzada.

Una propuesta perversa disfrazada de una pregunta inocente

La pregunta es así: “¿Conque Dios les ha dicho…?”

Esta no es una pregunta que nos desconcierte. Tampoco sacude nuestras sensibilidades religiosas ni nuestro conocimiento teológico. La misma nos hace arquear la ceja, fruncir el ceño, torcer la boca. Tal vez no lo sabemos. Tal vez creemos que lo sabemos. No obstante, la pregunta ya ha empezado a hacer su trabajo. La esquirla ya plantó la bacteria de la duda. Ha aparecido la infección.

Antes de la muerte fue la mentira, pero antes de la mentira fue el Mentiroso. Satanás empezó como un ser celestial. Era un ángel; de hecho, lo sigue siendo, pero entonces era uno bueno. Cuando Dios creó todas las cosas y las hizo buenas, Satanás pensó que tenía su oportunidad. Él no entró caminando tranquilamente al jardín. Se puso sobre su estómago y se arrastró, para fingir humildad tal vez. En el amanecer de la preciosa creación, las serpientes no tenían la imagen que tenemos de ellas hoy. No, todo eso comenzó con él, con este hecho, antes de la muerte fue la mentira.

El diablo busca hacer que el pecado parezca bueno; él sabe que si ves la realidad del pecado, y la realidad de él mismo, tu inclinación a seguirlo será menor

Génesis 3:1 dice que la serpiente era astuta. Ella sabía que no podía bombardear a su presa con una herejía directa. No podía atosigarla. El diablo busca hacer que el pecado parezca bueno; él sabe que si ves la realidad del pecado, y la realidad de él mismo, tu inclinación a seguirlo será menor. No podía aparecerse mostrando su verdadero yo. Por eso… 

La serpiente preguntó: “¿Conque Dios les ha dicho: No coman de todo árbol del huerto?” (Gn. 3:1)

En el jardín, la serpiente plantó la primera semilla de la duda del mundo por medio de una propuesta perversa disfrazada de una simple pregunta.

Una mentira perversa disfrazada de una promesa poderosa

“Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto, ha dicho Dios: ‘No comerán de él, ni lo tocarán, para que no mueran’”, Génesis 3:2-3.

¿Eva sabía lo que significaba “morir”? Debe haberlo sabido; de lo contrario, el Señor no se lo habría prometido como consecuencia. El mundo estaba lleno de posibilidades. Y había surgido una más: ¿y si Dios, en efecto, estaba equivocado? ¿Era eso posible? ¿Y si Dios no sabía lo que afirmaba saber? ¿Y si, a pesar de toda la evidencia disponible y en oposición a todo lo que Eva había conocido de su carácter, era Dios quien estaba mintiendo y no este personaje que siseaba seductoramente en el oído?

“Y la serpiente dijo a la mujer: Ciertamente no morirán. Pues Dios sabe que el día que de él coman, serán abiertos sus ojos y serán como Dios, conociendo el bien y el mal. Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría…”, Génesis 3:4-6a.

Era así de simple y así de complejo. La expectativa de la mentira era un ataque frontal a todos los sentidos de Eva. A Adán y Eva no les faltaba alimento, pero aún así el fruto les pareció “bueno para comer” y les prometía satisfacerlos de una forma todavía desconocida. El mundo era nuevo y grande, pero aún así el fruto era agradable a los ojos y los deslumbraba de una forma nueva y seductora.

En el jardín, la serpiente plantó la primera semilla de la duda del mundo por medio de una propuesta perversa disfrazada de una simple pregunta

Adán y Eva tenían mentes que no habían caído todavía y poseían una capacidad de aprendizaje increíblemente vasta, pero aún así el fruto era “codiciable para alcanzar sabiduría”. Como si en la imaginación de ambos este fruto poseyera la llave de una puerta cerrada que conducía a una habitación que ni siquiera sabían que existía hasta que la serpiente dirigió su atención hacia ella.

Me pregunto a qué sabía el fruto. ¿Era jugoso y delicioso? ¿O tal vez resultaba más amargo de lo que esperaban, un poco duro, como al morder un melocotón que no está maduro? Tal vez, a la primera mordida, tuvieron la primera duda con respecto a su decisión: ¿Y si esto no hace lo que la serpiente dijo que haría? No obstante, siguieron comiendo, por si acaso. Ellos eran iguales a nosotros. Mejor dicho, nosotros somos iguales a ellos.

Compartamos la verdad en un mundo de mentiras

Ahí se halla el epicentro del desastre en el que tú y yo nos encontramos hoy. Ciertamente con nuestra desobediencia creamos nuestros propios cráteres de disfuncionalidad y enfermedades, pero este es el punto por el cual entró al mundo el contagio que opera dentro de nosotros.

Tú sabes a dónde se van los mentirosos. Y aquellos que persisten creer en las mentiras del diablo acerca de Dios y la gracia también se irán a ese lugar. El infierno es tan real como el mismo diablo. Nuestra esperanza está en el cielo, desde el cual Cristo vino a obedecer a la perfección y en nuestro lugar, a morir sacrificialmente como nuestro sustituto, a levantarse triunfalmente como nuestra vida eterna y a ascender glorioso para prepararnos un hogar, donde estaremos con Él cuando regrese.

La buena noticia es que gracias a Él, que es la verdad, los pecadores pueden ir al cielo y el diablo puede irse al infierno.


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