¿Cómo puedo decirle a alguien que se cree salvo que no pienso que lo sea?

Nota del editor: El pastor John Piper recibe preguntas de algunos de sus oyentes de su programa Ask Pastor John. A continuación está su respuesta a una de esas preguntas.

Jacob, un oyente del podcast, nos envía una pregunta pastoral algo complicada: “Pastor John, ¿cómo puede uno dirigirse a personas que conocemos y que creen ser salvas pero uno tiene la sensación de que no lo son? Entiendo los peligros de ser crítico en una situación como esta, pero viviendo en el ‘cinturón de la Biblia’,1 me veo en esta situación todo el tiempo”. ¿Qué le dirías a Jacob?

Yo diría que esto es un gran problema. Lo es ahora, y siempre lo ha sido. Y por supuesto, no lo es solo en el “cinturón de la Biblia”. Me refiero a que toda iglesia tiene miembros nominales. Sí, los tienen. Todas. Las iglesias liberales están tan plagadas de personas que piensan que son cristianos cuando no lo son como las del “cinturón de la Biblia”.

Yo vivo en Minnesota, y ser de Minnesota es casi como ser luterano o católico. Y esas iglesias, al igual que cualquier otra iglesia bautista en el “cinturón de la Biblia”, están plagadas de personas que piensan que son cristianas cuando no lo son. Esto siempre ha sido un gran problema. Ya en el Nuevo Testamento leemos: “Ellos salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros” (1 Juan 2:19). Así que por mucho tiempo estuvieron allí. Estaban en la iglesia, se parecían al resto. Y salieron; es así como se supo finalmente que no eran de los nuestros.

Y Pablo habla a iglesias enteras. Algunos se tropiezan con esto. Pablo amonesta a iglesias enteras advirtiéndoles que aquellos que no producen el fruto del Espíritu Santo no heredarán el reino de Dios. Y habla a toda la iglesia en general. Él no dice: “Oh, hay uno o dos incrédulos entre ustedes”. Lo que dice es: Todos ustedes tengan cuidado, ya que pudieran estar fingiendo. Los que “no aman al Señor”, dice al final de 1 Corintios; si no aman al Señor, entonces son “malditos” (1 Corintios 16:22). No es un problema nuevo, en lo absoluto. 

Así que permíteme ofrecerte algunas posibles sugerencias de cómo tratar a alguien que en cuya vida no se ve —y podrías equivocarte— o no se percibe evidencia suficiente de la gracia de Dios como para estar persuadido de que ha nacido de nuevo o que es verdaderamente cristiano. Y asumo que hablamos de una persona con la que se tiene una relación continua, no solo a quien se le ve una vez al año, en una reunión familiar, por ejemplo. Entonces, aquí vamos. 

1) Ora. Ora fervientemente por un despertar espiritual. Y un despertar es la palabra correcta. Se deja de lado si la persona es salva o no, pues no se sabe con seguridad, pero un despertar es lo que todos necesitamos de todas maneras. Si es un creyente de fin de semana o un incrédulo que piensa ser creyente, necesita un despertar, quedarse aturdido, ser despertado y llevado a una relación vital de amor con Jesucristo por el poder del Espíritu Santo. Así que ora.

2) Incorpora a estas personas en tu vida tanto como sea posible y guíalas a situaciones en las que tú puedas dirigirlas, en lugar de que lo hagan ellas. El objetivo aquí es que ellas puedan saborear y ver el tipo de experiencias que quizá no tienen, en lugar de que ellas te conduzcan a los entretenimientos mundanos y vacíos donde es casi imposible hablar de cosas espirituales. Así que atráelas a tu alegría y a tu manera de caminar con Jesús lo más que puedas.

3) Estate dispuesto a ir con ellos a su iglesia e invítales a ir contigo a la tuya, suponiendo que van a diferentes iglesias. Y usa esos momentos para hablar de tu experiencia de adoración y lectura de la Palabra. Y si vas a la misma iglesia, modela la forma de responder espiritualmente, afectuosamente, y seriamente a la verdad bíblica predicada, a las alabanzas, y así sucesivamente.

4) Habla con regularidad de tu propia experiencia con el Espíritu Santo y con Jesús, y del poder de la palabra de Dios y de las disciplinas espirituales en tu vida. Esto no es una predicación. Debe desbordarse de ti naturalmente. Y si no se desborda, no será muy útil. Es el desbordamiento de una verdadera relación con Dios. Y la esperanza es que puedan probar algo que no tienen cuando te ven hablando del Señor como de un precioso y verdadero amigo con el que conversaste esta mañana. 

5) Cuando un sitio web en particular, o una cita de algún texto, o un sermón, o un testimonio, o un libro, o una experiencia te ha emocionado —ha obrado algo real en ti y te ha conmovido por medio del Espíritu— compártelo con ellos. Ofréceles el libro, el sitio web, el sermón, lo que sea, y diles por qué te ha conmovido. Tal vez ellos lo vean, y tal vez Dios lo use para avivar su propia experiencia.

6) Revive continuamente los afectos que el nuevo nacimiento trae consigo. No hablo principalmente de conductas. No hables una y otra vez de conducta, de portarse así y así. No se trata principalmente de disciplina, ni ética moral, sino de emociones espirituales reales creadas por el Espíritu Santo a través del nuevo nacimiento, a través de la palabra de Dios. Y yo siento esto particularmente fuerte en este momento. Lo incluyo aquí porque acabo de enseñar sobre 1 Pedro, y una de las principales lecciones que puedo resaltar es el énfasis, una y otra vez, en una vida marcada por pasiones diferentes a las que alguna vez tuvimos cuando vivíamos en la ignorancia, dice él en el 1:14.

Así que cuando sea apropiado, pregúntale acerca de su experiencia. Hazlo. Pregunta: ¿Qué significa el temor de Dios? ¿Qué significa santificar a Cristo, considerarlo como santo, experimentar la fascinación de Cristo en el corazón? ¿Qué significa amar a Cristo? Comparte conmigo cómo amas a Cristo. ¿Qué significa la frase “gozo inefable y lleno de gloria”? (ver 1 Pedro 1:8) ¿Haz experimentado no tener ansiedad o miedo ante una amenaza? O háblame de los sentimientos que el Espíritu produce hacia nuestros hermanos en la fe. O descríbeme lo que significa tener un corazón tierno. Dile que tú mismo luchas por tener un corazón tierno. Pídele que te hable de cómo busca esta cualidad.

El principio aquí es que un corazón nuevo con nuevos afectos es lo que identifica a un verdadero cristiano, no solo nuevas ideas y nuevos patrones de comportamiento. Esto sucede con el tiempo. Es el resultado de esta savia que brota de la raíz del nuevo nacimiento, lo que llamamos los afectos religiosos o cristianos. Así que exponlos para que puedan reconocer que quizá ellos no los tienen. Y puede que tengan una idea totalmente superficial, externa, formalista, de la vida cristiana. Y hablar de los afectos será como un idioma extranjero para ellos, y puede que se despierten y digan: Creo que no he nacido de nuevo.

Y una de las maneras más fáciles de hacerlo, por cierto, es estar con ellos en un pequeño estudio de la Biblia, y cuando se llega al nuevo nacimiento, pídeles que hablen contigo. Es un estudio de la Biblia, ¿no? ¿Qué crees que significa? ¿Y cómo se experimenta? Y tal vez dirá: Yo no lo he experimentado. Y entonces se puede llegar al fondo del asunto.

7) Y por último, cuando sea el momento, puede que desees ser directo y expresar tu preocupación por su alma. Una forma de hacerlo con cuidado sería preguntarle si alguna vez ha luchado con la seguridad de su salvación, y decirle que también te pasa de vez en cuando. Y luego ilustra la manera en que aplicas las promesas de Dios para combatir la duda y el miedo, para animar tu propia alma, y ​​tal vez se abrirá como una flor y dirá: Sí, la verdad es que a veces me pregunto si soy cristiano. Puede que se enoje contigo por hacer esa pregunta. Puede alejarse de ti. Pero siempre asegúrale que lo amas, que estás orando por él y quieres ser su amigo y que, suceda lo que suceda, no quieres alejarte de él. 

Y por supuesto, en algún momento, presenta el corazón del evangelio, asegurándote de que se entendió bien y que él no tiene algún moralismo reemplazando el evangelio. Hazlo señalando la gravedad del pecado, y la necesidad —el milagro— del nuevo nacimiento, para que sepa que esto está fuera de su alcance. Esto es un milagro que tiene que suceder en su vida.

Lo que nuestras iglesias necesitan —esto es una especie de resumen de todo— lo que nuestras iglesias necesitan es un clásico avivamiento enviado desde el cielo. Un gran despertar por parte del Espíritu, donde cientos y cientos de personas nominales revivan a la gravedad del pecado y a la belleza de Cristo. Oremos por ello.


[1] El “cinturón de la Biblia” (“Bible Belt”) es una región al sureste de los Estados Unidos en donde hay una concentración fuerte de cristianismo evangélico.

Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Juana Gervais.
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