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El pasado domingo 18 de octubre dos iglesias católicas fueron quemadas en Santiago de Chile. Esto ocurrió en el marco de protestas y saqueos por el primer aniversario del “estallido social” reciente en el país.

La revuelta social del año pasado, que dejó decenas de muertos y miles de heridos, se debió en un comienzo al anuncio de un incremento en la tarifa del metro de Santiago. Todo aceleró rápidamente y pronto las protestas incluyeron demandas relacionadas a la desigualdad social en el país. La situación avanzó a tal punto que el próximo 25 de octubre se celebrará un plebiscito histórico en Chile para decidir si se cambiará la Constitución actual de la nación, vista por millones de chilenos como la razón de las desigualdades en el país.

Las protestas de ayer fueron en su mayoría pacíficas, según señalan medios chilenos, pero muchos saqueos reportados, que afectan a familias trabajadoras, y la quema de dos iglesias dejan al mismo tiempo mucho para pensar.

La primera iglesia en ser quemada fue la iglesia de San Francisco de Borja, que es iglesia “institucional” de Carabineros (la policía que integra las Fuerzas de Orden y Seguridad en el país). En cuestión de horas, otros manifestantes quemaron la Iglesia de la Asunción y las llamas derribaron la cúpula del recinto. Esta es una de las iglesias más antiguas del país. Consuelo Valdés, Ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio en Chile, declaró su “Indignación y tristeza por el incendio y destrucción” de los templos, “ambos inmuebles patrimoniales”.

Aunque ambas iglesias quemadas no son evangélicas, los cristianos en el mundo hispano hacemos bien en considerar este evento con sobriedad, buscando discernir sus implicaciones para nosotros y los tiempos en que vivimos.

¿Cómo podemos responder los cristianos?

“Esto ocurre en un contexto de malestar social muy grande en Chile, debido a un sistema político y económico que de alguna manera despierta expectativas pero no las cumple. Es lo típico de los ídolos: prometen algo que después deja al corazón completamente vacío. En una generación con gran desesperanza y falta de fe, esto evidentemente despierta en ellos este tipo de reacciones que son nefastas”, nos recuerda el pastor Jonathan Muñoz, de la Iglesia Presbiteriana de Chile. Así que es importante que los cristianos prediquen el evangelio en este tiempo tan difícil para nuestros países. Solo Cristo puede satisfacernos.

Al mismo tiempo, la Biblia dice que el amor “Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Co. 13:7). Esto debe llevarnos a evitar las generalizaciones. No deberíamos pensar que todas las personas participantes de X movimiento político y social están en contra de la religión. Sin embargo, tampoco podemos negar que detrás de muchos movimientos sociales hay un menosprecio hacia las iglesias y la autoridad que representan. Y están dispuestos a acudir a la violencia innecesaria para expresarse y atacar la religión.

Diversos movimiento modernos argumentan que la iglesia ha contribuido a perpetuar males en nuestra sociedad, y que la enseñanza bíblica sobre temas como el aborto, el sexo, o la propiedad privada son injustas y socavan la libertad de las personas. No es de extrañar que la religión sea vista por algunos como un enemigo que impide el “progreso social”. La quema de estas dos iglesias católicas en Chile es un recordatorio de esta verdad. De hecho, si consideramos el contexto de estas protestas, veremos que estas no fueron las únicas iglesias católicas incendiadas en el marco del estallido social.

Los cristianos hacemos bien en recordar que las instituciones religiosas nunca han sido perfectas, como la historia puede recordarnos. Sin embargo, los creyentes somos llamados a caminar conforme a la verdad. De hecho, ha sido la iglesia cristiana quien ha impulsado cambios positivos en el mundo, como la abolición de la esclavitud y la lucha por la libertad religiosa y los derechos civiles. A la vez, aunque algunas enseñanzas bíblicas son ofensivas para nuestra cultura, la Biblia las revela para nuestro bien. Los creyentes no tenemos que avergonzarnos por nuestra fe.

Al mismo tiempo, los cristianos debemos orar por nuestros países ante el avance de agendas que se oponen a la religión. Ayer no quemaron iglesias donde la verdad de Dios sea proclamada fielmente, pero igual debemos condenar estos eventos. “Tenemos diferencias claras con el catolicismo romano; sin embargo, los católicos son un grupo que debe ser respetado y los cristianos afirmamos que esta [quema de iglesias] no debería ser la forma de manifestar los desacuerdos”, afirma el pastor Muñoz.

Además, ¿por qué mañana algunos grupos radicales no habrían de atacar a nuestras iglesias? En casi toda Latinoamérica empezamos a ver eventos que, paso a paso, podrían conducir a una mayor aceptación de la persecución contra nuestra fe. Eventos como la legalización del aborto, el avance de la agenda LGBT, y otros. Oremos al Señor, que nos ayude a descansar en Él, que haga su voluntad, y que en todo nos conceda responder con su amor a un mundo en donde el odio hacia la fe puede ser violento.

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