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“Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento”, Hechos 28:30-31.

Con esta cita se da fin a un libro que termina sin concluir y concluye sin terminar. Es una narración llena de viajes, intrigas, persecución, juicios, escapadas, encarcelamientos y ejecuciones. Todas estas dinámicas van desde las polvorientas calles de Jerusalén hasta la estratégica Antioquia; desde la inquieta acrópolis de la antigua Grecia hasta las inestables aguas del Mediterráneo; y desde la rural comuna de Malta hasta la imponente y glamurosa Roma. 

Por medio del estudio y lectura del libro de los Hechos conocemos la historia de la Iglesia desde sus orígenes. Pero conocer la historia no solo es información sobre los principios de algo, es más que eso; es una oportunidad que…

  • nos recuerda nuestra identidad como cristianos 
  • nos motiva a la celebración al recordar las conquistas que hemos obtenido ya sea en el orden personal, familiar, nacional o eclesiástico 
  • nos recuerda el compromiso que tenemos con nuestras causas espirituales
  • nos ayuda a evitar los errores del pasado 
  • nos permite interpretar mejor el presente 

Autoría literaria

Sobre quién es el autor, podría decirse que el libro es formalmente anónimo. Sin embargo, la influencia de la tradición cristiana es muy fuerte. “Eusebio, el historiador de la Iglesia primitiva del siglo IV d.C., atribuye a Lucas la autoría del libro. Él dice en su Historia eclesiástica, 3:4: ‘Lucas, nativo de Antioquía, y cuya profesión era médico, habiendo estado relacionado sobre todo con Pablo…’”.[1] Podemos deducir entonces que el doctor Lucas (Col. 4:14), médico de profesión, historiador por vocación y teólogo por pasión es el autor sugerido y aceptado de un libro que originalmente era en dos tomos. El primero, el Evangelio que lleva su nombre, y el segundo el que es conocido como Hechos de los Apóstoles (Luc. 1:1-4; Hech. 1:1-3).

Este libro es un trabajo literario en dos grandes actos: 

  • Capítulo 1 hasta el 12: la promesa del derramamiento del Espíritu Santo y el surgimiento de la Iglesia
  • Capítulo 13 hasta el 28: la expansión del evangelio y el progreso de las misiones cristianas 

No se presentan datos minuciosos específicos de los personajes, tales como parientes, edades o estados de salud, pero sí se habla de las muchas pruebas y situaciones de sus vidas, y cómo estas situaciones no pudieron apagar el fuego en sus corazones y la pasión por el evangelio. 

Más que una invitación a conocer la historia de la Iglesia, Hechos nos invita a ver la obra del Espíritu Santo, la proclamación del evangelio y la soberanía de Dios obrando en cada una de las circunstancias.

Es una obra maestra de una narrativa histórica que puede calificarse de precisa, dinámica y exquisita. El período de tiempo que este libro comprende varía según los eruditos, pero básicamente cubre aproximadamente los primero 30 años de la Iglesia cristiana, es decir, desde el año 29 d.C. hasta el 60-62 d.C. Su tiempo de redacción también varía dependiendo de los criterios de cada experto. Por ejemplo, los teólogos D. A. Carson y Douglas Moo dicen: 

“A la hora de fechar el libro de Hechos, se han sugeridos fechas desde el año 62 d.C., año en el que ocurre el último suceso recogido en el libro, hasta mediados del siglo II, cuando aparece la primera referencia clara al libro de los Hechos. La mayoría de los eruditos sitúan este libro en uno de estos tres períodos: 62-70, 80-95 o 115-130”.[2] 

Pero más que todo, más que una invitación a conocer la historia de la Iglesia, este libro nos invita a ver la obra del Espíritu Santo, la proclamación del evangelio y la soberanía de Dios obrando en cada una de las circunstancias que se dan en esta narrativa. John Stott dice: 

“El libro de Hechos también es importante por la inspiración que ofrece al mundo contemporáneo. Calvino lo llamó ‘una especie de vasto tesoro’. Martín Lloyd-Jones se refirió a él como ‘el más lírico de los libros’, y agregó: ‘Los exhorto a vivir en ese libro; es un tónico, el tónico más grande del que tengo conocimiento en la esfera del Espíritu’”.[3]

Propósito y bosquejo

Si vemos la introducción, tanto en el Evangelio Lucas 1:1-4 como en Hechos 1:1-3, se confirma el propósito por el cual el autor (Lucas) escribió su obra. F. F. Bruce, experto en el tema, señala en ese sentido: 

“Lucas anuncia que su propósito al escribir era proporcionar a Teófilo (quienquiera que haya sido) un relato veraz y ordenado de los orígenes del cristianismo, acerca del cual Teófilo ya tenía alguna información. Le interesaba que su receptor se apoyara confiadamente en el relato que ahora le brindaba”.[4] 

Aunque su propósito era suministrar información a su destinatario, vemos que Hechos tiene una repercusión mucho más amplia y profunda porque su contenido no solo se limitó a Teófilo, sino que transcendió por ser Palabra de Dios. Es ampliamente popular el pensamiento de que un buen nombre para este libro debería ser Hechos del Espíritu Santo por las menciones recurrentes que aluden a la tercera Persona de la Trinidad. Aunque algunos, como Martin Lloyd-Jones, difería de este criterio: “El Señor Jesucristo es el tema de los Hechos de los Apóstoles”,[5] opinó el ministro inglés. Sin embargo, esto no invalida la obra del Espíritu Santo en todo el libro.

Un bosquejo que generalmente se propone para este libro es como lo presenta Merrill C. Tenney:[6]

  • Introducción (1:1–11) 
  • El origen de la Iglesia: Jerusalén (1:12–8:3)
  • El período de transición: en Samaria (8:4– 11:18)
  • La expansión alcanza a los gentiles y la misión Paulina: en Antioquia y el Imperio (11:19–21:16)
  • El encarcelamiento y la defensa de Pablo y en Cesarea y en Roma (21:17–28:31)

Texto clave

Definitivamente, dentro de todos los textos claves que encontramos, quizás el más relevante de todos es donde vemos el cumplimiento e inicio del derramamiento del Espíritu Santo sobre todos aquellos que son llamados a salvación:

“… pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”, Hechos 1:8.

Esta declaración de Jesús viene por la pregunta que anteriormente le habían hecho los discípulos sobre la restauración del reino de Israel (1:6). Aparentemente, sentimientos nacionalistas y sueños de soberanía surcaban las mentes de los discípulos; sin embargo, Jesús tenía algo más grande, una causa mucho más noble y una misión mucho más relevante cuyo alcance y repercusiones no se limitaban al ámbito terrenal, sino a un reino trascendente y eterno por medio de la más noble de todas las misiones que el humano pueda ejercer: dar testimonio del evangelio de Jesucristo, Señor del cielo y de la tierra.

¿Cómo debemos leerlo?

La historia es la ciencia que estudia los acontecimientos del pasado relativos al hombre y a las sociedades humanas. Hechos es un libro histórico, y así debe interpretarse.

El libro de los Hechos nos da respuestas relacionadas con nuestros orígenes como Iglesia, y lo que somos como cristianos.

Si queremos saber cómo llegamos a ser lo que somos debemos explorar nuestro pasado. Si bien es importante saber de dónde vinimos, debemos saber de igual manera dónde estamos. Esto es vital en el orden de nuestra fe, porque como dice James W. Sire: 

“… uno de los principales problemas que tienen los cristianos hoy en día es que cuando quiere compartir su fe con otros no entienden la manera como ellos ven el mundo. Creen que la única visión que hay es la que ellos tienen, y muchas veces ni tienen clara su propia cosmovisión cristiana”.[7] 

Es vital saber quiénes somos y qué creemos, pero también qué es lo que piensa y cree el mundo que nos rodea. El libro de los Hechos nos da respuestas relacionadas con nuestros orígenes como Iglesia, y lo que somos como cristianos.

Retos de interpretación

La historia de la Iglesia es rica y valiosa. Debemos leer Hechos como un libro de historia donde cualquier texto que provoque o sugiera una práctica doctrinal debe ser revalidada por los preceptos establecidos en las epístolas. Hechos es narrativa histórica, la cual contiene doctrina, pero el propósito principal del autor no es presentar un tratado doctrinal, sino un compendio de los aspectos que él considera más importantes. La narración de este libro se centra en eventos, no en preceptos. Cuando lo leemos, debemos reconocer ese reto hermenéutico de diferenciar lo narrativo de lo normativo, para no caer en malas prácticas de replicar ciertas acciones o declaraciones que en el libro aparecen pero que no son recurrentes en el gran pliego doctrinal que se encuentran en las epístolas. 

Veamos un ejemplo en la respuesta que le dan Pablo y Silas al carcelero:

“Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”, Hechos 16:31.

He escuchado a muchos cristianos citar este texto como promesa universal y permanente de que el que tiene a Cristo, después de él también vendrá a conversión toda su familia. Pero pregunto: ¿este texto recoge una promesa para todo creyente de que toda su familia será salva, o era una promesa al carcelero? En otro pasaje observamos la conversión de todos los que estaban en la casa de Cornelio, incluyendo su familia (10:24-48). ¿Esto supone una promesa para todos, o son casos particulares? Lo leemos en Hechos, pero no lo vemos planteado como una normativa revalidada en las epístolas. Así que, debemos tener precaución al interpretarlo como una doctrina normativa.

De todos modos, la lectura de los Hechos siempre será necesaria por ser Palabra de Dios, y nos ayudará a tener un mejor entendimiento de la obra del Señor por medio de sus instrumentos humanos.

Conclusión 

Desde muy temprano en mi vida cristiana he escuchado sobre la nobleza y santidad de la Iglesia primitiva, pero estas menciones son en la mayoría de las ocasiones una idealización, y por lo tanto una percepción limitada de las dinámicas que se dieron en ellas. El libro de los Hechos, al contrario a esta percepción, nos presenta la Iglesia desde una perspectiva real y bañada por la gracia de Dios. 

Es cierto, vemos el mover de Dios de una forma extraordinaria, pero también vemos pecados, intrigas, y debilidades. Esas situaciones las vemos en la primera iglesia fundada, la iglesia de Jerusalén. Es la iglesia de Ananías y Safira (cap. 5), y la iglesia de viudas marginadas y desatendidas (cap. 6). Es la iglesia que tiene que enfrentar situaciones de mal manejo del evangelio, y lidiar con la separación ministerial de dos líderes prominentes (cap. 15). Además, de la iglesia de Jerusalén vemos a través de Hechos y en las epístolas toda la variedad de pecados y situaciones que tuvieron que manejar. 

Uno de los aspectos más inspiradores en el libro de los Hechos es ver cómo los líderes manejaron cada evento y situación: confrontación y reprensión (cap. 5); ánimo, oración, y valor (cap. 4); reorganización y compensación (cap. 6); unidad y misión (caps. 7–8); diálogo doctrinal, acuerdos, desacuerdos, y acuerdos de desacuerdos (cap. 15); y todas las demás situaciones que se ven en muchas iglesias mencionadas en Hechos, cuyas situaciones se ven con mayor claridad en las epístolas. 

Pecados morales, doctrinales, y relacionales son las motivaciones de la mayoría de las cartas de Pablo que están registradas en la narrativa de Hechos. Idealizar las iglesias de los Hechos no es saludable, imitar cómo confrontaron el pecado sí lo es. El libro continúa con nosotros por medio de los capítulos que nos toca escribir. Hechos nos presenta la historia de la Iglesia en sus primeros treinta años, desde el capítulo 1 hasta el 28. A partir del imaginario capítulo veintinueve nos toca a nosotros escribirla. Esta es la historia de Dios y Su Iglesia, historia que todavía no termina.


[1] B. Utley,. El libro de los Hechos: El Historiador Lucas (Lecciones Bíblicas Internacional, 2015).

[2] D. A. Carson, y Douglas Moo, Una introducción al Nuevo Testamento (Clie, 2008), 235.

[3] J. Stott, El mensaje de Hechos (Ediciones Certeza Unida, 2010), 8.

[4] F. F. Bruce, Hechos de los Apóstoles: Introducción, comentarios y notas (Libros Desafio, 2007), 28.

[5] Martin Lloyd-Jones, Authetic Christianty (The Banner of Truth, 1999), 16. Traducción del autor.

[6] Merrill Tenney, Nuestro Nuevo Testamento (Portavoz, 1989), 274.

[7] James W. Sire, El universo de al lado (Libros Desafío, 2005).

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