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Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado del libro Romanos 1-7 para ti (Poiema Publicaciones, 2016). Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

Habiendo dicho que Adán “es figura de Aquel que había de venir” (Romanos 5:14), ¡Pablo de inmediato aclara lo que no quiere decir con esto! “Pero la transgresión de Adán no puede compararse con la gracia de Dios” (v. 15, NVI). Pablo enumera tres contrastes entre las obras de Adán y Cristo:

1) Las motivaciones que hubo en el corazón de estas obras eran diferentes

Pablo llama “pecado” (transgresión consciente) a la obra de Adán, y “don” (regalo gratuito) a la obra de Jesús (v. 15). Esto significa que el acto de Adán fue un hecho de autoexaltación en contraste con el acto de Jesús que fue de autosacrificio.

En otras palabras, la obra de Jesús de morir por nosotros no fue simplemente en obediencia hacia Dios; también fue por compasión inmerecida a nuestro favor. Dicho de otro modo, la acción de Adán fue un quebrantamiento de la ley, pero la acción de Jesús fue un acto de “justicia” (v. 18) y de “obediencia” (v. 19), es decir, un cumplimiento total de la ley.

Los efectos de la obra de Cristo deshacen los efectos de la obra de Adán

2) Las consecuencias de estas obras son diferentes

En primer lugar, la de Adán resultó en muerte (v. 15), mientras que la de Cristo resulta en vida. Esta es la primera de las dos consecuencias del mal que se enumeran al principio del pasaje: muerte física. Los efectos de la obra de Cristo deshacen los efectos de la obra de Adán.

En segundo lugar, la obra de Adán resultó en “condenación” (v. 16) y la de Cristo en “justificación”. Esta es la segunda de las dos consecuencias del mal que se enumeran en el versículo 12: culpa jurídica. Una vez más, los efectos de la obra de Cristo deshacen los efectos de la obra de Adán.

En tercer lugar, el resultado del pecado de Adán es que “reinó la muerte” (v. 17). Sin embargo, Pablo no dice que en Cristo “la vida reina”, sino que nosotros “reinamos en vida” (v. 17). Este es otro contraste que Pablo hace. Antes, la muerte reinaba sobre nosotros y estábamos en esclavitud. Ahora somos libres.

El antiguo reino bajo el cual trabajábamos nos aplastó, pero no hemos intercambiado una esclavitud por otra igual. Más bien, ¡en el nuevo reino de Cristo nosotros somos reyes! El reinado de Cristo nos hace reyes, pero el reinado del pecado nos hace esclavos. El contraste es total.

Nuestra justificación es un acto de gracia y la gracia se desborda y abunda dándonos diez, cien, mil y una infinidad de veces más de lo que merecemos

3) El poder de estas obras es diferente

Pablo está tratando de mostrar por todos los medios que el poder y el alcance de la obra de Cristo son mucho mayores que las de Adán. Dice dos veces: “cuánto más” (v. 15) o “con mayor razón” (v. 17) para mostrarnos que la obra de Cristo puede aplastar, cubrir por completo, y deshacer todos los efectos de la obra de Adán. El contraste es entre “pecado” y “don” (también llamado “regalo” o “gracia”).

Nuestra condenación es un acto de justicia, y la justicia imparte igualdad, exactamente lo que se merece. Pero nuestra justificación es un acto de gracia y la gracia se desborda y abunda dándonos diez, cien, mil y una infinidad de veces más de lo que merecemos.

Una vez que somos unidos a Cristo por fe, ¡lo que es cierto acerca de Cristo es también cierto acerca de nosotros!

Hay un cuarto contraste entre Adán y Cristo que Pablo no menciona en el capítulo 5 Romanos y en el que se enfocará el capítulo 6, pero para nosotros es útil mencionarlo aquí. Nuestra unión con Adán como nuestro representante federal es física, pero nuestra unión con Cristo como nuestro representante federal es por fe.

Dios nos une a Cristo cuando creemos en Él. Es por esta razón que Pablo después puede decir “hemos muerto” con Cristo, “fuimos sepultados” con Él y “viviremos” con Él (6:2-4, 8). Antes de ser unidos a Cristo por fe, todo lo que es cierto de Adán es cierto de nosotros. Pero una vez que somos unidos a Cristo por fe, ¡lo que es cierto acerca de Cristo es también cierto acerca de nosotros! John Stott escribe:

“Así pues, ya sea que seamos condenados o justificados, ya sea que estemos espiritualmente vivos o muertos, esto depende de a cuál humanidad pertenezcamos: ya sea que todavía pertenezcamos a la vieja humanidad que inició Adán o a la nueva humanidad que inició Cristo” (Hombres Hechos Nuevos, p. 28).


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