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Muchas de nosotras tenemos amigas feministas, pero no todas sentimos que tenemos el don del evangelismo. Así que quizá pienses que evangelizar a tu amiga no es asunto tuyo. Si piensas así, puede que no hayas entendido bien de qué se trata el evangelismo. 

Evangelizar es presentar el evangelio de Jesucristo. Presentar todo el consejo de la Palabra, como decía el apóstol Pablo (Hch. 20:27). Presentar las malas y las buenas noticias: eres pecadora y Cristo es tu Salvador. Esto es un conocimiento que todo cristiano puede compartir.

Me gusta cómo lo dijo D. T. Niles: “El evangelismo es un mendigo diciéndole a otro mendigo dónde encontrar pan”. Todas, incluyendo a tu amiga feminista, tenemos sed y hambre de Dios. Según el Salmo 107:9, Él es quien nos sacia. Tú estuviste ahí, hambrienta y te dieron pan; ve y haz lo mismo. Así de simple, así de sencillo, así de grande.

Ahora bien, hay acercamientos más eficientes que otros a la hora de evangelizar, y mucho más si tu amiga es feminista. Al evangelizar, personalmente entiendo que hay dos cosas vitales: primero, conocer lo que tu amiga y tú tienen en común, y con eso poder entablar una conversación; segundo, saber en qué discrepan para poder alinear su pensamiento con el de Dios a través de la Palabra y entonces compartir mejor el evangelio.

Lo que tenemos en común: Las mujeres son valiosas

Es una pena que a través de los años el pecado en el hombre, aún en muchos que caminan con Dios, haya hecho que su trato hacia la mujer no sea como el de alguien que trata con un “vaso más frágil”, ni como a una “coheredera” con él de la gracia de Dios (1 Pe. 3:7). Esto ha hecho que las mujeres levanten una barrera hacia el liderazgo bíblico masculino.

Ningún género, al momento de la creación y en la actualidad, es superior al otro

No puedo dejar de mencionar que la corriente feminista comenzó en un principio con la lucha de la mujer por obtener derechos esenciales para que ella pueda ser valorada igual que el hombre. Por ejemplo, en el pasado la mujer no tenía derecho a ejercer el voto electoral, ni derecho a adquirir una propiedad, ni tampoco a obtener un título universitario. Cualquiera de nosotras pudiera decir que la lucha por estas cosas era válida. Pero esa lucha con el tiempo se fue degenerando. Ahora la mujer no solo lucha por tener derechos iguales al hombre, sino que lucha para que su rol sea igual que el del hombre. Y es ahí donde está la mayor discrepancia con la fe cristiana.

Aún así, podemos coincidir con la idea de que la mujer tiene valor. Con lo que no coincidimos es con la idea de que la mujer tiene un valor superior al del hombre, aunque tampoco creemos que el valor del hombre sea superior al de la mujer. Según la Biblia, Dios hizo al hombre y a la mujer a Su imagen y semejanza (Gn. 1:27). Ningún género, al momento de la creación y en la actualidad, es para Dios superior al otro. 

Esta enseñanza bíblica debe brillar ante los ojos de mi amiga feminista. Ella debe entender y creer que su género es de igual importancia a los ojos de su Creador. La Biblia nunca ha denigrado su valor. Entonces, luego de hablar lo que tenemos en común —que las mujeres tienen igual dignidad que los hombres—, hablemos de nuestras diferencias de pensamientos para que, con la Palabra, podamos llevar a nuestra amiga a conocer a Dios.

Nuestra diferencia: Los roles que Dios asignó

Si bien es cierto que ambas entendemos nuestro valor, la mayor discrepancia entre la fe cristiana y el movimiento feminista radica en la asignación de los roles dados por Dios.

Ciertamente, nuestra defensa se basa en lo que la Biblia nos muestra y no en lo que nuestro entendimiento procesa como justo o bueno. Dios, todopoderoso y sabio, ideó una estructura para que la creación funcione de manera adecuada. En su sabiduría, Él decretó que de los seres humanos hechos a su imagen y semejanza, el hombre sea la cabeza o el líder, y que la mujer, le sirva de complemento para la gran tarea que a ambos se le dio de gobernar la tierra.

Los roles asignados por Dios no me encarcelan ni me hacen un ciudadano de segunda clase

Esta asignación de roles implica que hay alguien que traza las pautas, y hay alguien que las sigue y lo ayuda. A nivel secular, y específicamente a nivel gerencial, vemos cómo toda empresa se basa en esta estructura: un líder con sus ayudantes que lo complementan en la tarea. Un barco con un capitán, un ejército con un comandante, y así sucesivamente. Aún en la relación de la Trinidad vemos jerarquía entre sus miembros y todos son de igual valor: cada persona de la Trinidad es Dios. Entiendo que esto es un buen argumento para dejarle ver a mi amiga feminista que la asignación de roles nunca determina nuestro valor; simplemente es un asunto de orden, es la estructura de diseño que busca un buen funcionamiento.

Los roles asignados por Dios no me encarcelan ni me hacen un ciudadano de segunda clase. La sumisión (definida según la Biblia) no es retrógrada, es solo parte del diseño que busca un buen funcionamiento. Por último, la maternidad no esclaviza a la mujer en la unidad familiar, sino que es parte del rol diseñado por Dios para aquellas que son madres.

Solo en Él hallamos descanso

No dudes en defender la Biblia y sus enseñanzas ante las corrientes de este mundo, en especial ante el feminismo. Todas somos mendigas buscando pan y Dios está presto para saciarnos. Me gusta la frase de Agustín de Hipona cuando dice: “nos hiciste para ti, y nuestros corazones estarán inquietos hasta que descansen en ti”.

Cuando un corazón feminista se convierte y confía en el diseño de Dios para su vida, ese corazón encontrará descanso. Su búsqueda insaciable por la igualdad experimentará paz, ya que esa mujer podrá entender que su Creador la ama y que su diseño es perfecto. Solo viviendo dentro del diseño y la voluntad de Dios encontramos propósito a la luz del evangelio.

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