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Cómo alcanzar a los engañados por el evangelio de la prosperidad

Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de Dios, la avaricia y el evangelio (de la prosperidad): Cómo la Verdad desmorona una vida construida sobre mentiras (Vida, 2019), por Costi Hinn.

Aquí tienes una lista de diez cosas que te recomiendo hacer si estás tratando de guiar a las personas a la verdad. No escribo esta lista como un autoproclamado experto, sino como alguien que ha aprendido tanto a través del éxito como del fracaso. A veces se producen avances cuando comparto la verdad; a veces hay resultados devastadores. Cuando quiero tirar la toalla, siempre vuelvo a la Biblia para motivarme (1 Co. 13; Jud. 22-23). Sobre todo, sé que Jesús puede derretir todo corazón de piedra.

Ten en cuenta que puede haber momentos en que estos pasos funcionen bien en orden cronológico, mientras que otras veces te encontrarás repitiendo los mismos pasos una y otra vez. Si es así, verás por qué el décimo paso es tan importante.

1. Ora por ellos

Charles Spurgeon dijo con razón: “La oración es el destructor de la duda, el remedio de la ruina, el antídoto para todas las ansiedades”.

Cuando hablamos de alcanzar a amigos y familiares, ¡solo podemos empezar con la oración! Donde hay oración, el odio no sobrevivirá. Cuando inclinamos nuestra voluntad ante la de Dios y le pedimos que obre en los corazones de aquellos a los que estamos tratando de alcanzar, es inevitable que nuestros corazones se ablanden y cambien primero.

Puesto que la salvación y la transformación son obras soberanas del poder de Dios, tenemos que orar por su poder para ver que sucedan esas cosas. Su voluntad es que las personas sean salvas (1 Ti. 2:4), así que ora por ello y confía en Él para los resultados.

Al orar para que otros dejen de pecar, no olvides mirarte en el espejo y orar para que Dios te limpie también de tu pecado

También debemos orar por una fe mayor. Se producirán más y más conversaciones en las que se burlarán de ti, o tal vez debatas con amor las diferencias solo para, aparentemente, no hacer ningún progreso. No pierdas el ánimo ni la paciencia. Ora por fe.

Por último, al orar para que otros dejen de pecar, no olvides mirarte en el espejo y orar para que Dios te limpie también de tu pecado (1 Jn. 1:9).

2. Estudia la verdad

No se necesita un diploma en combate contra la falsa enseñanza para llegar a las personas; lo que necesitas es estar bien versado en la verdad.

La sabiduría de este mundo y las filosofías humanas no tienen poder para salvar y transformar vidas, pero el evangelio es “poder de Dios” para salvar a las personas (Ro. 1:16). Usa eso en tu beneficio y presenta el evangelio a los demás tan a menudo como sea posible.

No puedo decir cuántas veces he fallado en esto y he terminado perplejo por los malos resultados. Mirando atrás, te diré exactamente lo que salió mal. Estaba confiando en el poder de mi intelecto y en el poder de mi emoción (o frustración) para ganar una batalla que solo el evangelio puede ganar.

Lo cual nos lleva a un punto inculpatorio: necesitamos conocer el evangelio para compartirlo. Puede parecer sorprendente, pero muchos cristianos no saben cómo comunicar el evangelio de manera efectiva en una conversación.

¿Conocemos el evangelio lo suficientemente bien como para detectar una falsificación?

Claro, todos podemos recitar la declaración de la escuela dominical de que Jesús murió en la cruz por nuestros pecados, pero ¿conocemos el evangelio lo suficientemente bien como para detectar una falsificación? Cuando alguien dice que Jesús murió para curarte y bendecirte en la tierra, ¿sabes por qué esa afirmación puede ser peligrosa? Si alguien dice que dar dinero a su ministerio te reportará cien veces más y curará el cáncer de tu hija, ¿puedes explicar por qué es una falsa promesa a la luz del evangelio? Especializarte en la verdad y estudiar la sana doctrina te dará seguridad como cristiano y como testigo que intenta llegar a otros.

Una cosa más que quiero mencionar: evita los chismes suculentos y las controversias evangélicas de última moda. Esto no significa que debamos evitar abordar temas críticos, pero, como evangélicos, a veces podemos atascarnos en el barro de nuestro propio drama y distraernos de nuestra misión aquí en la tierra.

3. Enfrenta los problemas de tu corazón

Si alguna vez te has preguntado por qué la gente se desquicia y se enoja tanto durante las discusiones sobre teología, por lo general tiene sus raíces en problemas del corazón que no se han resuelto. No podemos llegar a otros si no nos miramos primero en el espejo para examinar cómo manejamos el proceso.

En estos días escasean las aptitudes para la resolución de conflictos. Muchas personas, y no excluimos a los cristianos, no tienen la disposición adecuada para un diálogo saludable y sólido, sin tomárselo todo como algo personal. Muchos tienen tendencias vengativas porque nunca han tratado con el dolor, la ira o el miedo de maneras bíblicamente saludables.

Lo digo con amor. Si tienes problemas para estar de acuerdo con esta lista, es probable que tengas un problema de corazón en este aspecto. Con eso quiero decir que tu orgullo te impide ver tu punto ciego en lo que se refiere a amar a los demás, controlar tus emociones, y gestionar el desacuerdo de una manera que honre a Dios. ¡Sé de lo que hablo! Yo he estado allí, y la lucha es real. Fracasé muchas veces y dije muchas cosas con motivación puramente emocional hacia mi familia inmersa en la falsa enseñanza. Eso no nos llevó más que a una guerra verbal.

Antes de que yo dijera nada en público (como en un blog, libro, o video) sobre el evangelio de la prosperidad, se establecieron ciertos mecanismos para ayudarme a mí mismo.

Mi pastor me pidió que le rindiera cuentas presentándole informes sobre mi vida de oración por un tiempo, saturé mi vida con las Escrituras, y acudí a consejeros de varios tipos durante tres años. El asesoramiento y la tutoría personal no eran negociables. Algunas personas pueden burlarse de la consejería o la terapia, pero estoy muy agradecido por las personas que el Señor usó para brindarme una sabiduría de la que nunca había oído. Todos mis consejeros, que eran pastores, pastores retirados, o líderes cristianos con largos currículos de mentoría fiel, me enseñaron cosas similares acerca de la importancia de decir la cruda verdad en amor pero manteniendo una actitud sana.

Nunca he visto a Dios abrir los ojos de una persona espiritualmente ciega explotando contra ellos vía Twitter o Facebook

Pasa algún tiempo aplicando terapia a tus emociones, resistiendo el impulso de explotar durante la “fase de la jaula”, y pregúntate: “¿Soy un contencioso que solo quiere sangre? ¿O realmente siento compasión por esta persona?”.

4. Procura reunirte en privado

Tal vez tú sí, pero yo nunca he ganado a nadie para la verdad ni he visto a Dios abrir los ojos de una persona espiritualmente ciega explotando contra ellos vía Twitter o Facebook. Además, menospreciar las creencias de otros en un ambiente de grupo solo engendrará conflicto e inseguridad y probablemente conducirá a una guerra de palabras.

Por último, ¿quién no ha visto la inutilidad de debatir por mensajes de texto? Repito, he intentado esa vía y he fracasado miserablemente. Trata de escribir una carta sincera con una invitación a reunirse en privado, o haz una llamada telefónica e invita a la persona a comer y ponerse al día.

Buscar una reunión privada debe verse como una estrategia de construcción de puentes, no como un monólogo en que das tu opinión y luego le cedes la palabra sin prestarle atención.

Puedes incluso plantearte —prepárate para sorprenderte ante mi sabiduría— entablar una amistad o relación con alguien con quien no estás de acuerdo. Soy profundo, ¿verdad que sí? Seguro que captaste mi sarcasmo. No quiero ser duro, pero, en serio, tenemos que mejorar en la construcción de puentes relacionales con los demás si queremos llegar a sus corazones. Conozco a personas que hacen lo que yo llamo “evangelismo desde un auto en marcha”. En sus conversaciones, disparan su munición a la gente y siguen su camino, sin detenerse a pasar tiempo en una conversación a dos bandas con la víctima de sus disparos.

Sin una interacción personal y significativa, no llegaremos a las personas que están atrapadas en el engaño

Este es un cliché que ha resistido la prueba del tiempo: “A las personas no les importa lo que sabes hasta que se dan cuenta de lo mucho que te importan”. Es mejor centrarse en amar a alguien relacionándose con él de una manera personal que entablando una discusión. Sin una interacción personal y significativa, no llegaremos a las personas que están atrapadas en el engaño.

Recuerda, ¡las relaciones son cosa de personas!

5. Haz preguntas

Mi amigo Wyatt manifestó hace poco su frustración por no poder comunicarse con una amiga que estaba atrapada en un asunto engañoso y grave. Toma el evangelio de la prosperidad y multiplícalo por diez; en algo así estaba su amiga. Tuvimos una tormenta de ideas sobre su estrategia. Hasta ese momento, le costaba mucho contener sus reacciones a los puntos de vista de ella. Estaba creando una gran tensión en la amistad, así que, después de algunas discusiones, acordamos que era mejor que intentara formular preguntas con sinceridad para mostrar más comprensión que antes.

¿Los resultados? Impresionantes. En una semana, se me acercó en la iglesia exclamando: “¡Amigo! ¡Funcionó a la perfección! Hice preguntas, escuché sus respuestas, y traté de entender su punto de vista antes de compartir mis pensamientos de una forma equitativa. Fue la mejor conversación que hemos tenido, y ella no se sentía como si la estuviera atacando”.

El enfoque de Wyatt cambió en cuanto empezó a usar una pequeña estrategia llamada AAE, es decir, “ayúdame a entender”. Tienes que admitir que funciona mejor que preguntas como: “¿Por qué crees en esa ridiculez?”. Cuando hacemos preguntas sinceras en un esfuerzo por entender a la persona, demostramos que nos importa. Esto nos permite tener una discusión más fructífera y preservar la relación para futuras conversaciones.

Si estás tratando de comunicarte con alguien, necesita saberse comprendido por ti. Comprender no significa que estés de acuerdo con él ni que apruebes conductas a las que te opones. Es simplemente una marca de tu madurez y autocontrol cuando puedes manejar tus emociones lo suficiente como para entender a alguien con quien discrepas.

6. Di la verdad en amor

Pablo dice que necesitamos hablar “la verdad en amor” (Ef. 4:15). Esta es una de las cosas más difíciles de hacer. ¡Es fácil ser desagradable con personas con las que no estamos de acuerdo! Amar a aquellos con los que no estamos de acuerdo es un duro ejercicio de humildad.

Hablar la verdad en amor significa ser veraz, preciso, justo, paciente, amable, humilde y consistente

Hablar la verdad en amor significa ser veraz, preciso, justo, paciente, amable, humilde, y consistente. Tenemos que recordar que, si jugamos al ataque, los demás jugarán a la defensiva. Hablar la verdad en amor va a implicar una conversación ya difícil de por sí; ¿por qué complicarlo más siendo áspero? En una conversación en amor no debe haber inflexibilidad. Eso no significa que tengas que sacrificar la verdad. Si hay discrepancias (lo cual es más que probable), ten en mente el paso 7.

7. No personalices la discrepancia

Pastores más viejos y sabios me han dicho una y otra vez: “No personalices la discrepancia”. Es un consejo sabio que resulta acertado sea cual sea el tipo de conflicto al que te enfrentes. Recuerda, aunque a todos nos corresponde cumplir la Gran Comisión y compartir la verdad, no somos los dueños de esa verdad. Es la verdad de Dios: nosotros somos meros embajadores que transmiten su mensaje.

Si alguien se burla de tus palabras de amor y verdad, no te lo tomes como algo personal; se están burlando de Dios. Cuando nos molestamos y reaccionamos como si el otro nos rechazara, estamos operando con un poco de “complejo de dioses”. No somos Dios, así que no tenemos que actuar como si la gente nos faltara al respeto cuando le da la espalda a la verdad.

Así como somos administradores de nuestros hijos (y no somos su dios) y educamos sus corazones para que obedezcan a Dios, confíen en Dios y miren a Dios, también somos administradores de las otras relaciones de nuestra vida, y debemos considerar esas relaciones como oportunidades para reflejar el corazón de Dios a la gente. En el día del juicio, las personas no van a responder ante ti y ante mí. Se enfrentarán al Señor. Tenemos que tener eso en cuenta y no personalizar la discrepancia.

8. Deja la puerta abierta

Respira hondo un momento y carguemos juntos con las consecuencias. Todos hemos cometido el fatídico error de dar el ultimátum: “¡Si no cambias, te echo de mi vida!”. Me declaro culpable. La lección que aprendemos de este tipo de comentarios es que cerrar la puerta a la gente y quemar puentes solo vale para una corta lista de razones. El abuso es sin duda una de las buenas. La violencia también lo es. Pero por estar en desacuerdo en un tema teológico, ¿es necesario llegar a tal extremo?

Propongo que vayamos más despacio y hagamos algunas preguntas importantes. Primero, ¿esta persona es un falso maestro peligroso a quien hay que refutar y mantener a distancia, o es solo la tía Matilda tratando de convencernos de algo? La Biblia nos da la razón para excluir a los que son peligrosos y engañosos, pero no todos encajan en esa categoría.

Segundo, ¿se trata de una discrepancia tan conflictiva que haga imposible la relación, o se trata de nuestro orgullo que intenta convertir cada cena de Acción de Gracias en un debate teológico? A veces, las personas de nuestro entorno solo quieren tener una conversación normal y ser tratadas como personas, no como oponentes a los que golpear. Dejar la puerta abierta para un diálogo sensato no significa que estemos de acuerdo con sus creencias ni que las pasemos por alto.

Por muy oscuro que te parezca el panorama o por muy perdidas que estén las personas, los creyentes nunca debemos darnos por vencidos

Por último, responde a esta serie de preguntas: si fueras tú el receptor de tus propias palabras, ¿cómo responderías? ¿El castigo que estás infligiendo es proporcional al delito? ¿Es posible que estés perdiendo de vista el propósito de la evangelización y el gozo de alcanzar a los seres queridos porque les das un portazo en la cara?

Si queremos ser los primeros a los que otros llaman cuando tocan fondo o tienen una pregunta sincera sobre la verdad, tenemos que dejar la puerta abierta, mantener la cordialidad en la conversación, y estar listos para preparar una cafetera.

9. Aporta recursos

Cuando estés siguiendo los pasos 1 a 8 y alguien se te acerque con el corazón y la mente cambiados, será mejor que estés preparado. ¡Aquí es cuando la cosa se pone interesante! ¿Recuerdas cuando llegaste a saber la verdad sobre algo y te quedaste hasta las dos de la madrugada investigando en YouTube, encargando libros y mirando al techo tratando de darle sentido a todo? Yo sí. Eso es exactamente por lo que tus amigos y familiares pasarán cuando los toques con la verdad. Van a necesitar unos pasos claros a seguir.

Confecciona una lista de iglesias en las que confías, doctrinas que te ayudaron a crecer, libros que cambiaron tu vida, y pastores de confianza. En la actualidad escasean los maestros bíblicos sólidos sin escándalos morales ni creencias comprometidas, pero existen. Muchas personas que salen de entornos de engaño están buscando desesperadamente a alguien en quien confiar. Ayúdalas.

Es de vital importancia hacer algo más que dar palmaditas en la espalda y decir: “Me alegro de que ya estés fuera. ¡Buena suerte!”. Tenemos que invitarlas a nuestro grupo pequeño de discipulado, reunirnos con ellas por una temporada si es posible, y hacerles saber las horas en que estamos disponibles.

Por último, he conocido a un gran número de personas que han necesitado (y se han beneficiado de) consejería después de pasar años atrapados en iglesias de la prosperidad, abusivas y engañosas. Si tu consejo no es suficiente, envíalas a consejeros bíblicos titulados.

10. No te rindas

Por muy oscuro que te parezca el panorama o por muy perdidas que estén las personas, los creyentes nunca debemos darnos por vencidos. Sí, Dios es soberano en cuanto a la salvación, y Él es quien despierta a su amor el corazón del pecador sin vida, pero eso no anula nuestro papel como embajadores que cumplen con la Gran Comisión (2 Co. 5:21; Mt. 28:16-20). El amor nunca se rinde, punto.

Nunca es demasiado tarde para que alguien se arrepienta de sus pecados y se convierta a Jesucristo como Señor y Salvador

Una de las declaraciones más impactantes sobre el amor está en 1 Corintios 13:4-7: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

Amar a la gente y no darse por vencido implica defender con valentía la verdad y no gozarse en la injusticia, pero está equilibrado con soportar, creer, esperar, y ser paciente en todas las cosas. ¡Qué perspectiva tan desafiante y transformadora!

¿No te sientes más humilde al imaginar la paciencia y la gracia que Dios ha mostrado hacia nosotros? ¿Cómo podemos hacer otra cosa sino responder con paciencia y gracia hacia los demás? Pedro describe la paciencia de Dios con nosotros cuando escribe: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3.9).

Esa preocupación por el alma humana debe manifestarse en la forma en que llegamos a los demás, esperando y orando para que nuestros amigos o seres queridos tengan un momento como el del ladrón en la cruz. Nunca es demasiado tarde para que alguien se arrepienta de sus pecados y se convierta a Jesucristo como Señor y Salvador.

El orgullo te dirá que te rindas, pero tienes que decirle al orgullo que se vaya. Nunca nos rendimos con respecto a las almas perdidas y engañadas.


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