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En el décimo inning del séptimo juego de una final que los Cubs habían esperado por ganar por 108 años, Ben Zobrist bateó el hit que otorgó la tan esperada victoria, llevándose no solo un promedio de bateo .357 en la temporada, sino también el premio MVP 2016 de la Serie Mundial.

Esto después de haber llevado a su último equipo, los Kansas City Royals, a la final el año pasado, para luego ser contratado 56 millones de dólares por cuatro años.

Lo que tal vez no sepas sobre Zobrist es que para él no se trata de ganar. De hecho, ni siquiera se trata del juego.

Sin caretas

“Ben lo entiende” dice su pastor desde hace más de 10 años, Byron Yawn. Él pastorea Community Bible Church en Nashville, Tennessee.

“Él entiende la redención y comprende qué es lo más importante en la vida. Encuentra su mayor gozo en su casa con su familia o en la iglesia en los propósitos de Dios. Él disfruta mucho lo que hace, pero cuando deje el baseball, él va a aprovechar cualquier reconocimiento que le quede para estar en otro campo misionero con la misma intención. Es difícil exagerarlo o dejarlo en claro: él no tiene caretas. Él es real”.

El padre de Zobrist es pastor, y él ha sido creyente desde la niñez. Cuando apunta al cielo luego de cruzar el plato, no hay duda de que lo hace en serio, dice Yawn. “Es sincero en lo que hace”.

De hecho, Zobrist no esconde sus convicciones. Hay todo tipo de historias de cómo su fe afecta su vida.

Debilidad real

Aunque la estrella de Ben se ha elevado tan alto como es posible, Yawn dice que es “un ser humano normal con frustraciones, ansiedad, y debilidad… No maneja todas las situaciones perfectamente”.

No es una sorpresa, ya que el baseball profesional es, de acuerdo a Yawn, “una industria insegura y movida por la culpa, donde trabajar duro para alcanzar el éxito puede contradecir las verdades del evangelio”.

Se espera que los atletas profesionales trabajen muy duro para mejorar su mecánica, ejercitar sus cuerpos, y mantenerse sanos.

Aunque funciona muy bien para Zobrist en el diamante, existía la tentación de permitir que su ética de trabajo incansable se convirtiera en la base de su fe, creyendo que trabajar duro en la oración o el estudio de la Biblia ganaría la aprobación de Dios.

“Cuando Ben llegó a la liga, luchaba significativamente con esto”, dijo Yawn. Las cosas llegaron a un punto crítico muy temprano en la carrera de Zobrist durante un bache prolongado que afectó negativamente su fe. “Tuve la oportunidad de viajar para pasar un tiempo con él y este inmenso peso emocional, este estrés de vivir bajo este espíritu legal”.

El plan de Yawn era “hablar y orar, y tirar a la basura todos sus malos libros cristianos”. Recuerda que le dijo a Ben, “Estaré aquí para ti ya sea que quieras ser un jugador profesional de baseball o no. Las cosas que estás sufriendo son normales, simplemente se vuelven exponencialmente gigantes”.

Todos quieren trazar una correlación directa entre el trabajar duro y que Dios sea bueno, dice Yawn.

“Está en nuestro ADN”.

Fracaso, perdón, progreso

Esta tentación es especialmente fuerte para los atletas cristianos. Ellos podrían conectar una caída con su reciente falta de espiritualidad diligente. Yawn llamaba “transaccionalismo hiperespiritualizado” a esta forma de pensar. Sin embargo, también es fácil que los fanáticos piensen de esta manera. La mitad de los estadounidenses —y 60 por ciento de los evangélicos blancos— creen que “Dios recompensa a los atletas que tienen fe con buena salud y éxito”. Con el espiritismo que permea América Latina, probablemente nuestros números sean aún mayores.

“Hubo un tiempo en el que Ben se culpaba a sí mismo o sobreespiritualizaría [una falla], pensando que era el resultado de no haber sido fiel como creyente”, cuenta Yawn. “Enseñarle a Ben que su identidad está en Cristo y no en su promedio de bateo ha sido la más grande liberación de su vida”.

El baseball es un deporte lleno de fracasos. Si un jugador hace un hit una de cada tres veces, probablemente esté en el Salón de la Fama. Pero también es un juego de perdón.

“Puedes fallar 7 de 10 veces y ser un grande”, dice el primer pastor de Zobrist, Tom, quien también es su padre.

Tom comparaba el juego con la vida cristiana, ya que ambos subrayan la necesidad de mantener la perspectiva durante el proceso.

“No puedes medirte por los resultados”, dijo, “sino por si eres fiel”.

Él tiene razón. A través de todo el mes de octubre, Zobrist podría hacer todo bien en el plato y ver su hermoso bateo terminar en un “out”; de manera similar, un misionero puede evangelizar toda su vida y nunca ver ninguna conversión.

Sabiendo esto, Tom ora por Ben, pero no para que gane juegos, dice él.

“Oro por su fidelidad, que él sea fiel en trabajar duro, fiel al proceso del baseball, fiel a su testimonio”.

Esta forma de pensar ha sido una fuente de paz para Ben, quien le dijo a su padre, “Si soy fiel para hacer lo que tengo que hacer, entonces puedo aceptar los resultados al final”.

Tom ha pasado su propio proceso, pasando de ser un fanático a muerte de los St. Louis Cardinals, a ser un fanático de sus rivales, los Cubs.

“Es una evidencia del sentido del humor lleno de gracia de Dios”, dice. “Lo peor que te pudiera pasar no es que tu hijo juegue para los Cubs”.

El béisbol y Jesús

Ben tenía tres años cuando su padre comenzó a estudiar en Calvary Bible College and Theological Seminary (lo que ahora es Calvary University). Después de terminar el seminario, los Zobrists se establecieron en Eureka, Illinois, un pueblo de unos 5.000 habitantes dos horas al sur de Chicago. Ahí Tom fue nombrado pastor de la iglesia Liberty Bible, donde sirve hasta el día de hoy.

El resto de la familia de Tom vive cerca, aunque en términos de lealtades deportivas están divididos entre los Cubs de Chicago y los Cardinals de St. Louis. Tom siempre fue fan de St. Louis, pero Ben creció siendo un acérrimo fan de los Cardinals.

El mismo año en que su padre comenzó a asistir al seminario en preparación para el pastorado, Ben oró junto a su madre y recibió a Jesús en su corazón. Según Tom, Ben demostraba un tremendo amor por Jesús, a pesar de su temprana edad.

“Ben nunca nos dio ni una pizca de problemas durante sus años en la secundaria”, dijo. “Leímos la Biblia juntos en un año cuando estaba en la escuela intermedia. Desde entonces, entendió la importancia de pasar tiempo en la Palabra de Dios”.

Ben tenía dones de comunicación, y regularmente predicaba en campamentos de verano cristianos y compartía su fe con otros. Tom pensaba que su hijo sería un excelente ministro. Sin embargo, a Ben le encantaba el béisbol, y le encantaba competir. Sus profesores jamás reclamaron sobre su ética de trabajo o trabajo académico, pero Ben sí se metió en problemas por correr en los pasillos para ser el primero en llegar a la cafetería durante la hora de almuerzo. Aun así, al terminar la secundaria, como era de esperarse, Ben siguió los pasos de su padre y se matriculó en Calvary.

Pero dichos planes tambalearon cuando le ofrecieron una beca completa a cambio de jugar como lanzador para Olivet Nazarene University. Sus padres, especialmente su madre, no estaban convencidos.

“Pensamos que el diablo se estaba apoderando de él”, dijo Tom.

Pero luego de una reunión con el entrenador del equipo de béisbol de Olivet, Ben se sentó a conversar con sus padres en el restaurante Cracker Barrel para decidir qué hacer. Le dijo a su padre, “Creo que mi carrera en el béisbol no se ha terminado todavía. Pero si tú crees que ir a Calvary es lo mejor para mí, entonces me voy para Calvary”.

Eso fue suficiente para su padre. “Eso era todo lo que yo necesitaba. . . . Si Ben estaba dispuesto a someterse a mí, entonces también se sometería al Señor”.

Misioneros en la Liga Mayor

El béisbol no fue lo único que Ben sacó de la universidad de Olivet. Liz, la esposa de uno de sus compañeros de equipo, le presentó a su hermana menor Julianna.

Julianna se crió en Iowa. Ella amaba la música, por lo que se fue a Nashville para asistir a la Universidad de Belmont. Ben la persiguió allí, él se propuso que nadie más la miraría a los ojos. Se casaron en el 2005 y se establecieron en Nashville, encontrando un hogar en Community Bible Church.

Ben, Julianna, y sus tres hijos aún viven en Nashville durante la temporada baja, y siguen estando profundamente involucrados en Community Bible Church. De hecho, cuando van a trasladarse para la temporada de béisbol cada primavera, la iglesia los comisiona como misioneros.

“En la Liga Mayor, Ben tiene la reputación de ser un creyente fiel”, dice Yawn. “Al llegar a los casilleros no se pone a condenar o criticar. Es consistente con su mensaje y no se avergüenza de él, pero no intenta forzar a los demás a que compartan su fe”.

Ben no juzga el estilo de vida o las trayectorias de sus compañeros de equipo; al contrario, es compasivo y abierto a conversar. Aconseja a los novatos sobre cómo manejar el estrés de estar en la liga mayor, ayuda a sus compañeros a fortalecer sus matrimonios, y lidera estudios bíblicos. Ha conversado con los dirigentes de la MLB sobre cómo mejorar el cuidado de la mentes y los espíritus de los jugadores, tanto de los que son cristianos como de los que no lo son.

“Ben es como un perro ovejero”, dice el pastor Yawn. “Es un líder nato, y creo que la gente en necesidad se siente atraída a él. Su experiencia ha sido su proceso de ordenación. Su presencia comunica cuidado pastoral y no se pasa de sus límites. La fe de Ben, en vez de repeler a la gente, le ha dado credibilidad al cristianismo que profesa”.

Esposo, padre y miembro de la iglesia

Ben está famosamente atado a su familia: él y Julianna tratan de no estar separados por más de seis días, incluso cuando ambos están de gira. Julianna, que canta música pop cristiana, ha lanzado dos EPs. Su primer álbum, Irrompible, fue lanzado en julio.

Julianna organiza las fechas de sus giras alrededor del calendario de Ben, y ellos hacen escuela en el hogar con sus hijos.

“Sabemos que al final del día, si miramos hacia atrás en nuestras vidas y vemos todo lo que hemos logrado en nuestras carreras, pero nuestra familia se va abajo, nada de eso habría valido la pena”, dijo Julianna al Chicago Tribune.

“Julianna es muy dotada y muy brillante”, dice Yawn. “Ella también tiene un profundo compromiso en su fe y la vive cada día. También ha luchado con estar en el centro de atención, con los éxitos que ha tenido y con saber de dónde viene su valor. El álbum Irrompible vino de eso”.

“La idea de ser ‘irrompible’ básicamente es no permitir que la aprobación o desaprobación de otras mujeres controlen su vida y su historia”, le dijo a la revista Forbes. Es un concepto que cambió su vida, y ella está en el proceso de escribir un libro sobre esto. (Ben y Julianna lanzaron su autobiografía, Double Play: La fe y la familia primero, en el 2014.)

Ben y Julianna están ambos comprometidos con la iglesia local, aun si el encontrar un proceso factible les tomó algunos años, dijo el pastor Yawn.

“Ben ama profundamente la iglesia local”, dice Yawn. “A él le importa lo que está sucediendo en la iglesia local”.

Parte de ese apego viene de haber crecido en Eureka donde, después de 28 años, su padre sigue siendo el pastor.

“Sentíamos que la vida espiritual de Ben era más importante que su vida deportiva”, dice su papá. “Queríamos que él entendiera la importancia de la iglesia local. Nosotros no lo dejábamos jugar en equipos que jugaran los domingos… Nada es más importante que el Señor. No creo que los niños hagan esa conexión si los padres no tienen ese compromiso”.

Aunque Ben no tiene planes concretos de lo que hará después del béisbol –le quedan otros tres años más de contrato con los Cubs– Yawn dice que él estará buscando maneras de servir a Cristo y a la iglesia local a través de cualquier plataforma e influencia que el Señor le provea.

El día después de que Ben hiciera el doble que empezara el rally de la novena entrada en contra de los Gigantes, él estaba hablando por teléfono con Yawn, preguntando acerca de las maneras en las que él podría llenar las necesidades de una familia de la iglesia por la que él estaba preocupado.

“Ese es Ben Zobrist en pocas palabras. Eso es emblemático de quién él es”.

Publicado originalmente para The Gospel Coalition. Traducido y adaptado por el equipo de Coalición. Imagen destacada de Arturo Pardavila III.
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