Astucia | Reflexión

Josué 8 – 10   y   2 Corintios 3 – 4

“Cuando los habitantes de Gabaón se enteraron de lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai, ellos también usaron de astucia y fueron como embajadores, y llevaron alforjas viejas sobre sus asnos, y odres de vino viejos, rotos y remendados, y sandalias gastadas y remendadas en sus pies, y vestidos viejos sobre sí; y todo el pan de su provisión estaba seco y desmenuzado”, Josué 9:3-5.

La política chilena ha sido remecida durante los últimos meses con una serie de descubrimientos que han dejado por el suelo el alto estándar moral con el que se consideraba a sus políticos. Se han descubierto desde arreglos de negocios millonarios basados en información y relaciones privilegiadas hasta el pago de sustanciosas cantidades de dinero repartidas por empresas privadas para partidos políticos y sus campañas. Aunque se afirma que no hay nada ilegal en esas prácticas, si salió de manifiesto cómo varias personas se embolsaron varios millones  con astucia y mucha falta de ética. El diccionario define la  palabra astucia como “el medio mañoso para lograr algo”. Como todo buen diccionario ahora tengo que definir maña como: “Artificio, destreza, vicio o mala costumbre. Resabio”. Ahora tengo que preguntar: ¿Qué es resabio? Bueno, el diccionario dice que es “vicio o mala costumbre que se adquiere”. 

Creo que no quedé como al principio porque ahora entiendo (o supongo) que la astucia es aprender a conseguir las cosas por medios no tan santos. Para poner un ejemplo hace pocos días me contaron el caso de una señorita que iba en un bus de transporte público y se dio cuenta que le faltaba el reloj. Ella empezó a mirar a todos lados y notó que la persona que estaba a su costado tenía una apariencia realmente sospechosa. Ella se llenó de valor, sacó su lapicero de la cartera y lo empujó con fuerza entre las costillas del supuesto delincuente. Luego le dijo con nerviosismo pero con autoridad: “¡Dame el reloj y ponlo en el bolsillo de mi abrigo!”. El hombre sorprendido, dudó por un instante, pero obedeció a la orden. Luego, pálido se paró rápidamente y abandonó el bus en el primer paradero. La señorita llegó agitada a su casa y se encerró en su dormitorio, pero su sorpresa fue mayúscula al ver en la mesa de noche el consabido reloj supuestamente siniestrado. Al meter la mano en el bolsillo de su abrigo se encontró con un reloj de varón… ¡la astuta joven había pasado de asaltada a asaltante!

Actuar con astucia, al parecer, nos hace creer que podemos facilitar las cosas o que podemos lograr objetivos que por otros medios más legales nos costaría mucho conseguir. Hace un tiempo estuve con mi esposa en la casa de una amiga cuya bebita de año y medio de un momento a otro y sin razón alguna comenzaba a llorar de la manera más desconsolada y dolorosa que yo conozco. Uno trataba de calmarla pero el llanto se hacía muchísimo mayor. Finalmente su madre la tomaba en brazos y seguía llorando como si se le partiese el alma. Lo sorprendente es que su mamá le hacía una pregunta como: “¿dónde está tu muñeca?” y ella como por arte de magia se olvidaba de su llanto y respondía la pregunta… para luego seguir llorando incansablemente. La mamá nos dijo que la bebé había encontrado una forma no muy santa para llamar su atención. Astucia infantil si lo podemos llamar de alguna manera.

Los gabaonitas fueron un pueblo que supo engañar con astucia a Israel. Sin embargo, también a través de ellos podremos aprender a descubrir las artimañas de gente que nos quiere tratar astutamente para lograr algo de nosotros. Lo primero es que el astuto siempre tiene un barniz de apariencia o de supuesta verdad en lo que dice. Como vemos en nuestro texto del encabezado, los astutos gabaonitas simularon un largo viaje con prendas e implementos que por su apariencia parecían bastante recorridos: “Estos odres de vino que llenamos eran nuevos, y he aquí, están rotos; y estos vestidos nuestros y nuestras sandalias están gastados a causa de lo muy largo del camino”, Josué 9:13.

Recuerdo con tristeza el caso de un hombre que hace ya muchos años llegó a la iglesia llorando y con la partida de defunción de su hijita en la mano. Nos pedía ayudarlo con el dinero para un entierro digno ya que era muy pobre y su hija podía terminar en la fosa común por falta de recursos. Era tanto su aparente dolor que hacerle cualquier pregunta podía sonar desalmada y dura. Realmente, estábamos consternados con el caso, y no podíamos pensar con claridad. Mi amigo Daniel, quien era encargado de la ayuda social, no le hizo más preguntas al hombre que lloraba con grandes gemidos, simplemente, llamó al hospital para constatar el fallecimiento. La sorpresa fue que en el hospital nos dijeron que no se les había muerto nadie en los últimos días y menos una niña pequeña. En realidad, la astucia nunca soportará el rigor del examen más allá de lo aparente. El hombre, al ser descubierto, no tuvo reparo en insultarnos y salir rápidamente del lugar. La primera regla, entonces, para vencer la astucia es no dejarnos llevar por lo superficial ni emotivo, debemos ser inquisitivos para tener una visión completa de lo que se nos está planteando.

En segundo lugar, no debemos dejar de consultarle al Señor cada situación que se nos presenta. Nuestro Dios tiene conocimiento perfecto sobre todas las cosas y Él puede guiarnos para que nunca nadie nos prenda con su astucia. Cuando los gabaonitas se presentaron a los israelitas ellos se dejaron llevar por la apariencia “Y los hombres de Israel tomaron de sus provisiones, y no pidieron el consejo del SEÑOR”, Josué 9:14. La búsqueda de la verdad y la claridad debe ir acompañada de oración para vencer a los astutos.

En tercer lugar, no debemos actuar apresuradamente. La principal tarea de los astutos es que nosotros podamos tomar decisiones inmediatas para que no podamos indagar ni conocer sus verdaderas intenciones. En otra oportunidad llegó a la iglesia un joven que suplicaba por que le entreguemos dinero para comprar un pasaje para encontrase con su madre que estaba en una ciudad distante. Él, con lágrimas en los ojos, le decía a uno de los jóvenes de la iglesia que su padre era un truhán  que abusaba de él y que lo único que deseaba era volver a los brazos de su madre. El joven que lo recibió estuvo a punto de darle el dinero inmediatamente pero decidió llamarme antes para que le pueda dar una palabra de consuelo antes de despedirlo. Cuando lo vi no lo reconocí y dejé que él con mucha emoción me cuente nuevamente su historia. Finalmente me acordé que este joven suplicante algunos años antes ya había conversado conmigo contándome la misma historia y pidiendo exactamente lo mismo.

Él había encontrado una manera astuta para obtener dinero fácil para consumir droga.  Gracias a Dios, el bondadoso joven que estaba dispuesto a ayudarle no se apresuró y actuó con prudencia, lo que permitió desenmascarar al astuto. Lamentablemente, Israel no hizo lo mismo con los gabaonitas: “Josué hizo paz con ellos y celebró pacto con ellos para conservarles la vida; también los jefes de la congregación se lo juraron”, Josué 9:15. Debemos buscar la verdad, orar al Señor de la verdad y no actuar apresuradamente para evitar ser engañados por los astutos.

Para terminar, debemos recordar que el apóstol Pablo nos insta a no dejarnos llevar por los modelos astutos del mundo para alcanzar nuestros objetivos. Escucho a muchos cristianos que se quejan porque creen que es imposible actuar de manera transparente para alcanzar las cosas que buscamos. Sin embargo, este es el consejo de Dios: “Por tanto, puesto que tenemos este ministerio, según hemos recibido misericordia, no desfallecemos; sino que hemos renunciado a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino que, mediante la manifestación de la verdad, nos recomendamos a la conciencia de todo hombre en la presencia de Dios”, 2 Corintios 4:1-2.

Sinceramente creo que muchos de nosotros estaríamos sumamente avergonzados si es que descubrieran los métodos que hemos aprendido y usamos para alcanzar nuestros objetivos. El Señor vino para devolvernos la luz y para que imitemos a Jesucristo, no para que caigamos en astucias dañinas que solo endurecen nuestro corazón… “Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandecerá la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo”, 2 Corintios 4:6.

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