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Levítico 22 – 23   y   Juan 18 – 19

“Lo que tenga defecto, no ofreceréis, porque no os será aceptado”, Levíticos 22:20. 

En el corral de un granjero del sur de Chile los animales estaban muy preocupados. Las noticias daban cuenta que la situación del mundo se hacía insostenible con el paso de los días. Una gallina, muy decidida, le dice al chancho: “Nosotros podemos salvar al mundo del hambre y la desnutrición”. Él le dijo: “Ok. ¿Cómo lo vamos a hacer?”. Se pusieron de acuerdo para pensar y entregar la mejor estrategia al más breve plazo. “Reunámonos dentro de dos días”, le dijo el chancho a la gallina.

Cuando el tiempo fijado se cumplió, se encontraron en un rincón de la granja. “Mira”, le dijo la gallina, “tengo la solución para este dilema…yo voy a dar mis huevos y tú darás tu jamón”. Al chancho le fascinó la idea de poder tener en sus manos la solución a alguno de los problemas del mundo… pero, después de pensar por unos segundos, su semblante cambió y dijo con voz ensombrecida: “Un momento… ¿Cómo es esto?… se que debemos comprometernos pero, tú vas a dar lo que siempre has dado, pero yo tendré que morir”. El chancho y la gallina no pudieron llegar a un acuerdo sobre lo que para ellos era una entrega aceptable… por eso, el mundo sigue como está.

¿Qué significa que algo es aceptable? ¿Depende del que da o el que recibe? ¿Hasta qué punto debemos involucrarnos en una causa? ¿Hasta qué punto es sano o insano entregarnos por los demás? Alguien decía por allí, que solo se da de corazón cuando hay dolor en la entrega, cuando en el  desprendimiento existe ese dolor matizado con la dulce alegría del traspaso. En el levítico hay un mandamiento que por su apariencia aparenta ser muy obvio pero vale la pena reflexionar en él: ” Y cuando ofrezcáis sacrificio de acción de gracias al SEÑOR, lo sacrificaréis para que seáis aceptados”,  Levíticos 22:29. ¿Qué entendemos por aceptable? Pues, depende del cristal con que se mire. Muchos consideran que la palabra aceptable es sinónimo de mediocridad, de resultados que rayan en lo regular, de algo simplemente pasadero. Sin embargo, es más bien, algo digno y apto, en lo que encontramos conformidad y aprobación.

El apóstol Pedro tuvo que aprender con dureza lo que significa vivir una vida “aceptable”. En los dramáticos momentos de la traición de Judas: “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco…”, Juan 18:10. Quizá, él suponía que al actuar impulsivamente sorprendería al maestro y gozaría de su aprobación (o aceptación). Nada más equivocado. La impulsividad y las buenas intenciones nunca serán suficientes para hacer algo aceptable; debemos, más bien, movernos bajo el alero de las grandes razones que nos hacen actuar de una u otra manera en búsqueda de aceptación.

Jesús lo tenía bien claro. Así contestó a la osadía de Pedro: “ Mete la espada en la vaina. La copa que el Padre me ha dado, ¿acaso no la he de beber”. La aceptación transita, en primer lugar, por la obediencia cuya meta final es poder ser hallados absolutamente fieles a la causa en la que estamos comprometidos. Justamente, el valiente Pedro, que había sacado su espada con gran coraje, no pudo soportar esa misma noche la sencilla pregunta de una humilde mujer: ” Entonces la criada que cuidaba la puerta dijo a Pedro:¿No eres tú también uno de los discípulos de este hombre? Y él dijo: No lo soy”, Juan 18:17. En tres oportunidades, el valiente Pedro no pudo soportar las preguntas de su filiación con Jesucristo. El gallo cantó con la tercera negación, y en el mismo instante cayó también desaprobado el apóstol.  Lograr una vida aceptable demanda esfuerzo y perseverancia y una gran dosis de disposición al sacrificio y a pagar el precio por nuestra fidelidad.

Una vida aceptable no se logra con solo hechos aislados y casi anecdóticos, sino como Jesucristo la vivió, demostrando fidelidad hasta el fin. Él concretó una vida aceptable cuando pronunció las palabras: “…Consumado es…”, Juan 19:30b. No había nada más que hacer, la obra estaba concluida, Él concretaba con su enorme sacrificio la obra de redención de toda la humanidad. ¿Cuántas veces en tu “aceptable” vida has llegado a pronunciar con verdad “consumado es”? ¿Tienes tareas y compromisos pendientes? No seamos los hombres y las mujeres del mañana…antes bien, desde muy temprano en la mañana seamos verdaderos hombres y mujeres.

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