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Hay una gran cantidad de pornografía en el mundo. Cuando empecé a escribir los artículos que se convirtieron en el libro titulado Desintoxicación Sexual, este pecado acechaba en las sombras. Pocas personas sabían lo profundo y mortal que era. Casi una década más tarde, por fin lo entendemos. Ahora sabemos que casi todos los niños, y un gran número de niñas, están expuestos a ella, luchan con ella, e incluso llegarán a hacerse adictos a ella. Así que de vez en cuando me gusta volver a este tema con la esperanza de ofrecer esperanza. Hoy quiero hablar de las feas mentiras de la pornografía.

No es la gran cosa

Una de las mentiras principales en cuanto a la pornografía es pensar lo siguiente: no es la gran cosa. Si todo el mundo lo hace, no puede ser un pecado demasiado serio, ¿verdad?

La Biblia lo ve de otro modo. Escribiendo en nombre de Dios, Pablo dice: “Porque ésta es la voluntad de Dios: tu santificación; es decir, que se abstengan de inmoralidad sexual… Porque Dios no nos ha llamado a impureza, sino a santificación”.  La vida cristiana es inseparable de la pureza sexual. Pablo continua diciendo algo alarmante: “Por tanto, el que rechaza esto no rechaza a un hombre, sino al Dios que les da a ustedes Su Espíritu Santo”. Cuando miras pornografía, estás pecando activamente en contra del poder y la presencia del Espíritu Santo. Él te está diciendo que no peques y tú lo estás desafiando.

Como cristiano, has profesado fe en Cristo y tienes el Espíritu Santo que vive en ti. Este Espíritu te está diciendo que no peques, asegurándote que puede ayudarte a hacer lo correcto. Aun así pecas. Este es un tema muy serio. Cuando eliges pecar de esta manera, pecas en contra de la presencia activa de Dios. Sí: es una gran cosa.

La pornografía solo me afecta a mí

La segunda mentira es que ver porno solo me afecta a mí. La pornografía quiere que creas que esto es asunto tuyo y de nadie más. Aun si te perjudica, te perjudica solo a ti. Si estás tentado a creer esta mentira, es necesario que tomes algún tiempo para considerar el costo de la pornografía.

Le cuesta a tu alma. Si te consume la pornografía y no estás dispuesto a hacer morir este pecado, con mucha razón debes estar preocupado por el estado de tu alma. Si no sientes dolor por el pecado, si no tienes un verdadero deseo por tener victoria, si una y otra vez eliges imprudentemente tu pecado por encima de tu Salvador, es necesario que te preguntes lo siguiente: ¿amo tanto la pornografía como para ir al infierno por ella? Por el bien de tu alma, ¡detente!

Le cuesta a tu prójimo. Jesús dice que ames a tu prójimo como a ti mismo. Las personas que aparecen en la pantalla son tus prójimos, personas creadas a imagen de Dios, para la gloria de Dios. ¿Estás amando a estas personas mientras miras lo que hacen? ¡Por supuesto que no! Te conviertes en un participante voluntario del pecado y de la violencia sexual cuando permites que el actor en la pantalla sufra por darte placer. Por el bien de tu prójimo, deja de ver pornografía.

Le cuesta a tu iglesia. Tenemos tantos hombres que deberían ser pastores, que deberían servir como ancianos, pero que demuestran inmadurez con este amor por la pornografía. Tenemos tantas mujeres que deberían estar ocupando posiciones de liderazgo en ministerios para damas, pero no pueden y no lo harán porque se han descalificado a sí mismas por su lujuria. Por el bien de tu iglesia, ¡detente!

Le cuesta a tu familia. Los hombres destrozan sus familias por placeres ilícitos; las mujeres ignoran a sus maridos por leer o ver lo prohibido. Los niños son expuestos a la pornografía por culpa del sendero dejado por sus padres. Los padres están invitando a Satanás al hogar al hacer lo que Dios prohíbe y que a Satanás le encanta. Por el bien de tu familia, deja de ver pornografía.

Le costó a tu Salvador. Por supuesto, este es el costo más alto. Si eres cristiano, has reconocido en tu declaración de fe que el costo de tu perdón fue nada menos que la muerte del amado Hijo de Dios. Jesús sufrió y murió por tus pecados. ¿Cómo puedes entonces, como cristiano, jugar con tus pecados y quitarles importancia? ¿Cómo puedes aferrarte a eso? Por amor a Dios, deja de ver pornografía.

Este es mi secreto

La tercera mentira de la pornografía es que es un pecado secreto. Puedes ser tentado a creer que lo que haces en la intimidad de tu dormitorio no le debe importar a nadie más que a ti. Una de las mentiras favoritas de la pornografía es que es tu secreto y que tu eres el único que sabrá de él.

Pero ¿no has aprendido que tu pecado te encuentra? El pecado es así de astuto. Al pecado le gusta convencerte de que estás a cargo, que tienes el control, que puedes pecar un poquito y luego detenerte, que puedes pecar unas cuantas veces y luego parar. Pero esa no es la naturaleza del pecado. Me resulta muy útil personificar el pecado, verlo como un personaje malvado que quiere destruir tu cuerpo, alma, y mente, y arruinar tus relaciones y tu reputación. El pecado quiere destruirte entero. Quiere tentarte, verte morder el anzuelo, y luego destruirte por completo.

Tu pecado te alcanzará. El pecado quiere tentarte, hacerte sentir seguro y cómodo, para luego devorarte y vomitarte. ¿No te das cuenta? El pecado quiere que pienses que es secreto e inofensivo, pero eventualmente alguien entra en la habitación, alguien descubre tu historial de búsqueda, alguien encuentra la cuenta de tu tarjeta de crédito. El pecado quiere revelarte, avergonzarte, y utilizar tu caída para causar desprecio por el evangelio.

Este pecado me va a satisfacer

La siguiente mentira es que ​este pecado te va a satisfacer. Tú sabes lo que se siente cuando te convences de que simplemente tienes que pecar, que la única manera de estar feliz es cediendo, que no es posible evitar el pecado y permanecer satisfecho. Piensas que la única manera de ser feliz, la única manera de estar contento, la única manera de dormir esta noche, es pecando.

El pecado siempre promete satisfacer, pero siempre lo hace por solo un momento. Al final, el pecado siempre promete más y ofrece menos. El pecado, y especialmente el pecado sexual, siempre promete más de lo que puede ofrecer. Cuando llevas a cabo tu pecado, obtienes una satisfacción momentánea, pero no es una verdadera satisfacción del alma. Dios promete que la verdadera alegría y el verdadero gozo se encuentran en la obediencia, no en la desobediencia. Él anhela demostrártelo. Pero solo puede hacerlo si se lo permites. Conocerás las bendiciones de la obediencia si obedeces. No puedes conocer todas las bendiciones que Dios tiene preparadas para los que le obedecen si te rindes ante el pecado a diario.

El pecado promete satisfacción pero da muerte. Dios promete satisfacción y ofrece mucho más de lo que podemos pedir o incluso imaginar. ¡Tómale a Dios la palabra!

Ya no tengo esperanza

La quinta mentira de la pornografía es la siguiente: ya no tienes esperanza. La mentira más grande de la pornografía puede ser que ella es tu dueño, que estás más allá de la redención, que estás más allá de la esperanza. Tu corazón y tu mente te pueden susurrar que has pecado demasiadas veces, que has establecido patrones demasiado profundos como para cambiar.

Este es un completo disparate, una mentira diabólica, una negación absoluta del evangelio. Jesús dice: “Ustedes no se pertenecen a sí mismos… han sido comprados por un precio”. Él te compró con su propia sangre y Él te posee. La pornografía no te posee, Jesús sí. Jesús dice: “He aquí, Yo hago nuevas todas las cosas”. Aquí no habla solo de plantas y planetas y del mundo que nos rodea. Esto comienza contigo. Él te está rehaciendo, el está destruyendo el pecado dentro de ti y te llama a resucitar a la santidad y a la justicia. El poder de Jesús es dramáticamente, exponencialmente mayor que el poder de la pornografía.

No estás más allá de la esperanza. No hay pecado más fuerte que la sangre de Jesús. No hay pecado que hayas cometido tantas veces que tengas que volver a cometerlo. No hay pecado que Jesús no pueda o no quiera perdonar. Así que no cedas a la desesperación. No te permitas pensar que estás más allá de la esperanza y de la redención. Tienes la mayor esperanza en el mundo: la esperanza del evangelio.

Si estás confiando en Cristo, si estás aferrándote a las promesas de Dios, si estás creyendo el evangelio, nunca más podrás mirar pornografía. Dios se deleitará en demostrártelo.


Publicado originalmente en Challies. Traducido por Casian.
Imagen: Lightstock.
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