×

“Por eso su fama se extendió hasta muy lejos, porque fue ayudado en forma prodigiosa hasta que se hizo muy fuerte”, 2 Crónicas 26:15b.

En la era de “YouTubers” millonarios e “influencers” en Instagram, parece ser que todo el mundo está buscando algún tipo de plataforma. Algunos buscan ser el centro de atención descaradamente. Otros, ya tienen el foco sobre ellos. Pero la especulación de Andy Warhol de que cada persona en el futuro sería famosa por 15 minutos, no parece explicar la omnipresencia de la fama en el siglo 21. “Quince minutos es para tontos. ¡Haz click en mi Patreon y mantenme activo por quince meses!”.

¿Buscar algún tipo de plataforma es siempre malo? No. Pero con frecuencia lo es, como todo lo bueno o neutral cuando lo buscamos por los motivos equivocados. Incluso si es buscado inocentemente, las plataformas públicas, sea que fueres un autor, músico, orador, o solo un chico o chica buscando hacer crecer tu audiencia en las redes sociales, traen consigo peligros inherentes. Como el dinero, la plataforma puede ser usada sabiamente o erróneamente. Aquí hay cuatro tentaciones que cualquiera que busque o use una plataforma pública debe tener en cuenta:

1. La plataforma como nuestro paraíso 

Cuando era un aspirante a autor, con frecuencia pensaba en lo grandioso que sería que mi trabajo fuera publicado. Imaginé la satisfacción que me daría finalmente cumplir mi sueño. Trabajé duro y mucho en mi búsqueda de una carrera de escritor, esforzándome al escribir artículos para revistas locales por centavos (o gratis), y por diez años intenté publicar un libro. Y entonces, ¡finalmente lo hice! Fue grandioso. Realmente lo fue. Pero en realidad no hizo por mí lo que pensé haría.

Basar tu sentido de seguridad o autoestima en cuán exitoso eres, en realidad es otra forma de legalismo

La verdad es que, ya sea escribiendo, en el ministerio, o cualquier otra cosa, cuando ponemos el peso de gloria que solo Dios puede llevar en algo que no es Él mismo, eso simplemente no podrá llenar tus expectativas. Cualquiera que sea la plataforma por la cual estés orando o estés buscando activamente, por favor recuerda constantemente que aún si la alcanzas, no será la que cumpla la promesa de resolver tus problemas, sanar tus heridas, o completar tu gozo. Solo Dios puede hacer eso. No veas la plataforma pública como un “al fin lo estoy logrando”.

La lucha por llegar a ser y pertenecer no tiene nada que ver con el reconocimiento público o la validación, y tiene mucho que ver con haber sido reconciliados con Dios y disfrutar de estar unidos con su Hijo. Y sobre eso:

2. La plataforma como nuestra validación

El problema de basar nuestra justificación en algo externo, ya sea otorgado o logrado, es que puede ser fácilmente revocada o deteriorada. Las plataformas no son eternas, por lo que basar tu sentido de seguridad o autoestima en cuán exitoso eres, en realidad es otra forma de legalismo. No vales más o menos basado en el número de vistas, ventas, o influencia.

Una tendencia en incremento en estas áreas tampoco significa que estás haciendo bien las cosas. Cualquier tonto o patán puede atraer la atención. Equiparar una audiencia creciente con una plataforma virtuosa es solo una de las muchas maneras en que la iglesia de hoy ha absorbido el espíritu de esta era.

Tu validación debe venir de Dios y su evangelio. De ser así, cuando tu plataforma se vea amenazada por las críticas o simplemente por la disminución del interés de tu audiencia, tu corazón entrará en sintonía con la validación que nunca flaquea.

3. La plataforma como nuestra justificación

Algunos ven la plataforma como una validación de su autoestima. Esta es una forma de ver la plataforma como justificación. La otra forma resulta incluso en un mayor abuso: el uso de la plataforma como una excusa para el pecado. Es la mentalidad de “soy demasiado grande para fallar”, donde uno está tan ebrio con el poder de su plataforma, que nos aislamos de las voces amorosas y proféticas a las que algunas vez rendimos cuentas. Este es el pecado de cada pastor de megaiglesia que ha usado la grandeza de la iglesia como apología de su liderazgo agresivo y de mal genio. También es el pecado de cada pastor de iglesia de tamaño regular que ha utilizado su posición como un medio para enseñorearse de su rebaño o de los otros líderes.

Tu plataforma no es más importante que tu integridad

En los últimos años, hemos visto la exposición de numerosos líderes cristianos reconocidos a quienes se les permitió continuar sin arrepentirse por más tiempo de lo debido, simplemente porque los ministerios que lideraron estaban creciendo y tenían “éxito”. Sus subordinados y audiencias soportaron mucho porque los resultados parecían valer la pena. Algunos todavía están trabajando en el ministerio, y sus indiscreciones son excusadas o cubiertas. Pero ninguna cantidad de éxito o renombre puede absolver el pecado impenitente.

Tu plataforma no es más importante que tu integridad. Tu plataforma pública no es justificación para tus transgresiones privadas.

4. La plataforma como nuestras riquezas

Esta puede ser la más engañosa para aquellos que ya han logrado algún nivel de exposición. Es la razón por la cual, en mis días en la librería cristiana, los peores clientes con los que me encontraba solían ser pastores. Con las plataformas puede venir una sensación de derecho. Te acostumbras tanto a que te escuchen, a que te sigan, o elogien, que se convierte en tu expectativa. La “usas” en tu vida diaria como si te hubiese hecho más que el resto del mundo ordinario.

Cuando la plataforma se convierte en tu riqueza, valoras más a los que tienen que a los que no tienen. Solo escuchas a aquellos que han alcanzado cierto nivel de éxito. Desprecias a aquellos que no la han alcanzado. Empiezas a ver a las personas como valiosas o no para tu propia plataforma. ¿Pueden contribuir a la construcción del monumento que estás edificando para ti o no?

Las personas que tratan a los plataformas como si fueran riquezas, tratan a las personas solo en función de lo que pueden proporcionar, no en función de las necesidades de los demás. Son susceptibles a los celos, chismes, o amargura hacia personas exitosas porque las ven como amenazas para su propio éxito. Si su plataforma está creciendo, la mía debe estar disminuyendo. La “plataforma como nuestras riquezas” es un juego de suma cero.

Hay muchos más peligros espirituales que enfrenta aquel que está en el centro de atención. Estas son solo cuatro. Pero estoy convencido de que son algunas de las razones por las cuales Santiago dice que no muchos deberían ser maestros (Stg. 3:1). Él menciona que serán juzgados de forma más estricta, y no creo que necesariamente se refiere solo a que serán juzgados por Dios. En cualquier área, con una mayor responsabilidad viene un juicio más estricto. Si el Señor te está abriendo las puertas de un ministerio público u otros medios de audiencia más amplia, no hay pecado en atravesar por ellas, pero ten cuidado con lo que puede estar escondido ahí dentro en búsqueda de tu alma.


Publicado originalmente en For The Church. Traducido por Harold Bayona.
Recibe cada día los artículos, podcasts, y vídeos más recientes.
CARGAR MÁS
Cargando