3 razones por las que no predicamos sermones centrados en el evangelio

Últimamente he tenido numerosas conversaciones con líderes ministeriales sobre por qué es tan difícil encontrar una predicación verdaderamente centrada en el evangelio. Incluso entre aquellos que de otra manera afirman la necesidad bíblica de priorizar a Cristo en la predicación, a veces es difícil encontrar sermones que no traten a Cristo y su gracia como una opción o idea de último momento. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué, a pesar de la abundancia de recursos útiles y modelos ejemplares, todavía nos resulta difícil predicar a Cristo? Aquí hay tres explicaciones posibles:

1. Nos falta convicción.

Algunos, por ignorancia, carecen de la convicción de predicar sermones centrados en el evangelio. No han tenido acceso a ejemplos de ello. No han sido entrenados para predicar de esa manera. Desconocen —ignoran, en el sentido del diccionario— que es posible predicar centrado en Cristo. Otros son conscientes de ello, pero lo han rechazado. Por la razón que sea, ya sea no ver el valor, o afirmar alternativamente una hermenéutica diferente, no creen que el enfoque en el evangelio sea la mejor manera de predicar. Cualquiera que sea la razón, no ven las palabras de Cristo a sus discípulos en el camino a Emaús (Lc. 24:25-27), o las palabras de Pablo acerca de que Cristo es “el Sí” a cada promesa bíblica (2 Co. 1:20), como instructivo para proclamar un mensaje expositivo de una manera cristocéntrica.

2. Nos falta la capacidad.

Esta razón puede ser la más común. Muchos predicadores no han sido entrenados adecuadamente para predicar de una manera centrada en el evangelio. Sus maestros no lo enseñaron. Sus pastores no lo modelaron. Su experiencia no se ha inclinado hacia ello. Afirman el valor teológicamente, pero tienen problemas al componer el sermón. Se les dificulta “llegar allí” exegéticamente. Muchos predicadores terminan sus sermones con una invitación evangelística y suponen que esto es suficiente evangelio. Y ciertamente, ¡una invitación del evangelio en la conclusión de un mensaje es mejor que no tener ningún contenido del evangelio! Pero algunos predicadores simplemente no pueden descubrir cómo predicar a Cristo a partir del texto bíblico de una manera natural y bíblica. Ellos quieren, pero no saben cómo.

Sospecho que muchos de los que carecen del aroma de Cristo en su predicación en realidad carecen del aroma de Cristo en sus vidas espirituales.

Finalmente, sin embargo, veamos una razón que creo que puede ser más común de lo que creemos, y una que no se considera a menudo, porque va más allá de nuestros dones y entra en nuestro carácter.

3. Nos falta la comunión con Cristo.

No quiero decir que los predicadores que no están centrados en el evangelio no son cristianos. Solo sospecho que muchos de los que carecen del aroma de Cristo en su predicación en realidad carecen del aroma de Cristo en sus vidas espirituales. Probablemente se hayan acostumbrado tanto a la rutina del ministerio, que las Escrituras y el Cristo en su interior se han convertido más en una cuestión de alimentar a otros en lugar de alimentarse a sí mismos. La Biblia se ha convertido en algo que se reparte, en lugar de ser algo que primero habita dentro de uno.

En la conferencia inaugural de The Gospel Coalition en 2007, Tim Keller dio la charla titulada: “¿Qué es el ministerio centrado en el evangelio?” (disponible en inglés aquí). Ese mensaje contiene la ahora clásica aplicación de “Jesús es el verdadero y mejor”. Al final de esa exposición homilética, Keller dijo algo que se me ha quedado pegado desde la primera vez que lo escuché. Dijo: “Esto no es tipología; es un instinto”. Por supuesto, lo que estaba haciendo era encontrar la tipología. Pero creo que lo que quiso decir fue que los predicadores centrados en Cristo no pueden evitar predicar a Cristo. Tendrían que forzarse a evitar predicar el evangelio. Más bien, muchas veces la tentación es a “saltar” por encima de la exposición inmediata del texto para, como dijo Spurgeon, “crear un camino hacia Cristo”.

En otras palabras, si estamos en comunión regular con Cristo, y leemos las Escrituras en un sentido devocional de manera diaria y disciplinada, se crea el instinto de predicar a Cristo. Es un impulso espiritual que (sobre)naturalmente se halla dentro de nuestra preparación de sermones. ¿Cómo podría un predicador centrado en el evangelio no predicar un sermón centrado en el evangelio?

No es demasiado tarde para trabajar diligentemente en la habilidad exegética de centrarse en el evangelio, y regresar nuevamente al descanso diario en nuestro Salvador.

Es solo una teoría, pero tal vez la razón por la que tantos predicadores que leen todos los libros y blogs sobre el evangelio, escuchan todos los podcasts sobre el evangelio, y siguen todas las cuentas que hablan del evangelio en Twitter aún luchan por predicar sermones de sobre el evangelio porque no están en comunión regular con el Cristo que es el centro.

Pero no es demasiado tarde, hermanos. No es demasiado tarde para reformular nuestra convicción a la de Pablo, trabajar diligentemente en la habilidad exegética de centrarse en el evangelio, y regresar nuevamente al descanso diario en nuestro Salvador.

“Pero si digo: ‘No Lo recordaré ni hablaré más en Su nombre’, esto se convierte dentro de mí como fuego ardiente encerrado en mis huesos. Hago esfuerzos por contenerlo, y no puedo”, Jeremías 20:9.


Publicado originalmente en For the Church. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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