La Biblia no es una serie de historia desconectadas

En la Conferencia Nacional 2007 de The Gospel Coalition, Tim Keller predicó sobre el tema, ¿Qué es un ministerio centrado en el evangelio? (Video en inglés). En su sermón, Keller explica que un predicador realmente no empieza a predicar hasta que predica a Cristo. Puede ser que dé una explicación o argumento sobre un tema, pero si no predica la esperanza y el poder del evangelio de Cristo, no está predicando. Entonces, tal vez tu pregunta es, ¿como podemos hacer eso si no todos los pasajes de la Biblia se tratan de Jesús? Aunque no todos los pasajes sean tipos o se traten de Jesús directamente, Keller argumenta que la Biblia completa no es una serie de historias desconectadas. Al contrario, debemos entenderla como una narrativa que mantiene a Jesús como el punto central. Estudiarla de esta forma nos hará ver que aunque no todos los pasajes (particularmente algunos pasajes del Antiguo Testamento) se traten directamente de Él, si los podemos leer con un instinto cristológico. Es decir, podemos leer la Biblia como una historia que se trata de Jesús, no de nosotros. Es importante notar que esto no es un simple método de estudio o teoría hermenéutica. La centralidad de Cristo en la Biblia es la forma bíblica de leer la Biblia. 

Aunque se podría escribir mucho sobre este tema (¡un post no es suficiente!), me gustaría por el momento mencionar una sola cosa: la Biblia siempre se ha tratado de Jesús. Desde Génesis hasta Apocalipsis, la historia siempre se ha tratado de Dios, Creador y Sustentador del universo, y cómo Él salva al mundo a través de Jesús. Cuando Adán pecó en Eden, Dios le prometió que la Semilla de Eva destruiría a la semilla de la serpiente (Gen. 3:15). Cuando Abraham fue llamado a seguir a Dios a una tierra desconocida, Dios le prometió que sus descendientes se volverían en una gran nación y que esa nación seria una bendición para todas las naciones (Gen. 12:1-3). Cuando Jacob profetizó sobre la nación de Israel, le dijo a Judá, “El cetro no se apartará de Judá”, recordándole que de su linaje vendría un Rey. Cuando David le dijo a Dios que deseaba construirle una casa, un templo, Dios respondió que al contrario, Él sería el que le construiría un casa, una dinastía, y que el reino de su Descendiente sería eterno (2 Samuel 7). Luego las palabras de los profetas son un llamado a recordar la promesa de Dios: la Semilla de Eva, el Mesías, el descendiente de Abraham, el Hijo de David, Jesús, siendo perfecto iba a sufrir en la cruz, recibir la consecuencia de nuestros pecados, morir, y resucitar, conquistando la muerte y reconciliándonos finalmente con Dios (Gen. 12:3Jer. 23:531:15; Sa. 22:16, 16:10, 68:18, 110:1, Isa. 53:10-11).

Les comparto entonces el video y la transcripción que visualiza las palabras de Tim Keller en ese sermón que predicó hace 7 años, listando ejemplos de cómo uno puede leer la Biblia de una manera cristológica, con Cristo en el centro. 

La Biblia no es una serie de historias desconectadas.

Es una sola narrativa en que cada historia y cada personaje señala a una persona que es más grande.

La historia de Adán y Eva no se trata solo del primer hombre y la primera mujer.

Hay un mejor y verdadero Adán, que pasó la prueba en el huerto y cuya obediencia se nos confiere.

Hay un mejor y verdadero Abel, que fue inocentemente asesinado y cuya sangre clama por nuestra absolución en vez de nuestra condenación.

Hay un mejor y verdadero Abraham, quien contestó el llamado de Dios para dejar todo lo cómodo y familiar y salir al vacío a crear un nuevo pueblo de Dios.

Hay un mejor y verdadero Isaac. El hijo de risa, de gracia. Que no solo fue ofrecido por su padre en el monte, sino que verdaderamente fue sacrificado por nosotros.

Hay un mejor y verdadero Jacob, quien luchó y recibió el golpe de justicia que nosotros merecíamos para que al igual que Jacob solo recibiéramos las heridas de gracia que nos despiertan y nos disciplinan.

Hay un mejor y verdadero José, quien a la diestra del Rey perdona a los que le traicionaron y vendieron y que usa su nuevo poder para salvarlos.

Hay un mejor y verdadero Moisés, quien se pone en la brecha entre el pueblo y el Señor y es mediador de un nuevo pacto.

Hay una mejor y verdadera peña de Moisés, quien siendo golpeado con la vara de la justicia de Dios, ahora nos brinda agua en el desierto

Hay un mejor y verdadero Job, quien de veras sufrió inocentemente para después interceder por y salvar a sus amigos insensatos.

Hay un mejor y verdadero David, cuya victoria se convierte en la victoria del pueblo aunque ellos mismos ni siquiera levantaron una piedra.

Hay una mejor y verdadera Ester, quien no solo arriesgó perder un palacio terrenal, sino que perdió Su gran palacio celestial. No sólo arriesgaba su vida, sino que la entregó para salvar a su pueblo.

Hay un mejor y verdadero Jonás, arrojado a la tempestad por el rescate de muchos.

Hay un mejor y verdadero cordero pascual: inocente, perfecto, indefenso, inmolado para que pasara de largo el ángel de la muerte.

Él es el verdadero templo, el verdadero profeta, sacerdote y rey, el verdadero cordero y sacrificio, la luz verdadera y el pan verdadero.

La Biblia no es una serie de historias desconectadas.

Es una sola narrativa que nos señala a una persona… a Jesús.

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