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¿Alguna vez escuchaste la frase: Coram Deo? Esta frase en latín significa literalmente “de cara a Dios” y se refiere a algo que se lleva a cabo en la presencia de Dios. Como R.C. Sproul dijo: “Fuimos llamados a vivir Coram Deo: delante de la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios y para la gloria de Dios”. Ya sea que hayas oído la frase en latín o su explicación, Dios nos salvó para disfrutar de una relación con Él y vivir para su gloria.

Cuando somos conscientes de que vivimos en la presencia de Dios, esto se manifiesta en que dedicamos tiempo a crecer en nuestra relación con Él. Nos esforzamos por vivir una vida en sumisión y obediencia completa a Él. Esto requiere constancia en ejercitar los medios que Dios nos ha dejado para crecer y fortalecer nuestra vida espiritual, pues el pecado que habita en nosotras nos lleva a seguir nuestro corazón y olvidar a Dios.

El libro 7 disciplinas espirituales para la mujer es un recurso que puede ayudarnos a vivir Coram Deo. La autora expresa que su deseo es que el libro “te impulse a estar en la presencia del Señor y a abundar cada día en la meditación de su Palabra, la oración y cada uno de los aspectos que tienen que ver con estar sometidas a Cristo y ejercitándose en las disciplinas espirituales diarias” (p. 113).

7 Disciplinas espirituales para la mujer

7 Disciplinas espirituales para la mujer

B&H Español. 196.

7 disciplinas espirituales para la mujer nos recuerda que la salvación tan grande que hemos recibido de Dios debe motivarnos a vivir conscientes de su presencia, aprovechando bien el tiempo para honra de Él. “Tenemos el Espíritu Santo que nos redarguye y pone el querer como el hacer en nuestros corazones por su buena voluntad para depender día a día de nuestro Señor (Fil 2:3)” (p. 110). Tenemos esperanza, podemos disfrutar a Dios y vivir Coram Deo, por su gracia.

B&H Español. 196.

La autora del libro, Liliana Llambés, sirve en las misiones con su familia y tiene una maestría en estudios teológicos en el Southern Baptist Theological Seminary. Es consejera bíblica, mentora y discipuladora en su iglesia local y tiene “una profunda carga por las mujeres de Latinoamérica y por ayudarlas a cumplir su responsabilidad e impactar sus hogares, la iglesia y la sociedad” (p. XIV).

El libro está dirigido a mujeres cristianas que quieren crecer espiritualmente y que luchan por mantener la constancia al vivir Coram Deo, es decir, en la oración, la lectura o el servicio. Sin embargo, la autora aclara que si, a medida que avanzas en la lectura, dudas de si realmente eres cristiana, puedes seguir leyendo y quizás Dios use este libro para llevarte a comenzar una relación con Él.

El evangelio y las disciplinas espirituales

Antes de desarrollar las disciplinas espirituales, Liliana explica qué es el evangelio y la conexión que este tiene con las disciplinas espirituales. Debido a que la humanidad está contaminada por el pecado y estamos condenados, “en el evangelio, Dios, en su misericordia, ha provisto ese remedio, un sustituto para nosotros —Jesucristo— quien vino a pagar el castigo por nuestros pecados en la cruz” (p. IX).

Solo por la obra de Jesús y sus méritos podemos tener una vida nueva, un corazón cambiado y nuevos deseos. Las buenas obras y la comunión con Dios son una evidencia de nuestra salvación. Entender esto es clave porque las disciplinas espirituales no pueden ser desconectadas del evangelio que nos dió vida para tener una relación con Dios. “Sin ese fundamento, todo lo que se ofrezca es solo buenos deseos sin poder de Dios y verdadera transformación” (p. XI).

Luego de explicar qué es el evangelio, la autora se detiene en la necesidad que tenemos de desarrollar una relación íntima con el Señor una vez que fuimos salvas y los resultados de nuestro ejercicio espiritual. También enseña lo que la Biblia dice sobre nuestro rol como mujeres y la necesidad de crecer en sumisión a Dios.

El ejercicio físico y las disciplinas espirituales

La autora del libro, en repetidas ocasiones, compara las disciplinas espirituales con el ejercicio físico. Sabemos que estar en forma físicamente requiere perseverancia, constancia, práctica… Sin embargo, los beneficios son múltiples y hacen que valga la pena todo esfuerzo.

Cuando pensamos en las disciplinas espirituales, podemos verlas como esos ejercicios que fortalecen nuestra vida espiritual y relación con Dios. También requieren esfuerzo y constancia, pero sus beneficios son eternos. Pablo afirma que “el entrenamiento físico es bueno, pero entrenarse en la sumisión a Dios es mucho mejor, porque promete beneficios en esta vida y en la vida que viene” (1 Ti 4:8). El ejercicio físico es bueno, pero comparado con el entrenamiento en la sumisión a Dios es de poco provecho. 

Viviendo en sumisión a Dios: disfrutando su presencia

En el capítulo 1, la autora profundiza en qué es vivir en la presencia del Señor. En este capítulo desarrolla el concepto de vivir Coram Deo. A partir del capítulo 2, se enfoca en cada una de las disciplinas espirituales (el estudio de la Palabra, la oración, el ayuno, la adoración, la presencia en la iglesia local, el servicio consagrado y la evangelización).

Liliana define y explica cada hábito de gracia a la luz de la Biblia y enseña con claridad cómo se puede llevar a la práctica cada una de estas disciplinas y su importancia para nuestras vidas. La Biblia tiene un protagonismo central en todo el libro, ya que es lo que Dios nos dejó para enseñarnos a crecer en la fe y guiarnos. Comprender qué nos dice Dios sobre cada una de las disciplinas nos brinda la motivación correcta para practicarlas: “una motivación centrada en la Palabra y en el carácter y las promesas de Dios nos da un marco saludable para la obediencia” (p. 9).

La autora es clara y el libro está lleno de gracia y compasión. A medida que vemos nuestro pecado de pereza y desobediencia por no cumplir con lo que Dios nos pide, también recibimos ánimo. Liliana comparte en cada capítulo su experiencia al ejercitar estas disciplinas y cómo cada una le ayudó a crecer en su dependencia y sujeción a Dios, a la vez que maduraba en obedecer lo que Dios nos demanda en su Palabra como mujeres y como cristianas:

“Esta sumisión de la que habla la Palabra se da cuando nos sometemos a Cristo, pasando tiempo en la Palabra, obedeciéndola, para que transforme nuestra mente y nuestro corazón. El resultado será que nuestras acciones reflejarán a Cristo en nuestras vidas” (p. 111).

Dios nos da el querer y el hacer

En lo personal, ser constante en estas disciplinas me cuesta mucho. Puede que también sea tu caso. Como mujeres cristianas, hijas de Dios, necesitamos estar en forma en lo espiritual. Antes éramos esclavas del pecado y Dios nos dio libertad para disfrutar de Él y obedecerle. Las disciplinas espirituales son un regalo suyo que nos ayudan a encontrar plenitud viviendo conforme a su diseño para nosotras.

7 disciplinas espirituales para la mujer nos recuerda que la salvación tan grande que hemos recibido de Dios debe motivarnos a vivir conscientes de su presencia, aprovechando bien el tiempo para honra de Él. “Tenemos el Espíritu Santo que nos redarguye y pone el querer como el hacer en nuestros corazones por su buena voluntad para depender día a día de nuestro Señor (Fil 2:3)” (p. 110). Tenemos esperanza, podemos disfrutar a Dios y vivir Coram Deo, por su gracia.

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